La Mirada

Creado:

Actualizado:

Tras el revolcón sanchista en Extremadura y anticipando la apocalipsis sociata pronosticada en las encuestas para las aragonesas y, en especial, la intención de voto a la ultraderecha de los españoles más jóvenes –y de los catalanes a la suya–… Está claro que nos estamos volviendo fachas.

¿Cómo se vuelve uno facha? ¿Hay alguna vacuna para no serlo aparte de usar el raciocinio; templar los ánimos y votar más con el cerebro que con el despecho? Los sondeos muestran que se puede pasar de la izquierda a la extrema derecha, a la que ahora declaran que votarán antiguos votantes socialistas.

¿Qué empuja a tantos conciudadanos a elegir a quienes para los problemas persistentes, complejos y de difícil gestión prometen soluciones rápidas, sencillas, comprensibles y… falsas?

Releo el Fascismo eterno de Umberto Eco. Y empiezo por constatar que los tipos de fachas y fachismos van cambiando con las épocas; pero todos siguen un guion similar.

1. Siembran la Gran Confusión

Para prosperar el facherío requiere de un gran pollo argumental. Le repelen los debates pausados, los grandes consensos (como el que nos llevó de la dictadura a la democracia) y la ponderación serena de hechos y razones. Prospera, en cambio, en la proliferación de mensajes contradictorios; la confusión verbal que lleva a la mental…El exceso de información, en suma, y mejor si es fake. El fachismo es el rey cuando proliferan las pantallas.

2. En la confusión, propagan el miedo

 La economía digital es la de la atención. Donde millones de mensajes sin coste de publicación compiten por nuestra atención siempre se impone el más llamativo. Y nuestra evolución nos hace atender más al que infunde más miedo. Ante tanto caos surge el miedo…Y para combatirlo necesitamos un nuevo orden, claridad y liderazgos poderosos.

3. Contra el miedo a lo que vendrá proponen la tradición y el culto al pasado

 No es casualidad que haya algún torero en las listas de la ultraderecha española (en la catalana se alardea de identitat catalana de debó). El facha evoca un pasado nacional mítico, presentado como fuente absoluta de verdad. Mezcla elementos religiosos, nacionales y culturales que siempre se consideran amenazados o ‘en peligro’ por la llegada de lo nuevo o los nuevos. La nación tuvo su edad dorada, pero ahora está degradada por sus enemigos aliados con los nacionales traidores que medran a su costa.

4. Descalifican a las elites meritorias frente a las identidades de nacimiento

Frente al meritorio en la ciencia o la cultura, el mayor derecho para un facha es el de nacimiento y el mayor orgullo el haber nacido (en nuestro caso español o catalán). Los demás, por no serlo son de segunda.

5. Proponen a ese pueblo fuerte para serlo un líder no menos fuerte y carismático

 que lo encarne de forma natural y esa legitimidad original (que le hará reconocible como líder para todos con solo verlo) complementa o trasciende la de las urnas.

6. El facha describe a su enemigo como fuerte y débil a la vez

Los españoles para los fachas catalanes igual que los catalanes para los fachas españoles son criaturas tan extremadamente peligrosas y arteras, siempre dispuestas a engañarnos, como moralmente inferiores. El facha es por definición supremacista y sus enemigos decadentes, pero no por ello menos taimados y astutos. Solo el pueblo elegido podrá vencerlos si permanece unido tras el líder.

La novedad es que el credo maga de Trump, en comunión con el de Putin, se había aliado con esas extremas derechas y las europeas para dinamitar la Unión Europea desde dentro. Parece que hay un giro menos pro maga en los ultranacionalistas de países europeos y algún reflejo europeísta. Son tiempos revueltos. Ojalá no nos pesquen en ellos.