Ítaca

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Nacido en una familia muy pobre a pocos kilómetros de Islamabad en 1954, sufrió trabajos forzados y violencia desde los seis años. A los 18, se alistó en la marina mercante y recorrió el mundo a bordo de un carguero. Sus viajes lo llevaron de Afganistán a Irán, de Turquía a Grecia y, finalmente, a París, donde llegó a principios de la década de 1970, a los 20 años. En una calle de la capital, conoce a Georges Bernier, alias «Profesor Choron», quien le ofrece vender Hara-Kiri y Charlie Hebdo a gritos. El resto es historia hasta que el miércoles por la noche, el presidente francés, Emmanuel Macron (el de las gafas azules) le entregó la insignia de la Orden Nacional del Mérito. Visiblemente conmovido, este musulmán budista, el último vendedor de periódicos ambulante de París recibió la medalla delante de su esposa e hijos. «Ya está, soy un caballero, lo logré», confesó radiante. Durante más de cincuenta años, este elegante pakistaní ha sido una imagen habitual en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, con gorra de béisbol y un fajo de ejemplares de Le Monde paseando por el Cafe de Flore y el Barrio Latino. Me lo he cruzado varias veces. Enjuto, impasible a la lluvia, perfecto y pulido bajo el tórrido sol del verano, siempre saluda a todo el barrio como si fueran sus viejos amigos. Como un Don Quijote de ese mundo que desaparece.