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El día que el Reus FCR perdió su esencia; mala imagen y peor resultado

El equipo renunció a su personalidad ante el Castellón y las consecuencias resultaron devastadoras

Kenneth Soler se lamenta de una acción ante el Castellón B.Andrés Romero

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Es curioso lo del ser humano, se cansa incluso de hacer las cosas bien, las tentaciones terminan por despistarle, por llevarle por el camino incorrecto. Le seduce lo prohibido.

En los equipos de fútbol, como en la vida, surgen a menudo deslices de conducta. En el tránsito de una temporada de 10 meses, los jugadores se aburren incluso de la fórmula que les ha llevado al éxito. Se la pegan fuerte, porque apostar por otra receta no les suele funcionar. Al Reus le pasó ante el Castellón B, quiso ser una cosa que no es, renunció a su esencia, y le llovieron hostias como panes. Las consecuencias, devastadoras: horrible imagen, peor resultado y muchas sospechas. En las redes ardieron las primeras críticas del curso. Que si desconexión mental, que si la preparación física, que no se qué... Ya se sabe, los hinchas se agarran a cualquier coartada para justificar la mala tarde que les dieron sus chicos. El negocio del fútbol no entiende de término medio. O eres un coloso o eres un vampiro.

Tranquiliza la contundente aparición de Marc Carrasco en rueda de prensa. No buscó excusas, ni siquiera en la quisquillosa actuación del colegiado. No era día para señalar fuera, el desafío pasa por volver a construir dentro. Y todo desde un prisma de realidad. Quizás estábamos equivocados, quizás los resultados del equipo, hasta ahora, hay que valorarlos desde la perspectiva de un premio irreal. No hay que olvidar nunca de dónde viene el Reus.

A los rojinegros se les cayó el partido desde el descontrol, inhabitual en ellos. Aun así, lograron tomar ventaja en dos ocasiones, pero la rebeldía mal entendida les castigó. Jamás dio la impresión de que sujetaran los tiempos del juego, el rival les quitó la pelota y definió el resultado cuando más daño hace, en el ocaso de una tarde de temporal duro, tanto en lo ambiental como en lo deportivo.

La renuncia más preocupante del equipo se arropa en la falta de firmeza para solventar una mala actuación. No gestionó bien el 2-1, cuando en el último año y medio había ejercido la maestría para cerrar sus compromisos, incluso en los que había faltado brillantez. Se dejó llevar por las imprecisiones y una deficiencia de atención defensiva preocupante. Cuando ya se había quemado, en lugar de juntar tres pases, decidió acudir al juego directo sin ningún tipo de criterio. Otro mal hasta ahora no conocido. La traición a tu propia personalidad cuesta facturas carísimas. Se paga a precio de oro. Lo aprovechó el Castellón B que le mandó un mensaje claro al Reus; el día que baja un pellizco el nivel, puede perder con cualquiera.

Todo aquel que haya elevado los pies del suelo más de la cuenta vuelve a la tierra con derrotas como ésta. Quizás es lo positivo del asunto. El halago suele debilitar mucho, se crece desde un fracaso, porque te avisa, te pone en alerta. En ese escenario, el Reus necesita recuperar la versión que le ha catalogado, su pose fetén. Resultaría un ejercicio de humildad interesante, una decisión inteligente. Y dejaría en anécdota el desliz de un domingo frío de enero.