Víctimas de Cambrils sufren secuelas cinco años después de los atentados

Varios heridos en el ataque yihadista en 2017 padecen, además de dolencias físicas, estrés postraumático o síndrome psiquiátrico

«Hay personas que resultaron heridas en Cambrils y que siguen en tratamiento. No hay mucha diferencia entre las víctimas de las Ramblas o de Cambrils, en cuanto a secuelas postraumáticas», dice Elisa Micciola, psicóloga y coordinadora de la Unidad de Atención y Valoración a Afectados por Terrorismo (UAVAT).

En algunos casos las secuelas, sobre todo mentales, persisten un lustro después: «Suelen permanecer en la vida de las personas en función de los factores de protección. La gente que ha podido hacer un buen proceso y que tiene una buena red de protección, goza de un mejor pronóstico de recuperación que aquellos con factores de vulnerabilidad. Es decir, influyen factores personales y sociales».

Rubén Guiñazú y Núria Figueras fueron víctimas del ataque yihadista en la villa marinera. Rubén fue herido de gravedad por uno de los terroristas, que le atacó con un cuchillo, seccionándole partes de la lengua, las amígdalas y las cuerdas vocales.

Aquella noche fue operado durante más de cinco horas en maxilofacial de Joan XXIII, en solo la primera de las múltiples intervenciones a las que se ha tenido que someter. Pero fue Núria la que vivió más de cerca todo. «Anímicamente estoy peor. He estado unos años más apaciguada, pero ahora me ha vuelto la rabia, estoy peor», cuenta Núria, que admite: «Yo lo llevo peor. Rubén casi nunca habla del tema porque, en realidad, no lo vivió, nunca fue tan consciente como yo, que lo presencié todo. Él me dice: ‘A mí me hirieron y me hicieron daño, sí, pero no he sufrido, no he vivido lo que tú. Mientras yo estaba en el hospital, eras tú quien te ibas moviendo de un lado a otro’».

«La realidad no te deja superarlo. Me está costando mucho, porque ves que todo es muy largo» , dice Núria. La sentencia relata que «precisó de tratamiento psicofarmacológico y psicoterapia, estabilizándose a los 676 días siendo 179 impeditivos y uno de hospitalización». Le ha quedado como secuela «un trastorno de estrés postraumático con agravación de una patología previa». Rubén, además de las secuelas físicas por el grave ataque sufrido, padece «estrés postraumático moderado en grado superior».

La pareja ha ido volviendo a Cambrils a veranear y ha participado en algunos de los homenajes que se han hecho, aunque no lo hará este año. Las efemérides tienen un doble efecto. «Los aniversarios cuestan mucho para las víctimas en general, tienen un impacto en las personas. Suelen ser días dolorosos. Por eso es importante reconstruir la memoria, para que esas personas resignifiquen estos días de una forma positiva, en clave de recuerdo», apunta Elisa Micciola.

El estrés postraumático es un denominador común en muchos de los damnificados. «Al final ser víctima en un atentado terrorista es una cuestión de azar, de una variable de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. De forma natural, la reacción natural es responder con temor», explica Micciola. La psicóloga añade: «Hay gente que cree que el paso del tiempo es suficiente y que evitar el lugar de los hechos ya es bastante. Pero no es así, es algo que hay que combatir desde la sensibilización social. Deben pedir ayuda psicológica».

La sentencia recoge en víctimas de Cambrils secuelas permanentes como estrés postraumático en diferentes niveles y también patologías como vértigo esporádico o síndrome psiquiátrico.

Josep Maria Rovira, de 83 años, y herido en el rostro, donde precisó de diversas operaciones, sigue volviendo a Cambrils en fines de semana y de veraneo. «Arrastro algunas secuelas físicas, pero camino sin miedo por aquí. Dentro de lo que cabe, estoy bien», admite.

«Somos de segunda»

Las víctimas sobrellevan, casi desde el principio, una sensación de abandono por parte de la administración. «Siempre ha parecido que las víctimas de Cambrils eran de segunda», denuncia Figueras. Robert Manrique, asesor de la UAVAT, es muy crítico: «Lo que ha ocurrido en estos atentados es una auténtica vergüenza. Interior no ha hecho casi nada en estos cinco años por tratar de localizar a las víctimas. Se limitaron a abrir una oficina entre el 22 y 29 de agosto de 2017 en algún lugar de Barcelona que no publicitaron y luego se desentendieron».

Manrique señala que la identificación de las víctimas no se ha hecho en su totalidad. «En cada aniversario el trabajo se va ampliando, vamos localizando víctimas de países extranjeros que no aparecen en la sentencia y que están siguiendo un tratamiento. Hay 123 personas que están en el sumario pero no en la sentencia. La asistencia ha sido deficiente», relata Manrique.

«Seguimos buscando a víctimas»

Esa denuncia también afecta a Cambrils: «Hay 23 víctimas heridas pero nosotros asistimos a no más de diez. Hemos ido localizando a víctimas con el paso de los años, por ejemplo, a italianos y rusos que estaban esa noche en Cambrils», cuenta Manrique.

Se trata de afectados que no han sido reconocidos y sin derecho a una indemnización. «No es solo culpa de Interior. ¿Por qué el Govern no busca a las víctimas? Han pasado cinco años y aún no tenemos una oficina de atención. Nosotros seguimos encontrando a afectados. No es normal que esta labor la tengamos que hacer nosotros. Debería ser responsabilidad de las administraciones».

No solo esa asociación sostiene la tesis. La misma sentencia lo recalca. La Audiencia Nacional recrimina a los jueces que investigaron los atentados, que se saldaron con 16 muertes –una en Cambrils–, que «las víctimas han sido las grandes olvidadas durante la instrucción», reivindicando que merecen un doble reconocimiento: «Además del resarcimiento económico por vía administrativa, el todavía más esencial derecho a la memoria histórica. Tienen derecho a conocer la verdad, por lo que tienen legitimación aun cuando no exista sanción penal al haber quedado extinguida la responsabilidad de los autores directos por su fallecimiento».

Opina en esa línea Joan Roig, alcalde de Alcanar, el otro municipio tarraconense afectado. Allí explotó la casa en la que la célula estaba preparando los atentados. «Son días para tener presentes a las víctimas. Las administraciones tienen que mejorar mucho en la atención, no ha habido un buen trato, un reconocimiento de quién es víctima y quién no. Para nosotros todo aquel que lo vivió es víctima. En Alcanar muchos vecinos lo vivieron en primera persona y han tenido secuelas, algunas físicas y oras psicológicas», dice Roig.

El jueves, acto en Cambrils

Lo sucedido en el municipio ebrense se lleva con discreción. «Estamos pendientes de las víctimas. Para los afectados el objetivo es olvidar. Alguna vez hemos planteado hacer un homenaje en la zona, pero los vecinos han optado por algo más introspectivo y recogido», dice el alcalde.

El acto se hará en Cambrils. El jueves a las 11 horas, el Memorial per la Pau, ante el Club Nàutic, acoge un evento en el que el alcalde, Oliver Klein, leerá un manifiesto para reflejar la unidad de los que quieren vivir en paz. «A los cinco años teníamos que hacer algo más importante. Será algo austero pero emotivo. Fue uno de los hechos más desgraciados en la historia de Cambrils y queremos airear los valores de la democracia y la lucha contra el fanatismo», explica Klein. Sobre la denuncia del olvido de las víctimas añade: «Sé que se han expresado así pero desconozco los motivos». Para el edil, «queremos que esto no vuelva a pasar más, que algo así no ensucie la imagen de Cambrils como ciudad tranquila y paisaje idílico».

El solar, ahora vallado, de la urbanización Montecarlo, en Alcanar, donde estaba la casa en la que la célula preparó el ataque. Foto: Joan Revillas

La sentencia revela un sinfín de secuelas entre los residentes junto al chalé que explotó y también en Mosssos y otros agentes

La onda expansiva de la explosión del chalé de Alcanar causó un reguero de heridos que también padecen secuelas tanto físicas como psicológicas. Varios ciudadanos franceses, vecinos de la casa siniestrada, sufrieron estrés postraumático que precisó de tratamiento médico.

Entre otras afectaciones, la sentencia del caso recoge «como secuela de carácter severo inestabilidad emocional, ansiedad y reexperimentación y pensamientos intrusivos». Se trata de trastornos graves por los que estas personas han sido indemnizadas por el Ministerio del Interior. A una mujer de 78 años le quedó «sentimiento de impotencia, miedo, insomnio pertinaz y ansiedad».

Contusiones, heridas en las extremidades y diferentes lesiones en los oídos forman parte de las dolencias provocadas. Sobresaltos, insomnio y reexperimentación de las explosiones también han sido efectos que se han prolongado, en algunos casos hasta cinco años después de los ataques. Algunos de estos ciudadanos han podido regresar al lugar –una de las señales positivas, que indican una cierta recuperación– pero continúan bajo tratamiento.

Incapacidad permanente

También hay que recordar otra explosión en la casa de la urbanización Montecarlo, cuando agentes de Mossos, miembros de TEDAX-NRBQ y bomberos inspeccionaban la parcela. Una pala retroexcavadora impactó con la zona de la bañera, donde los miembros de la célula mezclaban los componente químicos para la elaboración del explosivo, el potente y muy volátil TATP o madre de Satán. Todo eso generó un conjunto de lesiones auditivas de todo tipo o de fracturas, además de incapacidades permanentes en las personas que estaban trabajando en el lugar.

Mucho más habituales son este tipo de afectaciones en los agentes de Mossos d’Esquadra que tomaron parte en los hechos de Cambrils. Según desvela la propia sentencia, algunos han recibido la incapacidad total permanente para el ejercicio de su profesión.

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