Recipientes para tesoros

Estamos en esa franja del calendario en la que para algunos acaban las vacaciones, otros las empiezan en breve, y depende del colectivo laboral, es posible que aún te queden un par de meses para poder hacer las tuyas... sea lo que sea, la segunda quincena de agosto, además de venir teñida este año de rojo fuerte por el calor y el fuego, viene siempre con la proximidad del nuevo inicio del curso escolar.

Este año llegará más pronto y con más interrogantes que nunca. Medidas tomadas con rapidez y a veces con la sensación de que sin pensar demasiado en todas las opciones posibles. Como si las propuestas sobre Educación se decidieran dentro de un bombo, como los cruces de la Champions.

Y tanto si estás en el bando de la docencia como en el de las familias, hay momentos en los que el sentimiento es de estar viviendo en un ‘reality’, al estilo Supervivientes, donde desde las instituciones te dejan una caña, una cuerda, y apáñatelas como puedas.

Ya en junio había anuncios sobre la vuelta al cole, y ahora desde hace unos días es la campaña reina de la publicidad. Y tanto si nos gusta como si no, si creemos que es lo mejor o no, este año será el curso escolar en el que más pronto acojamos a los niños. Una vuelta al cole que va unida a una inversión económica que crece exponencialmente en función de los hijos que se tengan.

Pero todos esos temas quedan cortos para este espacio, así que yo quería hacer una recomendación, que tiene poco de gasto en cuestión de dinero, pero que a la larga puede tener efectos muy favorables.

Me refiero a poder preparar un recipiente para todos esos tesoros que los niños son capaces de encontrar en el colegio y que defienden como gladiadores para poder llevarse a su casa.

Sí, hablo de las piñas, las hojas, los trocitos de rama, un pedazo de bolsa de plástico, incluso de pañuelo de papel. Da lo mismo, hay niños que a la hora del patio se dedican a recoger pequeñas reliquias que quieren dar a su madre, a su padre, a alguno de sus abuelos o a quien sea importante para ellos. Hay niños capaces de no jugar en el patio por no perder eso tan preciado que han cogido. Por supuesto, si las piedras que han cogido pintan o tienen forma de corazón ¡eso ya es lo máximo!

¿Sabéis cuántos niños se pasan el rato del patio protegiendo esos tesoros? ¿El disgusto cuando alguien se lo quiere quitar o cuando la minipiedra se les cae y no la encuentran? Porque pueden coger dos piedras que a tus ojos parecen iguales al resto de las demás, pero ellos saben perfectamente cuáles eran las suyas, y a quién iban dirigidas. Cómo era la piedra, la hoja o el trozo de ramita, y creedme, es imposible darles el cambiazo. Llegado el momento has de emplear tus armas persuasorias para convencerles de que aquella otra piedra será perfecta para la persona que va destinada y que le encantará.

Y cuando llega la hora de la salida, buscan con desespero en la mochila o en el bolsillo de la chaqueta el tesoro que han cogido para regalar a los que más quieren. Yo desde hace muchos años empiezo el curso con un jarrón vacío, donde ir poniendo las piedrecitas, las piñas, las hojas, o lo que sea que encuentran, y con aquellos ojos que hablan te dicen que es para ti.

Y esa es mi recomendación, si no has probado a tener en casa un jarrón mágico, o una caja mágica, pruébalo, de verdad. Sirve tanto un bote de cristal reciclado, una caja de zapatos, o lo que sea. Así como debería funcionar la vida, da igual como sea por fuera, porque lo verdaderamente importante es lo que va a ir dentro. Imposible mirarlo y no sentirte mágico y especial como ellos te ven a ti.

Si tienes la suerte de recibir en algún momento un dibujo, una piedra, una hoja, un trocito de rama, de pañuelo de papel, o incluso una pluma de dudosa procedencia... pienso que deberías sentirte afortunado y feliz. No es lo que te dan, es que has sido el elegido para ello. Y eso, creedme, funciona a modo de lazo invisible, de ese que te une a las personas. Porque por supuesto esas cintas van unidas de corazón a corazón.

Temas: