Galardones
El Pin i Soler de Tarragona apuesta por la literatura
En medio de la controversia sobre los premios, el tarraconense se consolida como uno de los más prestigiosos
La imagen explica por sí sola la decisión del jurado del 35 Premi Pin i Soler.
Este jueves 15 de enero es el último día para entregar los manuscritos de la nueva edición de los Premis Literaris Ciutat de Tarragona compuestos por el de traducción Vidal Alcover, el de narrativa breve Tinet y el Premi Ciutat de Tarragona de novel·la Pin i Soler. Este último es, justamente, el que nos ocupa hoy, un galardón que ha quedado desierto en dos ocasiones en los tres últimos años, la de 2023 y la última, la de 2025.
El dato no es baladí, teniendo en cuenta la polémica suscitada por algunos de los últimos galardones otorgados a nivel nacional, públicos y privados, acusados de primar la cara conocida de los medios de comunicación a la prosa y belleza de la obra. ¿Se debe premiar lo mejor de entre lo que llegue o realmente valorar un manuscrito excelente? El debate está servido.
El Premi Pin i Soler en lengua catalana está dotado con 21.000 euros, impuestos incluidos. Angle es la editorial que publica la novela y el jurado de la presente edición es el mismo que el de la última: los escritores Xavier Aliaga; Mònica Batet, también editora; Lluís Anton Baulenas; Anna Ballbona y la crítica literaria Marina Porras. Está convocado y organizado por el Ayuntamiento de Tarragona, la Casa de les Lletres, Òmnium Cultural del Tarragonès y el Centre de Normalització Lingüística.
Diari de Tarragona ha podido hablar con los miembros del jurado, los cuales han respetado la confidencialidad a propósito de las obras y de sus deliberaciones. Por unanimidad, Baulenas, Aliaga, Batet, Ballbona y Porras coinciden en lo esencial. A saber, que dejarlo desierto cuando es estrictamente necesario beneficia al propio galardón y a la editorial, ambos «de prestigio», a los lectores y a la propia literatura, que es lo que se elogia.
«Todos tenemos muchas ganas de dar el premio. Nosotros, el Ayuntamiento y la editorial. Cuando no se otorga no es por un capricho, sino porque tras analizar las obras que te envían no hay ninguna que pueda ganar, en primer lugar, un premio tan importante y, en segundo, tan bien dotado económicamente». «No es que no quisiéramos premiar a nadie porque creo que todos los jurados, cuando se reúnen tras haber leído, lo que quieren es que haya un ganador. Pero consideramos, y fue una decisión mutua, que no se daban las circunstancias necesarias». «La posición de desierto siempre es delicada, tanto para el propio jurado como para la organización porque, normalmente, quien convoca tiene interés en que alguien salga premiado. Pero también, como jurado, tienes en cuenta qué tipo de premio estás trabajando y qué tipo de galardón quieres otorgar. Entonces, nosotros hace años que trabajamos para que cuando haya un vencedor del Pin i Soler sea de calidad, precisamente para dar valor al propio premio». Todas estas son reflexiones de miembros del jurado, de Xavier Aliaga, Mònica Batet y Marina Porras.
La excelencia
El Pin i Soler se creó con el propósito de rendir homenaje al prosista, traductor y dramaturgo tarraconense (1842-1927). Se remonta a 1984, convocado por Òmnium Cultural del Tarragonès, en el marco de la Nit Literària dels Països Catalans, que tuvo lugar en Altafulla. En aquella ocasión, se concedía a un relato y no conllevaba su publicación. Tras esta cita, nació oficialmente en 1991 y, desde entonces, se ha celebrado ininterrumpidamente hasta ahora. Una de las novedades que se estableció a partir de 1993 consistió en complementar su dotación económica con una pieza diseñada por el joyero Joan Blázquez, que recibió el nombre de Musa de Tarragona, en versiones de bronce y plata.
Algunos de los nombres que lo han obtenido son la recientemente fallecida Zoraida Burgos Matheu, por L’obsessió de les dunes (1993); Jordi Tiñena i Amorós, por Dies a la ciutat (1998); Gerard Guix por Tot el que hauries de saber abans d’estimar-me (2010); Carles Rebassa, por Eren ells (2016); Xavier Aliaga, actualmente miembro del jurado, por Les quatre vides de l’oncle Antoine (2017); Jaume C. Pons Alorda, por Ciutat de mal (2019) o Albert Pijuan por Tsunami (2020), quien lo recibió en pleno confinamiento por la Covid.
De igual manera, el jurado incide en que «desierto» no es sinónimo de una mala obra, sino de manuscritos que no alcanzan el nivel de excelencia requerido. Para Mònica Batet «una novela tiene que tener dos puntos fuertes. Uno es el estilo, el tono, y el otro, la historia que explicas. Quizás en la edición pasada había alguna obra que tenía una voz propia, pero a la que le faltaba la historia, y al revés. Quizás había buenas historias, pero les faltaba el tono. El Pin i Soler es un premio muy bien dotado, publicado por una buena editorial. Entonces, la obra ganadora debe estar acorde con esto. Por el bien del premio y de la literatura es necesario dejar premios desiertos, si se quiere mantener un nivel alto. Creo que es mejor no premiar a premiar por premiar». Batet, escritora ella misma y editora de Nits Blanques, considera que «escribir una buena novela no es cosa fácil. Necesitas muchas horas de escritura y de revisión».
Anna Ballbona apunta que «pasa en todos los premios, en los que hay cosas que potencialmente pueden ser interesantes y pueden acabar siendo buenos libros, pero seguramente se tienen que trabajar más, se tienen que redondear. No quiere decir que no valgan nada. Si queda desierto, se tiene que entender que es por el bien del premio, en positivo». Para Lluís Anton Baulenas, «las razones son diversas». En la misma línea, el escritor y traductor considera que «un premio es muy delicado. Hay ocasiones en las que las ideas son buenas, pero las realizaciones no tanto. Y otras, es mitad y mitad. Es decir, que tanto unas como otras son bastante buenas. Puede haber propuestas bien concebidas, pero mal acabadas. A veces esto hace que puedas dar un premio y otras, que realmente sea arriesgado. Decidimos que era mejor no darlo».
Como en la mayoría de galardones de esta índole, en el Pin i Soler las obras presentadas pasan primero por una fase de lectura previa antes de llegar al jurado final. La función de estos lectores profesionales es llevar a cabo una primera criba, una selección inicial, de manera que solo un número limitado de novelas pasan a la deliberación del jurado, que en el último año fueron una veintena de las 165 originales. «Hay un criterio previo de los lectores profesionales, que tienen una gran responsabilidad. Nosotros no sabemos quién se presenta», explica Baulenas.
Valiente
Entre las características del galardón, además de prestigioso, es el carácter rompedor de algunas de las obras ganadoras. Es el caso, por ejemplo de Tsunami, del calafellense Albert Pijuan, sobre todo por su estilo narrativo y su ambición literaria. Una novela con frases muy largas que refuerzan la sensación de oleada continua y frenética, integrando incluso los diálogos sin puntos habituales. El propio autor ha explicado que este patrón surge de su impulso creativo y funciona como una metáfora del tsunami que da nombre a la obra. Anna Ballbona resalta precisamente el hecho de que el jurado –del que forma parte desde hace un año– ha tenido la valentía de premiar novelas «bastante diferentes, rompedoras, así como la virtud de escoger historias con pseudónimo. El Tsunami es muy buen ejemplo».
Es remarcable también que si bien en algunos galardones forma parte del jurado algún miembro de la editorial que después publica la novela, no es así en el Pin i Soler, en el que ninguna persona de Angle está presente, lo que garantiza más, si cabe, su independencia.
En cualquier caso, el mensaje del jurado no es elitista, sino todo lo contrario, el de intentar encontrar una solidez en los manuscritos presentados. «No todo vale».
El veredicto de la nueva edición, la 36, se hará público durante la Nit dels Premis, una gala literaria que tendrá lugar el 6 de junio, como es habitual, en el Teatre Tarragona.
Polémica con proa
Jaume Cabré y ‘Les veus del Pamano’
En 2003 saltó la polémica cuando el Pin i Soler fue declarado desierto al comprobarse que el libro ganador, Les veus del Pamano de Jaume Cabré, ya había sido publicitado, cuando una condición sine qua non para poder presentarse es que la obra no esté en proceso de edición ni con derechos de edición comprometidos antes de la concesión oficial. La organización consideró que la editorial que debía publicar la novela se había saltado las bases del certamen. Por su parte, la editorial, Proa, defendió que la publicidad del libro, aparecida en Sàpiens, salió por un error de «descoordinación» entre el departamento de marketing y la revista. A partir de aquel año, Columna pasó a editar el premio hasta 2015, cuando Angle publicó Sense fi, de Salvador Company. En medio de la controversia, Jaume Cabré, uno de los grandes nombres de la literatura catalana con Les veus del Pamano, una de sus obras más importantes. El autor, como aseguró al Diari, quiso mantenerse al margen.