Editorial

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En un contexto de debate sereno y necesario sobre la financiación autonómica resulta imprescindible abordar con realismo el acuerdo de financiación catalán y su adecuación a la realidad actual de Catalunya. Desde 2014, el sistema de financiación vigente ha quedado claramente desfasado. En poco más de una década, Catalunya ha experimentado un crecimiento demográfico cercano a los dos millones de personas, lo que ha supuesto una presión evidente sobre los servicios públicos, las infraestructuras y el conjunto del estado del bienestar. Sanidad, educación, transporte o vivienda deben dar respuesta hoy a una población más numerosa, diversa y exigente, con recursos que, en muchos casos, no han crecido al mismo ritmo. Mantener un modelo pensado para una realidad social ya superada no solo es ineficiente, sino injusto para la ciudadanía.

Salvador Illa lo define como el mejor acuerdo posible. Y el secreto está en «posible», es decir en un gesto de realismo muy propio de él

El nuevo acuerdo de financiación no debe entenderse como un privilegio, sino como una actualización necesaria basada en criterios objetivos: población real, coste de la vida, aportación económica y necesidades específicas del territorio. Reconocer esta realidad es clave para garantizar la igualdad de oportunidades y la cohesión social, tanto en Catalunya como en el conjunto del Estado.

Retrasar una reforma largamente esperada desde 2014 solo ha agravado los desequilibrios y la sensación de agravio comparativo. Apostar por un acuerdo renovado, transparente y ajustado a la realidad actual es una decisión de responsabilidad política y de madurez institucional. Un sistema de financiación justo no divide, sino que fortalece el proyecto común, permitiendo que cada comunidad pueda atender dignamente a su población y contribuir de manera equilibrada al conjunto. Seguramente todos deseamos obtener lo mejor. Pero a veces lo mejor es enemigo de lo bueno. El realismo se impone en un contexto político alterado por una virulencia excesiva y un uso abusivo de la mentira como líniea política. El nuevo acuerdo no rompe ninguna solidaridad y sí, Catalunya merece más, pero el camino se hace andando.