Ítaca

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Hay días en los que la actualidad no se puede saltar. Aunque quizás la única arma posible contra las dictaduras sanguinarias y fascistas como fue la de Francisco Franco, sea la poesía. En el Diari de hoy, Raúl Cosano, hace un elenco de los bulos que durante años han circulado y que ahora parecen las tablas de la ley. «Con Franco se vivía mejor», se decía entonces. Lo que ocurre era que con Franco sabíamos contra quién estábamos. Saber lo que no quieres es más identitario que saber lo qué quieres. Yo tenía siete años cuando murió Franco y como todos (siento llevarle la contraria al president Illa pero no fueron 3 que fueron 10 días sin colegio) me los pasé mirando la pantalla. En mi casa se compró la tele en color -una Telefunken- para ver el entierro. Curiosamente mis abuelos habían comprado el primer aparato para ver el entierro de Kennedy en noviembre de 1963. Tengo la imagen grabada de un señor con brazalete negro llorando. Era un adulto que lloraba a moco tendido e imagino que aquello me impresionó. De las lágrimas de Arias Navarro recuerdo básicamente que sus orejas eran muy grandes. «Españoles, Franco, ha muerto». Sí, Franco murió agonizando en su cama. Pero el franquismo, como el fascismo o el nazismo no han muerto. Son ideologías que resurgen cada vez que el miedo nos atenaza.