¿De dónde eres? ¿Quiénes son tus padres? ¿Cuál es tu patria? Estas son las preguntas que carcomen a nuestra sociedad. No son las únicas, pero son las más evidentes. Hagamos una prueba. Vamos a echar un vistazo a las cocinas de los restaurantes. De todos los restaurantes, los Michelin o las tabernas de barrio. ¿Quién está en esas cocinas? Cada vez que desde casa usamos una aplicación del teléfono para pedirnos una pizza, cada vez que hacemos una compra en Amazon (Dios nos perdone porque el día del Juicio Finalocontarán más en contra nuestra las compras a Jeff Bezos que la mayoría de pecados). Arderemos en las ollas del infierno infinito por culpa de unas orejas de burro para el carnaval o de una bayeta multiusos, o de una camiseta térmica, cada vez que alguien tiene que coger un patinete o una bicicleta para servirnos en la puerta). ¿Quién lleva esos paquetes en su espalda? Durante la covid, yo confieso haber pedido McDonalds por UberEats. Era en Bruselas, llovía y hacía un frío del carajo. Pero no es excusa. Así que cada vez que alguien cuestione la regularización de los trabajadores «extranjeros», que piense en su pizza del viernes, en su bayeta multiusos, en sus compras en Zara online o Shein. No hace falta pensar en la dignidad humana o en el derecho de todos a una vida mejor. Con pensar en la próxima Calzone ya vale.