Economía

Comercio

Eva Ballesté

Presidenta del Consejo Asesor de la Escuela de Inteligencia Económica de la UAM y Miembro Asesor del Club de Exportadores e inversores de España

Sobre geopolítica y competencia estratégica

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El comercio internacional ha sido históricamente uno de los principales motores de la prosperidad económica global. Desde mediados del siglo XX, su expansión ha impulsado un crecimiento sin precedentes tanto en economías desarrolladas como en países en desarrollo y emergentes. Este proceso se sustentó en la globalización, en la consolidación de reglas multilaterales ampliamente aceptadas y en políticas de apertura comercial y de inversión.

El comercio internacional ha pasado a desempeñar un papel central como factor de
tensión geopolítica y de
competencia estratégica entre Estados

No obstante, en la última década estos fundamentos se han visto progresivamente debilitados. La crisis financiera de 2008, la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, la pandemia de la COVID-19, los conflictos geopolíticos recientes y el resurgimiento de políticas proteccionistas han incrementado la fragmentación del sistema económico internacional. Como consecuencia, el comercio internacional ha pasado a desempeñar un papel central como factor de tensión geopolítica y de competencia estratégica entre Estados.

El ascenso de economías emergentes como China, India y Brasil, unido al debilitamiento del multilateralismo, está reconfigurando el equilibrio del poder económico global. Su elevada especialización productiva y su integración en las cadenas de valor globales han intensificado la competencia internacional, aumentando la dependencia mutua entre economías y elevando los riesgos sistémicos ante posibles disrupciones.

Para España, este contexto plantea la necesidad de reforzar la competitividad internacional de su tejido empresarial. Resulta prioritario impulsar políticas que favorezcan el aumento de la dimensión empresarial, el acceso a financiación y la generación de capacidades estratégicas para competir en mercados internacionales cada vez más complejos. La promoción de alianzas estratégicas, agrupaciones empresariales y cooperación tecnológica internacional constituye un instrumento clave para mejorar la capacidad innovadora y el posicionamiento de los productos y servicios españoles en las cadenas globales de valor.

España dispone de activos relevantes en términos de bienes y servicios de alto valor añadido que deben ser estratégicamente posicionados para consolidar una reputación-país sólida y reconocible. Este posicionamiento facilitaría la atracción de inversión extranjera directa de calidad, el apoyo a la inversión directa española en el exterior y la defensa de los intereses estratégicos nacionales.

Paralelamente, resulta imprescindible invertir de forma sostenida en la formación de capital humano especializado en internacionalización, inteligencia económica, competitiva y geopolítica, así como desarrollar políticas eficaces de atracción y retención de talento. La creciente tendencia hacia la relocalización de procesos productivos, motivada por la necesidad de reducir riesgos, avanzar en la descarbonización y mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro, refuerza la importancia de estas políticas.

En un entorno internacional caracterizado por una elevada incertidumbre, fronteras económicas cada vez más difusas y una competencia intensificada, las empresas requieren mayor flexibilidad estratégica y acceso a información fiable y cualificada. En este contexto, la Administración pública, la Universidad y la empresa privada, deben trabajar conjuntamente generando inteligencia económica para poder incrementar el conocimiento que permite tomar decisiones informadas encaminadas a fortalecer la capacidad de adaptación y competitividad internacional de nuestras empresas.