El 20 de enero de 1961, John F. Kennedy prestó juramento como el 35.º presidente de los Estados Unidos. Fue el hombre más joven elegido presidente, así como el primer católico y el primero nacido en el siglo XX. También el más guapo y glamouroso. El más mujeriego. El más icónico. Pocos presidentes han sido capaces de personalizar una época como sí fue capaz JFK. Quizás los Beatles. Quizás. El día de su discurso inaugural Jackie llevaba un traje rosa que después fue copiado por millones de mujeres. En casa de mi abuela la señora Carmeta venía a coser por las tardes y los patrones se sacaban de las revistas. Mi madre tenía un sombrero parecido al de Jackie. Pillbox hat (sombrero de caja de pastillas). Todo lo ocurrido el 20 de enero de 1961 fue una puesta en escena para anunciar al mundo el amanecer de una nueva era. John F. Kennedy estaba destinado a convertirse en el primer líder estadounidense nacido en el siglo XX y el primer presidente cuyo discurso inaugural se transmitió a color en pantallas de televisión con destellos. Lo que muchos consideran la parte más memorable del discurso inaugural de JFK es su llamado a los estadounidenses a comprometerse con el servicio público: «Así pues, mis compatriotas: no pregunten qué puede hacer su país por ustedes, sino qué pueden hacer ustedes por su país». Cualquier tiempo pasado, fue mejor.