Ítaca

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Nos hacen creer que un líder debe ser intocable, fuerte e impecable. Nos hacen creer que solo los titulados en Universidades carísimas, en colegios carísimos tienen las cualidades necesarias para liderar un proyecto. Solo los elegidos por la Diosa Fortuna. ¿Pero qué pasaría si fuera todo lo contrario? Con un poco de esfuerzo por conocer la historia, una se da cuenta de que eso no es verdad. Sobre todo no es verdad en la historia de las historias por excelencia: la Biblia. Una lectura superficial deconstruye nuestras ideas preconcebidas sobre el éxito y el poder. Nos recuerda una verdad fascinante: los grandes héroes de la Biblia fueron «destrozados» por la vida: Abraham, ¿el padre de las naciones? Estéril; Isaac, ¿el visionario? Ciego; Jacob, ¿el justo? Cojo; Moisés, ¿el portavoz? Tartamudo. Cada gran patriarca representa una lucha contra el destino. Su mensaje es contundente: los verdaderos líderes no triunfan a pesar de sus discapacidades, sino que construyen con ellas. Una lección para todos los directores de RR. HH.: dejen de buscar perfiles «perfectos». El verdadero poder reside en los defectos. Y como los defectos son ostensibles, no debería ser tan difícil construir nuestros CV a base de ellos. La vida sería más sencilla, y tendríamos muchas menos frustraciones. A las personas se las ama por sus debilidades, no por sus fortalezas.