Virginia Torrecilla y la pureza del fútbol femenino

La centrocampista del Atlético, que volvió a jugar tras superar un tumor cerebral, fue manteada por sus rivales del Barça tras la final de la Supercopa

| Actualizado a 25 enero 2022
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En tiempos en los que el deporte parece haberse convertido en una cuestión casi mercantil, los símbolos emocionales son más importantes que nunca. Como si de la inocencia del juego por el juego se tratase, el pasado domingo el fútbol femenino español fue capaz de recuperar esa faceta que parece perdida en tiempos de traspasos multimillonarios, redes sociales y perfiles tan alejados del común de los mortales. Por un momento afloraron el corazón y el sentimiento por encima de los números.

Virginia Torrecilla (Cala Millor, Mallorca, 1994) es una jugadora de gran trayectoria, que ha pasado por los clubes más grandes, lo ha ganado todo y ha disputado con España las competiciones de selecciones más importantes. Sin embargo, el pasado domingo y a pesar de la contundente derrota de su Atlético ante el Barça en la final de la Supercopa de España, conquistó el trofeo más importante, el del reconocimiento.

Entró al terreno de juego en el minuto 85, ya con 6-0 en el marcador a favor del Barça, y portó el brazalete de capitana que le cedió Amanda Sampedro. Fue ovacionada por el público y tras el pitido final manteada y reconocida por sus rivales, algunas de ellas también compañeras en la selección. Volvió a sentirse plenamente futbolista. Habían transcurrido casi dos años desde la última vez que se vistió de corto para competir. 683 días en los que pasó del desconcierto propio del diagnóstico de un tumor cerebral, el 22 de mayo de 2020, a la operación y el complicado día a día que supone el tratamiento de la enfermedad, que concluyó felizmente el 5 de marzo de 2021. El juego quedó a un lado durante tantas y tantas semanas, pero la vida siguió para una joven de 25 años de la que nunca se olvidaron en el fútbol femenino español.

«El fútbol me ha dado vida. Mi club y mis compañeras han estado ahí junto a mi familia», reconocía hace unos meses, poco después de su regreso a los entrenamientos el 24 de marzo. Todavía quedaba un largo camino de regreso a la competición y entonces fue recibida entre la calidez de los aplausos de sus compañeras, visiblemente emocionadas por trabajar de nuevo cada día junto a Vir, su nombre de guerra en el vestuario. Ahora, ya con unos cuantos kilos más y una forma física cercana a la que tenía antes de la enfermedad, el reconocimiento ha llegado del bando contrario, ese cuyos colores también defendió entre 2012 y 2015, antes de emprender la aventura en el fútbol francés en el Montpellier, entre 2015 y 2019, cuando regresó a España a través del Atlético. «Ha sido muy especial, algo que no olvidaré nunca independientemente del resultado. Me he sentido querida, son unas verdaderas cracks», añadió, entre lágrimas después de recordar también el apoyo de sus padres, pilares en una complicada etapa.

La mejor celebración

«Después de casi dos años de tratamiento, radio, quimio y enfermedad, estoy aquí y esto es lo más importante de todo», puso en perspectiva la ‘14’ rojiblanca, todavía entre los ecos del emocionante momento que se acababa de vivir en el campo principal de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Cuando de lo que se trata es la vida poco importa lo de ganar o perder. Al final, lo realmente trascendental es jugar de nuevo, como se empezó a hacer en la infancia. Eso lo sabía bien la centrocampista colchonera, pero también las jugadoras de este galáctico Barça que asombra al mundo por su juego.

El conjunto azulgrana había conquistado con autoridad el único título que se le escapó en la mágica campaña 2020-21, la del triplete Champions-Liga-Copa. Era el momento de la fiesta, de la serpentina y el brillo del trofeo, del orgullo del éxito. Habían derrotado precisamente a ese Atlético que impidió el pleno el pasado curso en este mismo torneo, pero aparcaron la celebración propia para ser partícipes de una alegría mucho mayor y más profunda, la del retorno más esperado. Virginia Torrecilla está de vuelta y la pureza del deporte también.

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