¿El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sirve para algo?

Si hacemos historia conviene recordar que el CIS fue fundado por Manuel Fraga Iribarne, en plena época franquista, bajo el nombre de Instituto de Opinión Pública (IOP) y así siguió durante la Transición, cuando encargaba los sondeos a empresas cuyos resultados primarios eran entregados a los partidos políticos y no se podían publicar, lo cual constituía todo un privilegio, pues los datos quedaban ocultos a los ciudadanos y votantes, que tenían pleno derecho a conocerlos en su momento. Nadie entendía esto y para evitar las críticas, se cambio el nombre de IOP por el de Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y todo siguió igual. En aquella época fueron disueltas en todo el mundo las agencias «oficiosas» dedicadas, al igual que el CIS, a la opinión electoral.

No obstante lo anterior, el CIS permaneció y su andadura ha puesto de manifiesto que se cumplían, un gobierno tras otro, los temores de una institución al servicio del partido en el poder y que nombra a directores generales, no siempre funcionarios, sumisos al poder. Y así hasta llegar a la actualidad, cuyo uso de privilegio a favor del PSOE y el desacierto repetido de sus pronósticos electorales, le han llevado a la más grande desconfianza. Nos encontramos ante un CIS financiado con fondos públicos y que ha caído en un gran desacierto administrativo: la malversación y uso de bienes públicos al servicio de un partido. Se trata de un fraude demoscópico y de engaño a los ciudadanos. Este CIS plantea como verdad lo que es erróneo, como ha quedado sobradamente demostrado.

Hubo tiempos en que los medios publicaban todas las encuestas que les llegaban desde los partidos políticos y organizaciones sociales y muchas eran falsas o sesgadas, en opinión de Ginés Garrido Alart, ex presidente de la Asociación Española de Estudios de Opinión. Por todo ello, las sociedades internacionales de opinión pública lograron, a través de la Foundation for Information e International Press, que en adelante los medios publicarían solo encuestas electorales pagadas por ellos. Esto supuso un gran paso en seguridad sobre sondeos electorales. Con esta premisa, lo mismo podrían hacer hoy con las encuestas del CIS.

Como medida de indudable regeneración democrática y, sabiendo que lo ocurrido con el CIS, puede volver a suceder, lo conveniente sería eliminarlo como tal e integrarlo en su más cabal y pertinente lugar, por ejemplo, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y con la prohibición expresa de intervenir en áreas de sociología electoral. La opinión pública electoral es asunto muy serio para dejarlo en manos de los gobiernos de turno, cualquiera que sea su color.

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