Derecho de admisión

Imagino que todos tenemos claro el significado de ‘Derecho de admisión’, que consiste en la limitación o reserva de acceso o permanencia en un establecimiento público, espectáculo o actividad recreativa que puede ejercer el dueño del lugar o el encargado del evento hacia alguna persona.

Y yo me pregunto, ¿y si cada uno decretáramos el derecho de admisión en lo que respecta a nuestros pensamientos? Porque si sabemos que lo que pensamos nos lleva a una emoción determinada, que es la que luego condiciona nuestros actos... ¿No sería mejor detener a un estilo de pensamiento y decir, lo siento, pero en mi cabeza no puedes entrar?

¿Te has sentido mal alguna vez por pensar en algo que nunca jamás ha llegado a ocurrir? Porque una cosa es ser realista respecto a algún aspecto, y plantearte cómo podría ser y qué harías tú si ocurriera, y otra muy diferente es cuando los pensamientos se enredan, de manera oscura, de esa que a veces hace que te duela la tripa, o que te vaya más rápido el corazón...

Nos dicen que es tan importante pensar en el ahora, y centrarnos en el presente, sin dejarnos llevar ni quedarnos anclados en el pasado, pero tampoco viviendo en un futuro que aún está por venir. No es una tarea fácil, aunque si la practicáramos a menudo notaríamos un cambio importantísimo en nuestras vidas.

En una ocasión, en clase, les pedí que cogieran cinco lápices o rotuladores de colores. Debían ponerlos en un lado de la mesa, y para practicar la respiración lo que hacíamos era que cogíamos con una mano un lapicero y al inspirar pensábamos en algo de ese color, y al cambiarlo de mano, expirábamos y lo dejábamos en el otro lado de la mesa. Al acabar, les pregunté cómo había ido, y cómo se habían sentido...

Una niña me dijo «yo con el color rosa me he sentido mal y bien». Su explicación fue sencilla y perfecta para mí. Explicó a la clase que primero, al coger el color rosa, pensó en un vestido que tenía su abuela, y como su abuela había fallecido, ella se había sentido triste. Entonces volvió a hacer la respiración con el color rosa, y pensó en un peluche que tenía de pequeña, y entonces se sintió contenta.

Está claro que el pasado forma parte de nosotros, y que las experiencias que hemos vivido pueden condicionar nuestro presente. Pero también está claro que nos condicionarán más o menos, según como tengamos establecido el derecho de admisión respecto a nuestros pensamientos. Pensamos, sentimos y actuamos. Por suerte cada vez más la resolución de conflictos se centra en saber qué pensaba esa persona, y cómo se sentía, para realizar la conducta que sea.

Imagina tener en el cerebro una puerta, de esas automáticas que detectan los pensamientos, y que al llegar uno positivo, el sistema lo reconoce y abre la puerta para dejarlo pasar, pero en el momento que detecta un pensamiento negativo, empieza a sonar la alarma, la puerta se bloquea y no lo deja entrar. Sabemos que esa puerta automática no existe, pero sí tenemos la capacidad de poder parar los pensamientos, o de cambiarlos. Es cuestión de practicar... con frecuencia.

Porque está claro que los pensamientos vienen, a veces sin que los quieras, pero que se queden más o menos rato eso ya depende de ti. A veces nos recreamos en los pensamientos negativos, igual que el niño que no quiere salir de la bañera. Si alguna vez con tus pensamientos vienen dolores de barriga, de cabeza, palpitaciones..., piensa que es la puerta de tu cerebro que te está diciendo... Por favor, acuérdate del Derecho de admisión.

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