El drama de comprarse un coche

Hoy día comprarnos un coche nos puede llegar a producir alguna que otra noche de insomnio. Junto a la tendencia al cambio de motorizaciones que se está produciendo al pasar de vehículos de combustión de gasolina o gasoil a vehículos con motor eléctrico, se une la crisis de la producción de chips y las consecuentes subidas de precio final del automóvil y la reducción de stocks en los concesionarios. Tiempos de espera de entre 6 y 9 meses son normales en el momento de decidirse a firmar la compra. Otro de los peligros que la nueva tecnología comporta afecta directamente a los posibles compradores de más edad, perdidos algunos de ellos en la terminología aparecida: electrolineras, hidrogeneras, pila de combustible, vehículos híbridos, frenada regenerativa, tipos de conectores eléctricos... Hace falta emular a nuestra juventud en colegios e institutos y hacer un verdadero trabajo de investigación (Treball de recerca) para intentar entender aquello por lo cual destinaremos parte de nuestro sueldo durante unos cuantos años.

Un apunte sobre química básica de lo que ocurre en el interior de dichos motores:

Gasolina: C8H18 + 12,5 O2  8 CO2 + 9 H2O + energía mecánica (motor de combustión).

Hidrógeno: 2 H2 + O2 2 H20 + energía eléctrica (pila de hidrógeno).

Las dos reacciones liberan energía para poder mover el auto (son exotérmicas), pero en la primera, los octanos (C8H18) o comúnmente llamada gasolina, libera CO2 en su proceso de combustión que nos contamina el trayecto. En el segundo caso el gas hidrógeno (H2) unido al 21% del oxígeno existente en el aire (O2) expulsa únicamente vapor de agua (H2O), por tanto cero contaminación.

Adquirir un coche con motor de combustión es una apuesta arriesgada. Sin duda siempre habrá gasolina y gasoil para alimentar nuestro vehículo. Pero tal como van las cosas habrá un momento en que dichos combustibles aumentarán aún más la carga de impuestos añadidos al precio con el fin de paliar de alguna forma la contaminación que provocarán. Otro problema que podremos tener hace referencia al acceso al centro de las grandes ciudades, cada vez más limitado desde las diferentes administraciones a vehículos contaminantes. En un margen de 5 a 10 años, hará falta plantearse su sustitución de nuevo.

Una vez decidimos apostar por la innovación hace falta optar por un abanico de posibilidades. El hidrógeno es el futuro, con motores eléctricos y expulsando únicamente vapor de agua por el tubo de escape, pero, con cinco hidrogeneras en todo el Estado y únicamente tres únicos modelos de importación a la venta en España, parece una solución ya no arriesgada, prácticamente imposible. Toca tener paciencia. Seguro que en cuanto proliferen los puntos de recarga de combustible (gas hidrógeno) en la demarcación será una opción ganadora.

Nos quedan los vehículos eléctricos puros y los vehículos con dos motorizaciones eléctrico y de combustión interna (híbridos). Realmente los primeros tienen un peso inferior, al tener una única motorización, y requieren menos mantenimiento. ¿Cuántas veces hemos hecho revisión de los motores eléctricos de la nevera, lavadora, lavavajillas o secador de cabello? Pues eso. El mantenimiento será mucho menor. Pero por contra la carga de las baterías requiere su tiempo y la autonomía en largas distancias es un tema a discutir. A día de hoy los automóviles híbridos nos permiten una combinación de soluciones, justamente al poder jugar con optar por motores eléctricos en distancias medias/cortas y el motor de combustión de gasolina a largas distancias. Dependiendo de las necesidades a que esté destinado el vehículo nos será más fácil decidir. Si es un segundo vehículo familiar para desplazar niños a colegios, compras en el supermercado o acudir al trabajo, la opción es clara. Por contra, vehículos familiares para desplazamientos largos o personas cuya actividad laboral exija cubrir largos trayectos entre grandes capitales, requerirán características opuestas a la primera. Cada familia, cada persona, deberá escoger su solución, y como dice la expresión popular, «para gustos los colores».

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