Los tarraconenses del Gulag

Tres pilotos de Reus, La Figuera y Tortosa, dos exiliados republicanos y un desertor de la División azul (los tres de Tarragona) fueron recluidos en los campos de trabajo soviéticos

Anteayer se cumplieron 70 años de la liberación del campo de concentración nazi de Buchenwald y pasado mañana ‘cumplirá’ el mismo aniversario el de Bergen-Belsen. En ellos estuvieron internados cientos de tarraconenses. Pero el sufrimiento también vino de manos de la URSS.

De los 305 presos republicanos en los campos de trabajo de la Unión Soviética –conocidos como Gulag (las siglas en ruso de Dirección General de Campos)– al menos seis fueron tarraconenses. En el Gulag también sufrieron condena 450 soldados de la División Azul que habían sido capturados por el ejército de Stalin.

A punto de cumplirse 70 años del final de la II Guerra Mundial, un reciente reportaje de La 1 –‘Los olvidados de Karaganda’– y un libro a punto de editarse, Cartas sin sobre desde Kengir, de la historiadora y profesora de la Autònoma de Barcelona, LuizaIordache, han rescatado la odisea de los españoles en el Gulag.

Cartas sin sobre desde Kengir narra la historia de Julián Fuster (ver págs. 3 y 4), un médico de ascendencia tarraconense que actuó como un héroe en la sublevación de un Gulag y al que los escritores Aleksandr Solzhenitsyn y Anne Applebaum citan respectivamente en Archipiélago Gulag y Gulag: Una historia.

 

Los prisioneros

Los compañeros tarraconenses de infortunio de Fuster fueron Josep Gironés Llop (Reus), Felip Pedreny Vidal (La Figuera), Joan Bellobí Roig (Tortosa), José Cabestany Carré (Tarragona) y Ventura González Fernández (Tarragona). Gironés, Pedreny y Bellobí eran pilotos. González perteneció a la División Azul.

De los 305 prisioneros republicanos en el Gulag, 76 eran marinos, pilotos, maestros de los ‘niños de la guerra’ y republicanos procedentes del Berlín liberado por el Ejército rojo (el caso de Cabestany) internados en el Gulag. Además otros 35 fueron presos políticos: exiliados (como Julián Fuster), marinos, pilotos... Y hubo 194 ‘niños de la guerra’ a los que se acusó de ser «delincuentes comunes». Según explica Iordache, en muchos casos «su delito» fue simplemente «haber robado comida para sobrevivir y ayudar al prójimo en los tiempos lúgubres de la ‘Gran Guerra Patria’ y de la postguerra».

Los pilotos formaban parte de un contingente que había enviado la II República a formarse a la Unión Soviética y al que el final de la Guerra Civil les sorprendió antes de que pudieran completar su preparación. Los marinos eran la tripulación de los buques españoles –entre ellos el Ciudad de Tarragona– que en abril de 1939 estaban fondeados en puertos soviéticos y que la URSSincautó.

El ‘problema’ se produjo cuando algunos de esos pilotos y marinos quisieron abandonar la URSS, pero no volver a España. Las autoridades soviéticas y la dirección del Partido Comunista español querían que permaneciesen en la URSS. La primera represalia fue la detención de seis marinos en Odessa (a orillas del Mar Negro) y de ocho pilotos –entre ellos Gironés– en Mónino (una localidad a 23 kilómetros de Moscú). A éstos se les acusó de «espías». Era enero de 1940.

 

Tres oleadas de detenciones

Las detenciones masivas vinieron más adelante en tres oleadas: entre 1941 y 1942 (justo después de la invasión alemana de la URSS), de 1942 a 1945 (durante el resto de la II Guerra Mundial) y de 1947 a 1948 cuando los españoles intentaron dejar la URSS con casos rocambolescos como el de José Tuñón y Pedro Cepeda, que se escondieron en los baúles de dos diplomáticos de la embajada argentina en Moscú. Fueron descubiertos. A Fuster –que no sabía nada del intento de fuga– se le acusó de complicidad porque trabajaba en la legación.

Las detenciones y su posterior internamiento en el Gulag fueron muy duros. Como apuntó en una entrevista Iordache –también autora del libro En el Gulag. Españoles Republicanos en los campos de concentración de Stalin– «al igual que los soviéticos y otros extranjeros, (los españoles) recibieron pavorosas torturas en las cárceles. Después vino el trabajo forzado en remotas zonas siberianas, el hambre, el frío, las enfermedades, la sombra de la incertidumbre, de la muerte. Pero el sistema concentracionario soviético fue más que tortura. Fue una negación en su forma más horrenda de lo humano». Llegó a haber 476 complejos de campos dentro del Gulag.

El sufrimiento de los republicanos en la URSS era desconocido entre los exiliados en Francia y América. Hasta que en 1946 llegó a París Francisque Bornet, que había estado preso en el Gulag y que desveló que en Kazajistán estaban recluidos casi un centenar de republicanos.

La Federación Española de Deportados e Internados Políticos, controlada por los anarquistas, emprendió una campaña para liberarlos, con el apoyo de socialistas y republicanos. Pero el PCE, que temía la ‘mala propaganda’ que podían hacer los republicanos presos, se opuso y los llegó a calificar de «espías franquistas» y «falangistas disfrazados».

La muerte de Stalin en 1953 supuso el principio del fin del Gulag. Ya no era «rentable». Los españoles presos (republicanos y divisionarios) fueron liberados progresivamente. Los primeros volvieron en el Semíramis, un buque que arribó a Barcelona el 2 de abril de 1954. No iba ninguno de los tarraconenses presos. Los que regresaron lo hicieron años más tarde.

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