Las movilizaciones de los agricultores en Tarragona y en toda Catalunya, con cortes de carreteras incluidos, no son un simple acto de protesta caprichosa ni una demostración de fuerza gratuita. Son el síntoma evidente de un malestar profundo, acumulado durante años, en un sector que se siente olvidado por las instituciones y maltratado por decisiones políticas alejadas de la realidad del campo. El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, mal explicado y peor comunicado, ha actuado como detonante de unos temores que no son infundados: competir en desigualdad de condiciones con productos importados que no cumplen las mismas exigencias sanitarias, medioambientales y laborales que se imponen a los agricultores europeos genera una sensación legítima de injusticia.
Las quejas de los agricultores no parecen llegar a los oídos de los políticos que continúan aprobando decisiones que los perjudican
A esta amenaza se suma una burocracia asfixiante que ahoga a las explotaciones familiares, multiplica los trámites y resta tiempo y recursos a lo verdaderamente importante: producir alimentos de calidad. Mientras se exige a los agricultores europeos un cumplimiento estricto de normativas cada vez más complejas, se permite la entrada de productos de terceros países que no respetan esos mismos estándares. Al mismo tiempo, plagas y enfermedades, como las gripes y otras pestes, ponen en jaque explotaciones enteras sin que exista una respuesta ágil y eficaz por parte de las administraciones. No se trata de no cumplir con las noramas sanitarias, se trata de no aceptar acuerdos con países como Marruecos o Brasil que no las cumplen. Resulta paradójico que, tras años de discursos sobre la “soberanía alimentaria”, sean precisamente las políticas actuales las que la ponen en riesgo. Sin un campo fuerte, rentable y reconocido, no hay soberanía posible. Escuchar a los agricultores, explicar con transparencia los acuerdos internacionales y revisar una burocracia que se ha convertido en un obstáculo es una obligación política y social. Defender al campo no es ir contra el progreso, sino garantizar un futuro sostenible, justo y seguro para todos.