La película de la semana; ‘Civil War’, periodismo de guerra en 2077

Protagonizada por Kristen Dunst, el filme del director Alex Garland es una distopía bélica que produce escalofríos

17 abril 2024 19:56 | Actualizado a 18 abril 2024 07:00

«Cada foto que enviaba a casa era como una advertencia: No hagáis esto. Y aquí estamos», dice el personaje de Kristen Dunst en Civil War, escrita y dirigida por Alex Garland, que deja en esta reflexión de la mejor fotoperiodista de guerra de 2077 la explicación de esta distopía bélica que produce escalofríos.

«Si, es una advertencia, pero no sólo ‘mi’ advertencia’, creo que mucha gente comparte esta sensación y habla de ello, lo debate en foros públicos. Yo sólo me uno a esa reflexión», afirma en una conversación el director de cintas tan filosóficas como Ex-machina (2014).

Su nueva película, Civil War imagina una guerra civil en EEUU que destroza el país y que tiene a los ciudadanos divididos y cometiendo atrocidades, exactamente iguales a las que los telediarios muestran cada día pero en lugares lejanos al suelo americano.

«Quienes vivimos en Occidente pensamos que esto ocurre en otros países, donde la gente tiene otro color de piel, un paisaje diferente o habla otro idioma, y eso hace que nos sintamos inmunes, que esto no nos afecta», explica Garland, también autor del guion de esta cinta que llega a España mañana, 19 de abril.

«Y yo no estoy de acuerdo –añade el británico–, no veo que ningún país sea excepcional y no creo que ninguno esté inmunizado contra eso; en Europa lo vemos más claro por la historia que tenemos, pero en EEUU les resulta más complicado».

En un tiempo lejano existen campos de refugiados y la sociedad mira para otro lado

Con Cailee Spaeny (Priscila), Stephen McKinley Henderson y Wagner Moura (Pablo Escobar en Narcos) en el reparto principal, todo el argumento recae sobre Lee Smith (Kirsten Dunst), una fotoperiodista que viaja por los lugares críticos del conflicto, donde registra escenas que no difieren en nada de lo visto en las guerras más cruentas, de Sierra Leona a Siria, Gaza o Ucrania.

Ocurre en 2077, un tiempo lejano, pero no tanto, donde sigue faltando el agua, hay campos de refugiados y ciudadanos que miran para otro lado. Hasta fosas comunes. Garland dice que es a propósito. Igual que evita nombrar a Trump, o a Putin.

Que el público piense en ellos, no hace falta nombrarlos. «Sí, lo evité porque doy por sentado que los espectadores sabrán hacer esa conexión. Cuando la película critica el extremismo, el populismo o la polarización, su objetivo es criticar el fascismo, alertar de su llegada, que se entienda cómo surge», señala.

Y afirma que en «en su cabeza» está pensando «en Trump, en Netanyahu, y en otros parecidos», pero quiere que sea el público el que haga esa conexión. Porque «si yo menciono a Boris Johnson, a Bolsonaro o el nombre que quieras, lo que hago es poner punto y final a la conversación.

La mitad del público va a estar de acuerdo y la otra mitad se sentirá atacada». «Yo busco ser inclusivo. Soy de izquierdas, pero me siento tan crítico con la izquierda como con la derecha, porque la izquierda ataca a la derecha de una forma que le está dando poder (...). Lo que tienen que hacer es acercarse a los votantes de derechas y no demonizarlos», considera.

A su juicio «los jóvenes no tienen más remedio que ser nuestra esperanza, porque los otros van a morir», dice lanzando un certero dardo de humor negro inglés.

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