Medioambiente
La anguila (y la angula) podrían declararse en peligro de extinción
Después de dos décadas de advertencias sobre el peligro crítico de extinción de la anguila europea, el Gobierno se plantea declararla en "peligro de extinción"
Angulas en un mercado de Bilbao, a 1.200 euros el kilo, en una imagen de archivo
- ¿Cuánto gasto yo a la semana [en angulas]?— preguntó el chef.
- Cinco o seis kilos— respondió el proveedor.
La escena se emitió en 2025 en el documental de David Muñoz y no tardó en incendiar las redes sociales. No tanto por el tono del intercambio, sino por lo que revelaba sin decirlo: la normalización del consumo intensivo de un animal cuya supervivencia lleva décadas pendiendo de un hilo. La anguila europea. Biólogos marinos y expertos en conservación reaccionaron con indignación. Llevaban años advirtiéndolo: la situación de este pez y su cría (la angula) es crítica.
Durante décadas, las angulas fueron un alimento humilde, utilizado incluso como pienso para el ganado o como recurso para combatir el hambre en los hogares más pobres. A partir de la segunda mitad del siglo XX dejaron de ser comida de subsistencia para convertirse en un producto de lujo, impulsado por la alta cocina. Hoy su precio puede superar los 1.200 euros el kilo, un valor inflado no solo por su prestigio gastronómico, sino por el colapso de la anguila europea —Anguilla anguilla—, cuya población se ha desplomado por la pesca intensiva, la contaminación, el cambio climático y las barreras artificiales que bloquean sus rutas migratorias.
Su captura, además, es compleja y artesanal, con temporadas cortas y estrictamente reguladas. Aun así, los estudios científicos confirman un declive continuado superior al 80% desde finales de los años setenta, lo que ha llevado a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) a catalogar la especie como en peligro crítico de extinción y a que los expertos internacionales recomienden desde hace años una política de capturas cercanas a cero.
Pese a ello, la anguila europea continúa presente en restaurantes, celebraciones y cartas exclusivas, convertida en un símbolo de lujo gastronómico mientras su ciclo vital se rompe en ríos fragmentados, aguas contaminadas y mares cada vez más hostiles. Para los expertos, el problema no es solo ecológico, sino también cultural: se ha asumido que siempre habrá angulas disponibles para quien pueda pagarlas.
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Con tod, según se ha informado este viernes, el Gobierno propondrá a las comunidades autónomas declarar a la anguila como un animal en peligro de extinción. Un paso que abriría la puerta a restricciones mucho más severas sobre su pesca, comercialización y consumo. La iniciativa llega tras décadas de advertencias científicas ignoradas y en un contexto en el que la presión sobre la especie sigue siendo elevada.
El Miteco (Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico) propondrá formalmente el día 17 a las comunidades autónomas, en el Comité de Flora y Fauna, su declaración como especie "En peligro de extinción", con el objetivo de garantizar su recuperación y frenar su declive, según insiste el Ministerio en un comunicado.
Desde el Ministerio se subraya que "esta iniciativa se apoya en criterios científicos sólidos, en recomendaciones de organismos internacionales y en los compromisos de España en materia de conservación de la biodiversidad, así como en la lucha contra el tráfico ilegal de especies.
Ejemplar de una anguila en el Riu Francolí
La propuesta del Ejecutivo busca ahora forzar un cambio de paradigma, pero llega tarde, según denuncian organizaciones ecologistas. Muchas comunidades han sido reticentes a endurecer las normas por el peso económico y social de la pesca de la angula en determinadas zonas. Declarar a la especie en peligro de extinción supondría, en la práctica, admitir que las medidas actuales han fracasado.
Al parecer, la escena mostrada en el documental se quedará en un caso aislado. Desde la sede del Miteco aseguran que "el sector gastronómico está comprometido" y que puede "contribuir de manera decisiva a un cambio de hábitos de consumo compatible con la conservación del patrimonio natural". Sin embargo, hace dos años la organización ya lanzó un llamamiento que, en su momento, fue ignorado por los restaurantes.