Ruido de fondo, elecciones cerca

Nos están llenando la cabeza de ruidos, porque no otra cosa son los continuos chismorreos políticos. Del manido «dame una cosa a mí, yo te daré otra cosa a ti», se ha pasado al «anda, que tú...» o «tú más...».

Alguien dijo que las latas vacías hacen más ruido que las llenas, lo mismo que ocurre con los cerebros. Pero, claro, acostumbrados como les tenemos a que digan lo que quieran, con razón o pruebas, o no, pues así nos encontramos.

Porque las elecciones están ahí, a la vuelta del mes de mayo. Los/as políticos/as tienen que demostrar que han hecho algo, o están inaugurando algo, o están a punto de iniciar algo... que podían haber hecho hace cuatro u ocho años, pero se les olvidó en las carpetas o cajoncitos de sus despachos, o no había fondos porque... ay, a lo peor se habían empleado en otros ‘imprevistos’ o necesidades acuciantes.

Se dice que cuando las élites económicas señalan que para salvar a la economía hay que hacer sacrificios, lo que en realidad quieren decir es que –para salvar sus indecentes beneficios– necesitan TU sacrificio. Ellas no se sacrifican por nada, a veces, ni siquiera para marcar un número de teléfono.

Decía el filósofo catalán Emili LLedó que siempre que se habla, y con razón, de libertad de expresión, es obvio que hay que tener primero libertad de pensamiento. Exclamaba: ¿Qué me importa la libertad de expresión si no digo más que imbecilidades?... ¿Para qué quieres esa libertad si no sabes pensar, o no empleas un sentido crítico, o si no sabes ser libre intelectualmente? Como persona que dices y quieres ser libre, lector, piensa bien de aquí a mayo, si hay personajes o partidos que se merecen tu voto.

Porque el hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed y que habla sin tener nada que decir.

He visto y oído, con cierta tristeza, en Facebook, en estos días de vacaciones forzadas, unos discursos del califa rojo, Anguita, maestro de muchos y que dice verdades como puños, dejando a un lado la hojarasca comunista. O Rufián, que ha sabido mejorarse estéticamente, y no solo en la vestimenta, sino también en su oratoria en el Parlamento, llegando, en su habitual sarcasmo, a momentos verdaderamente felices.

Son personajes que me han sorprendido últimamente, ante la cantidad de bajezas, indirectas y medias verdades que otros, supuestamente profesionales de la política, vierten por doquier con motivo de las próximas elecciones.

Recuerdo un proverbio turco que dice que si un payaso se muda a un palacio no se convierte en rey; lo que ocurre es que el palacio se convierte en un circo.

Desconozco si tiene algo que ver con Erdogan y compañía, que también se las traen, en sus tejemanejes con Putin y con el sirio. ¿La Zarzuela?... Bien, gracias.

¿Exagero?... Lector, eche una mirada tranquila a su alrededor, sin odios ni prejuicios.

Es desolador el panorama, por su baja calidad política en señores/as que dicen ser profesionales y viven –muy bien– por ello. A algunos/as, salvo en TV y en su asiento, no les hemos visto nada. Solamente pulsan un botón, y a cobrar.

En fin, se nos dirá que no somos tolerantes, pero aquí traigo a otro escéptico, a Fiodor Dostoievski, que afirmaba que la tolerancia llegará a tal nivel que las personas inteligentes tendrán prohibido pensar, para que los imbéciles no se ofendan.

Utilicemos, amigo lector, lo que tenemos debajo del cabello. Las neuronas no están solamente para ser cubiertas con la gorra de tu equipo favorito.

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