La ultraderecha también se dispara en los barrios más ricos de Tarragona

No solo de españolismo vive Vox. El Procés permitió al partido seducir a las rentas bajas de periferia. Ahora crece igual en Llevant o en Ponent. El 38% de votos es de distritos pudientes

Los votos a Vox se han triplicado en Campclar, el barrio más pobre, con 8.575 euros de renta media por persona, pero también en Llevant, con 20.248, el más rico. El partido de ultraderecha crece más en el Nou Eixample Nord, unas calles que abarcan desde la Imperial Tarraco hasta la Avinguda Catalunya, y que son el segundo distrito en renta, que en Bonavista.

Esta fuerza ha irrumpido con potencia en Tarragona y Reus, al pasar de cero a tres concejales y concretar así su salto a la administración local. Lo ha hecho basándose en un fenómeno nuevo en España pero habitual en los patrones de la ultraderecha europea: haciéndose fuerte en los extremos.

La dinámica post 28-M se percibe en Tarragona: el 38% de los votos a Vox proceden de los barrios más ricos. El partido firma incrementos más abultados en distritos, a la vez, más pudientes y también en los humildes, y hay crecimientos inferiores en electorados de rentas medias, como la Part Alta o Barris Marítims, si se cruzan resultados y niveles de renta.

«Una estructura curvilínea»

Toni Rodon, doctor y politólogo de la Universitat Pompeu Fabra, habla técnicamente de una «estructura curvilínea de apoyo», «entrando en zonas ricas y pobres, en extremos». Marc Guinjoan, profesor de Derecho y Ciencia Política en la UOC, indica que el partido «ha entrado muy bien en zonas de renta muy bajas y también muy altas» y ha originado una lógica inédita en España: «Lo hemos visto en otros países de Europa. Hasta ahora los barrios pobres no votaban a la derecha, y ahora resulta que acaban votando a la ultraderecha. Pero también cala en las zonas más bienestantes».

Otro ejemplo en la capital tarraconense: la progresión es más marcada en el Nou Eixample Sud, una zona céntrica que alcanza ámbitos como la Avinguda Ramon y Cajal, Pere Martell o los alrededores de la TAP, que en Torreforta o Sant Salvador. Es decir: en relación a 2019 Vox se ha seguido fortaleciendo en la periferia obrera, su especial nicho, pero ha basado este reciente crecimiento exponencial en su mayor tirada en el centro, donde tenía más camino que recorrer. «Vox entró primero por el nacionalismo español, como contraposición al Procés, y ahora está creciendo por otros motivos. Han sido muy buenos encontrando agujeros argumentales y rompiendo lo que parecían consensos sociales, como el de la lucha por la igualdad de la mujer o el ambiental», sostiene Rodon.

Sigue siendo en las calles de los barrios de Ponent donde el partido liderado por Santiago Abascal tiene más implantación. En Bonavista y Campclar el apoyo tras el 28-M ronda el 20% mientras que en Llevant o en los Eixamples Nord i Sud se queda cerca del 8%. Por colegios, el Institut Mediterrani, en Campclar, es el que más porcentaje de votos al partido ha registrado (casi un 25%).

Ocho de los diez colegios donde más papeletas hubo están en Ponent. En esa periferia es donde hay más inmigración, más población joven sin estudios postobligatorios y menos trabajadores cualificados, según los datos del Idescat.

A su vez, son entornos con altos registros de abstención, más todavía en estos últimos comicios. He aquí una nueva correlación: en esa zona del Institut Mediterrani es también donde la participación ha sido más baja, con solo un 33,7%. Y no es la excepción: los lugares donde más se vota a Vox son también aquellos en los que más abstención se registra.

Los cuatro distritos más ricos, con 46.000 electores, han dado 1.938 votos a la formación, de un total de 5.021 cosechados. Es el 38%. Por su parte, los cuatro barrios más pobres, con 25.000 votantes, han supuesto 1.994 sufragios, un 39% del total.

Todas esas estadísticas influyen, aunque con matices. «Es verdad que Vox cala con discursos simplistas, que pueden penetrar muy bien en personas menos formadas pero también penetra en aquellas con un nivel educativo elevadísimo», indica Guinjoan.

De lo nacional a lo conservador

Hay algunas razones comunes entre ese voto polarizado a la ultraderecha. «Las ocupaciones de vivienda y la seguridad son motivos compartidos por clases bajas y altas. Hay un miedo a que te ocupen la casa, algo que se ha convertido también en un arma política y que se ha amplificado muchas veces en algunos medios de comunicación. Vox lo ha sabido explotar bien», cuenta Rodon.

Después hay un voto conservador que se impone. Ernesto Pascual, también profesor de los estudios de Derecho y Ciencia Política en la UOC, considera que «el voto de las clases bajas tiene mucho que ver con el tema nacional, y con que haya habido ese rechazo al independentismo en los últimos años », y matiza: «Lo que vemos es que Vox tiene mejores resultados en la clase media, mejor entre los obreros cualificados que entre los no cualificados. En los propietarios, en pequeños empresarios, en burguesía catalana, en trabajadores cualificados, ahí sí está logrando entrar y está consiguiendo competir con el Partido Popular. Y más en personas con FP o carreras que con estudios bajos. Aquí se ha corrido la idea de que ha entrado en clases obreras, pero si lo ha hecho ha sido por el tema nacional, no de la manera en la que ha entrado Le Pen en Francia».

¿Por qué la gente vota a Vox? «Cuando tú preguntas, el tema nacional es el más importante. Por eso se explica que en un barrio de baja renta, con mucha gente nacionalista española, haya votado a Vox, porque es el primer eje. El nativismo, eso de pensar que primero son los nacionales y luego los de fuera, es lo segundo».

Pascual apunta a otra tendencia: «Los inmigrantes de primera generación ya están consolidados y no quieren que vengan otros a competir. Si lo combinas con la seguridad, con la competición y las ayudas sociales, ya lo tienes. En sitios donde la inmigración está presente y la convivencia es complicada, generas ese contexto».

Luego hay una razón que trasciende a todo ello, según añade Pascual: «Hay gente que vive muy bien y quiere votar por una política conservadora. Es posfranquismo. Son tradicionales en el rol de la mujer, en las costumbres, en lo social. Es gente que estaba en una buena posición económica y que antes podía votar al PP o a Ciudadanos».

Más protesta que fascismo

Es ahí, en esa franja ideológica, donde esta agrupación consigue arañar votos. «Hay un componente de un grado elevado de españolismo. Son personas muy unionistas, que también pueden estar de acuerdo por esa apuesta de reducir impuestos, de que el estado intervenga poco. En realidad, Vox habla menos de inmigración que otros partidos europeos en esa línea. Sí lo mezclan con la inseguridad y la delincuencia pero no hablan de expulsión como tal, como puede pasar en otros lugares», aporta Guinjoan. Toni Rodon, en este diagnóstico, aporta un dato clave: «La política son percepciones. No tenemos que imaginarnos a un fascista como votante tipo. Dos terceras partes de este apoyo vienen de gente cabreada, así que también es un voto protesta».

Guinjoan habla de «la insatisfacción con el sistema», como una de las claves: «Ser españolista es una precondición. Luego influye estar muy descontento, ser crítico con el sistema, la insatisfacción con respecto a las instituciones». Y prosperan esos mensajes reduccionistas y populistas que atentan sobre lo que parecían acuerdos sociales, y también hay una respuesta a los avances en determinados ámbitos: «En el tema medioambiental son escépticos, están en contra de las políticas de izquierda de decrecimiento. Son perfiles que consideran que Pedro Sánchez lleva a España a la deriva. Por supuesto, es una reacción al gobierno de izquierdas, a la agenda que ha marcado Podemos en cuanto al feminismo o a la ley trans».

Por tanto, el partido está creciendo por diferentes lados y beneficiándose de distintas influencias y trasvases. En cinco de los 11 distritos tarraconenses (además de Ponent, también en Sant Salvador y Sant Pere i Sant Pau), ha conseguido superar al PP.

¿Qué ha sucedido en Reus? También los ultraderechistas han asaltado el pleno con tres concejales de golpe. La fuerza ultra crece en aquellos lugares con más inmigración, como pasa en Tarragona, pero también en zonas de más standing. En el Col·legi Rosa Sensat, en Mas Abelló y Mas Pellicer, uno de los distritos de renta más baja (9.882 euros por persona), los votos se han triplicado, creciendo un 177% (de 133 a 369). En ese ámbito suponen el 15,6% de los votos del escrutinio.

Más aumentos en Reus

Pero la progresión va más allá y se refleja en otros lugares. En el Col·legi Prat de la Riba, que abarca el centro, desde el entorno del Mercat Central a la Plaça Prim, el partido de Abascal ha pasado de 50 a votos a 171, en uno de los mayores crecimientos (+242%), si bien partiendo de cifras inferiores. En la zona más bienestante de Reus, según el INE, la del Polilleuger Joan Rebull, que engloba El Pinar, La Mineta o Niloga, Vox ha crecido un 278%. Ahí esas papeletas han pasado de significar el 1% a hacerlo en un 5%.

En el IES Baix Camp, también en el mismo centro, los apoyos han pasado del 2 al 8% y en el CEIP General Prim del 2% a casi el 10% en los últimos cuatro años.

Pero es en la zona sur de la ciudad donde Vox consigue más apoyos, en concreto en dos colegios: Rosa Sensat, con un 15,60% de las papeletas (Mas Iglesias, Mas Pellicer), y Pavelló Olímpic, con un 15,69%. Ahí se incluye un barrio con mucha inmigración como el Fortuny pero también diferentes urbanizaciones como Blancafort o Aigüesverds y también con el Barri Montserrat o Parcel·les Cases. Un aumento de votos distribuido en todos esos lugares ha triplicado los apoyos al partido de 2019 a 2023.

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