«Le pegaron cinco tiros a mi hijo. Tuve que huir del país»

Yazmín, de 50 años, ha salido de Colombia tras un ataque que hirió a su hijo. Se refugia en Tarragona de las amenazas de las guerrillas

«De pronto Colombia se ha vuelto como Venezuela, es un país que va a la deriva», asegura Yazmín Gómez, de 50 años y de Bogotá. Llegó a Tarragona el 5 de julio de 2022 huyendo del país para salvar la vida, casi de una forma desesperada. Allí el clima era insufrible y ella lo ha vivido de primera mano, con graves consecuencias para los suyos.

«Yo vivía en un barrio peligroso, comenzó a actuar la primera línea –grupos de protestas– y a mi hijo le pegaron cinco disparos. Lo vimos por las cámaras, nos dimos cuenta de quién fue, lo denunciamos a la Fiscalía», expone ella, que recuerda así el suceso: «Mi hijo, que estaba estudiando ingeniería civil, volvía de la universidad. Estaban quemando buses, había revueltas, y le atracaron y le dispararon».

Pese al ataque, que le ha dejado secuelas tanto físicas como psicológicas, pudo salvar su vida. «Tiene el pie derecho afectado y mentalmente está mal pero está intentando rehacer su vida en la medida de lo posible», explica ella. En aquel momento del ataque, empezó toda una cadena de amenazas y de afrentas constantes, según relata ella.

Ayudar a la familia

«El señor que le hizo eso a mi hijo me dijo: ‘¿Usted prefiere que le mate a su hijo que la mate a usted?’ Tuve que irme, me tocó emigrar a mí con mucho dolor, para buscar una mejor calidad de vida y poder ayudar desde aquí a la familia que se ha quedado allí, ya que en algún momento quiero reunirme con ellos», relata esta solicitante de asilo. Es uno de los numerosos casos que se están registrando desde Colombia, donde el éxodo está en marcha desde hace varios meses.

Yazmín tuvo que presentar documentación que argumentara su condición de perseguida –pueden valer desde denuncias hasta recortes de prensa, cualquier demostración– y ahora está a la espera de una resolución. «Sé que tengo que tener paciencia porque suele tardar, ya nos han dicho que se están volcando en la atención a los casos de Ucrania y que tenemos que esperar un poco», admite.

Yazmín, que en su país trabajaba como administradora de alimentos, describe una situación irrespirable provocada por la violencia de algunos grupos. «Son como pandillas, encontraron mi casa, tuve que salir del trabajo a raíz de eso», explica ella, que llegó con tres familiares más aquí pero que dejó atrás a otros muy cercanos, a la espera de juntarse otra vez. «No puedo hablar mucho con mis hijos, porque nos intervienen los teléfonos, me siguen llegando amenazas. Continuamos teniendo mucho miedo», relata.

«Soltaron a los presos»

La persecución «era sobre todo por motivos políticos», según desgrana Yazmín: «En esos meses llegó un presidente de la izquierda –Gustavo Petro– y se complicó más la situación. Se formó la primera línea, soltaron a presos y muchas familias quedamos desprotegidas, a merced de guerrillas, de gente armada y muy peligrosa. Por eso muchos se están yendo de allí».

Diversos colombianos denuncian excarcelaciones de algunos condenados afines por parte del Gobierno que están enturbiando la situación y añadiendo más delincuencia. Todo ello genera, en fin, un incremento de la conflictividad en las calles que acaba perjudicando a la ciudadanía. Todo ello sucede en el marco de unas negociaciones entre el Gobierno de Colombia y el Ejército Nacional de Liberación (ENL) en busca de un acuerdo de paz.

En Tarragona Yazmín se siente a salvo, confiando en una resolución a su favor que le dé status como refugiada y en empezar a trabajar y a construir una nueva vida. Ha encontrado un refugio de paz dentro de tanto tumulto. «Vinimos aquí sin conocer a nadie, aprovechando que sabíamos el idioma. Me gusta Tarragona y me siento cómoda. Ahora estoy bien, tranquila, con preocupación por los míos pero estoy con la voluntad de dios». Yazmín espera que en algún momento sus hijos que se han quedado allí puedan venir.

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