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'Cómo desaparecer completamente' la mirada más realista de Mariana Enríquez, la reina del terror

Una novela cercana a lo que la propia autora define como un “realismo sucio” que se aleja por completo de los parámetros del terror que la han hecho célebre

Imagen de Mariana EnriquezAnagrama

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La publicación de una novela de Mariana Enriquez es siempre un acontecimiento para la pequeña legión de fans de la escritora argentina. Tanto sus trabajos anteriores en formato novela –“Nuestra parte de noche”- o bien en formato cuento –“Un lugar soleado para gente sombría”-, la han convertido en la maestra indiscutible del terror literario contemporáneo. Sin embargo, “Cómo desaparecer completamente”, publicada por primera vez en 2004, puede descolocar un poco a sus acólitos. Se trata de una novela cercana a lo que la propia autora define como un “realismo sucio” que se aleja por completo de los parámetros del terror que la han hecho célebre. Tanto en el estilo, donde es protagonista el argot popular, como en la mirada observacional, que nos retrata lo que podrían ser los bajos fondos juveniles de una ciudad porteña, encontramos dos aspectos clave de la obra que, a priori, no forman parte del imaginario Enriquez que tenemos en la cabeza. Pero no solo la energía y las inquietudes de juventud de la escritora se manifiestan sino también el contexto de aquel momento. La novela está escrita al calor de la post-crisis económica de 2001 que causó un verdadero terremoto social en Argentina. Es por ello que a lo largo de la novela asistimos a múltiples pasajes que destilan una oscuridad y un pesimismo perennes que nacen de vivir aquellos malos y precarios tiempos a flor de piel.

“Cómo desaparecer completamente” tiene como protagonista a un joven de dieciséis años, Matías Kovac, que vive en un entorno familiar fragmentado y empobrecido. Con un padre que abusó múltiples veces de él, una madre que perdió la razón y una hermana de rostro desfigurado después de un intento de suicidio, la única vía de escape del protagonista son los cuadernos que le dejó su hermano mayor (Cristian), supuestamente, emigrado de forma misteriosa e inesperada a Barcelona. Es precisamente la figura del hermano el elemento más fantasmagórico que tiene la novela en tanto que su ausencia física se manifiesta continuamente en el día a día cochambroso de Matías. Sus escritos, frases, citas, pensamientos, letras de canciones gobiernan poco a poco el inconsciente de su hermano menor quien se revela incapaz de soportar tanto los abusos vividos como el miedo a hacerlos públicos. Así, por ejemplo, la escena de la clásica fiesta universitaria en casa de alguien que termina con sexo en una habitación se convierte en una verdadera pesadilla y tormento para Matías, gobernado continuamente por la humillación de haber sido violado por el padre. De ahí la crudeza y la dureza de la historia que narra Enriquez: el infierno político-social que se vive en el exterior tiene su traslación en el interior del protagonista. Su imposibilidad de integrarse en una comunidad –familiar o de amistad- lo llevan a buscar la manera de huir y desaparecer completamente. La oportunidad le llega a Matías cuando un antiguo amigo de su hermano le pide que le esconda temporalmente un pequeño alijo de droga. La desesperación y la angustia de Matías son expresión del horror al que la pobreza y la marginación arrastran a muchos. En definitiva, el terror de lo real.