La Mirada

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Las confesiones del interventor del Iryo: la vida tras el accidente de Adamuz

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«Tenemos miedo de subirnos a los trenes, esta es la verdad». Me lo cuenta nervioso y con los ojos empañados, mientras tomamos un chocolate caliente en pleno barrio de Malasaña, de Madrid. Habían pasado seis días de la tragedia. Mi interlocutor es uno de los llamados héroes del accidente ferroviario de Adamuz. Es Carlos Castillo, interventor del tren Iryo que viajaba en el vagón uno durante el accidente ferroviario de Adamuz, en el que fallecieron 45 personas el pasado domingo 18 de enero. La imagen de Carlos, ataviado con un chaleco amarillo y tranquilizando al pasaje, dio la vuelta al mundo y se convirtió en viral.

Carlos es un chico de 32 años, venezolano de la ciudad de Barquisimeto. Llegó a España en 2019, vive en Madrid actualmente y lleva tres años como empleado en Iryo. Ha trabajado en diversas rutas por el país. En los últimos meses se le asignó la ruta entre Málaga y Madrid. Este joven, hijo de un padre bombero de profesión, actuó como le enseñó su progenitor: con calma, empatía, pero con seguridad y energía.

Carlos tiene estrés postraumático y de momento no se ve con fuerza para volver al trabajo

El accidente se acababa de producir. Me cuenta que notó «un frenazo muy brusco y pensé que habíamos chocado contra un animal que cruzaba la vía». Carlos, casi en el suelo se pudo agarrar a un asiento –se encontraba en el último vagón, que era el menos afectado. Y todo por una decisión de última hora: quiso atender a unos clientes de clase superior. Esa decisión le salvó la vida, ya que a esa hora en Adamuz estaba previsto que estuviera en los vagones más azotados por la tragedia. Tras el descarrilamiento, empezó a caminar como pudo por los pasillos y comprobó que algunos de los clientes a los que había saludado o servido un café estaban heridos o, en algunos casos, fallecidos. Se puso el chaleco, tomó aire como pudo y se dirigió a los nerviosos pasajeros que se encontraban al borde de un ataque de pánico.

«Cuando consideremos que sea seguro salir, lo vamos a hacer. Es más seguro estar ahora dentro del tren. No sabemos en qué condiciones están las vías. Por favor, confiad en nosotros, que tenemos muchos años de preparación en esto. Pero eso sí, permaneced todos juntos» afirmaba el joven en un video captado por otro pasajero y que se convirtió en viral al momento, con millones de reproducciones y comentarios de todo el planeta.

El interventor me cuenta que tenía en ese momento solo dos opciones: permitir que los viajeros se descontrolaran y salieran por su cuenta –lo que habría puesto en más peligro a los pasajeros– o bien pedir la calma. Y es que abandonar el tren sin conocer el entorno podía resultar extremadamente peligroso debido a desniveles, objetos contundentes y la presencia de electricidad tanto en la catenaria como en los equipos de señalización.

Los psicólogos recomiendan evitar la sobreexposición a las imágenes y la información

Me confirma que no sintió al Alvia cruzarse y chocar. De hecho, «todo estaba a oscuras y no fue hasta un tiempo después, al ver una luz a lo lejos, cuando descubrimos que había otro tren descarrilado» recuerda el trabajador de la empresa italiana.

Un interventor que ya ha empezado terapia psicológica para superar esta situación, ya que casi no puede dormir desde el día del choque de los trenes. Tiene estrés post traumático y de momento no se ve con fuerza para volver al trabajo. «Tengo pesadillas y me despierto cada hora casi. Pienso en las caras de mis pasajeros esa fatídica noche».

No solo él tiene miedo de coger un tren. Siniestros como el ocurrido en la localidad cordobesa generan, en una parte de la población, un sentimiento de miedo, en este caso, a viajar en este medio de transporte. Ya pasó, de una forma similar, en Estados Unidos con los aviones después de los atentados del 11-S. Los expertos aseguran que es normal desarrollar miedo. Y más cuando son muchos los que han pensado que en ese tren podría haber viajado cualquiera de nosotros. Los psicólogos recomiendan evitar la sobreexposición a las imágenes y la información sobre el choque y proponen racionalizar el miedo, ya que este tipo de accidentes son muy poco habituales en nuestro país. Carlos, el interventor, superará pronto sus miedos y volverá a un tren, nosotros debemos seguir su ejemplo.