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La crónica del derbi entre Calafell y Reus: Tablas en un derbi taquicardico (3-3)

El Calafell se adelantó 3-0, pero el Reus remontó en una segunda parte frenética hasta sellar un empate histórico

Oruste intenta superar a Martí Serra en el derbi.ANGEL ULLATE

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Calafell y Reus firmaron un derbi majestuoso, de emociones cambiantes, goles cruzados y orgullo compartido. Un duelo de alta temperatura que terminó 3-3 y con el caos reinando en el Joan Ortoll.

No se habían cumplido ni cinco minutos cuando el delirio irrumpió en el feudo calafellense. El partido se rompió en un abrir y cerrar de ojos. Julià amenazó con un disparo lejano, pero Serra paró y desató una rápida transición de los de Guillem Cabestany. La bola le llegó a Aleix Marimón, que con personalidad y convicción se sacó un misil que salió disparado de su stick y superó a Càndid Ballart, que nada pudo hacer ante semejante obús. El Calafell golpeaba primero en un derbi que todavía tenía muchos episodios por delante.

Un 3-0 para empezar

El Reus no se alteró y trabajó en busca del empate, consciente de que quedaba mucho. Sin embargo, el Calafell ofreció entereza y músculo, demostrando que es un equipo cada vez más sólido. En otro ataque vertiginoso, Folguera detectó la grieta en el costado diestro y, tras dejar a todos atrás, metió un pase peligroso a la boca del lobo. Allí estaba Biel Pujades, que más atento que nadie ponía el 2-0 en el marcador con solo ocho minutos para el descanso.

Solo dos minutos después, el derbi volvió a enloquecerse. Otra vez la moneda cayó del lado calafellense. Oruste había estrellado una pelota en el palo tras un robo unos instantes antes, cuando Biel Pujades, todavía con el susto en el cuerpo, decidió soltar otro envío de larga distancia que volvió a salir teledirigido. Ballart, otra vez, no pudo hacer nada y el 3-0 ya era un resultado muy atractivo para unos y peligroso para otros. Folguera, en la última antes del entretiempo, pudo poner el 4-0, pero Ballart sacó el flotador para rescatar a un Reus al que le llegaba el descanso en el momento oportuno. Los de Jordi García estaban siendo claramente superados por un rival que iba con una marcha más.

Un milagro rojinegro

Si algo caracteriza los derbis es que son partidos sin desenlaces cantados. El Reus necesitaba un gol rápido en el segundo tiempo para creer en el milagro. Y llegó. Joan Salvat aprovechó un penalti.

El capitán ejecutó con frialdad y engañó a Serra, que no pudo evitar que el derbi entrase de nuevo en un terreno de mayor incertidumbre.

En otra de esas acciones de ida y vuelta, esta vez fue el Reus el que sonrió. Domènech tuvo el 4-1 ante Ballart, pero el meta rojinegro paró y la contra se fabricó. Julià la condujo, Martí Casas recibió la bola y detectó a Jansà solo en el segundo palo. Su pase diagonal fue perfecto y la perla rojinegra colocó el derbi en la taquicardia (3-2).

Los Casas firmaban la remontada

Al Calafell le entró el miedo con el gol y el Reus olió la sangre. Tras unos minutos de ida y vuelta, volvieron a aparecer los Casas. Esta vez fue Carles el que conectó con Martí, que remató dos veces en el segundo palo. En la primera paró Serra, pero en la segunda no falló. El Reus había empatado el derbi en apenas diez minutos. La segunda mitad era un manicomio, con el reloj todavía marcando un cuarto de hora por delante.

Con el 3-3, fue el Calafell el que amenazó con dos ocasiones clarísimas en las que Càndid Ballart estuvo decisivo. Primero le sacó una manopla brutal a Jepi Selva y luego despejó con la máscara un uno contra uno de Domènech.

El derbi ya no tenía posible cosido y daba la sensación de que ninguno pensaba en el empate como posible final. Pero el destino quiso que así fuera, en uno de los mejores derbis de siempre.