Editorial

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La sobrepoblación de palomas en Tarragona hace tiempo que dejó de ser una simple molestia urbana para convertirse en un problema de salud, convivencia y conservación del patrimonio. Sin embargo, conviene dejar claro desde el principio que la solución no pasa por eliminar aves de forma indiscriminada. Como bien señala el biólogo e ingeniero técnico agrícola Jordi Baucells, contratado por el Ajuntament para liderar esta estrategia junto al departamento de Neteja, estamos ante un reto de ecología urbana que exige inteligencia, constancia y coordinación. «No se trata de ir matando palomas», recuerda Baucells, sino de actuar sobre aquello que hace posible su proliferación: la abundancia de comida y los espacios donde descansan y nidifican. Tarragona, por su configuración urbana y por la proximidad del puerto, ofrece un entorno especialmente favorable para estas aves. La gran cantidad de restos alimentarios en las instalaciones portuarias se ha convertido en un auténtico imán que alimenta el problema desde su raíz. Por ello, resulta imprescindible que el Port de Tarragona y el Ayuntamiento trabajen de forma conjunta y sostenida. Ninguna medida será eficaz si se actúa solo en una parte de la ciudad mientras en otra se mantiene un suministro constante de alimento. La experiencia de otras ciudades demuestra que el control poblacional solo funciona cuando se combinan limpieza exhaustiva, control de recursos, limitación de espacios de anidamiento y campañas de concienciación ciudadana. El deterioro de fachadas, monumentos y espacios públicos no es un asunto menor en una ciudad con un patrimonio histórico de valor incalculable. Tampoco lo son los riesgos sanitarios derivados de la acumulación de excrementos. Tarragona no puede permitirse una política de parches ni actuaciones esporádicas dictadas por la presión vecinal del momento. Gestionar la fauna urbana forma parte de cuidar la ciudad. No se trata de exterminar, sino de equilibrar. Tarragona merece espacios limpios, seguros y respetuosos con su historia, y eso solo se logrará afrontando la plaga de palomas con rigor, coordinación y perseverancia. Mirar al cielo ya no basta: es momento de actuar con responsabilidad.