La Mirada

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Porno; comida basura y ultraprocesados, desde un Frankfurt kétchup calentito a una chocolatina crujiente; el juego o videojuego con o sin dinero; las largas tardes, noches y a veces madrugadas enganchados a series de Netflix y otras plataformas, la búsqueda compulsiva de nuevas parejas en aplicaciones donde nunca encontraste ninguna con la que quedar dos veces… Todas esas trampas de tu móvil tienen un factor en común: dopamina.

Es la molécula en nuestro cuerpo que nos permitía sobrevivir en las cavernas y salir corriendo cuando escuchábamos el crujido de una rama, tal vez un león; hoy es el vecino del tercero que ha salido a sacar la basura, pero la dopamina nos ha estimulado; igual que cuando encontrar pareja exigía estar dispuesto a aprovechar la mínima oportunidad…Pero hoy la tenemos al alcance de nuestro índice que va pasando fotos de potenciales citas en nuestro móvil con las que no quedaremos una segunda vez.

La dopamina animaba a los valientes a arriesgarse para dar con nuevos cazaderos, territorios, rutas… Para toda la tribu… Hoy esa misma dopamina que les animaba a jugársela sirve solo para jugarse el sueldo en el móvil. Nos estamos dejando la vida en las pantallas empujados por esa molécula, dopamina, que los amos de las plataformas, los chips, los contenidos, transforman en atención y la atención en ganancias y poder inmensos.

Converso con el neurocientífico Michael Long, uno de los grandes expertos en lo que nos motiva y ratifica lo que nos temíamos: la dopamina es la molécula del lo quiero y quiero más, lo quiero ahora y, en fin, lo quiero todo. Nunca es suficiente y el móvil nos permite darnos más y más casi a cada segundo. Porque antaño la falta de estímulos -ese ir en autobús sin mirar nada más que el paisaje- permitía que obtuviéramos una gratificación suficiente al llegar con el simple abrazo de tu familia y amigos. Hoy hemos obtenido tantas emociones del móvil que cualquier otro incentivo palidece frente a la vida entera que vivimos en pantalla.

Los periódicos y los periodistas somos grandes damnificados por la dopamina ubicua y a todas horas que alimenta la economía de la atención y sus algoritmos: TikTok, Instagram, Facebook, You Tube… Somos miles de millones de humanos mirándolos a la vez, pero solo cuatro o cinco ultra millonarios que los poseen se forran con nuestra atención al venderla después a los anunciantes. Un día clicas en una noticia sobre cómo dormir de un tirón y te machacarán con anuncios de colchones durante meses. De eso se trata. Y la dopamina te mantendrá alerta ante la pantalla.

Las técnicas para lograr que cliques, el clickbait (cebo para que cliques), son bien conocidas por los creadores de contenidos para plataformas. Si quieren les voy a poner algunos ejemplos aquí mismo: «Si sigues este consejo, nunca clicarás una noticia que no valga la pena»; o «Rosalía cuenta cómo evita perder el tiempo en el móvil»; o «Lo que no sabías sobre las noticias falsas en el móvil»; o «Siete consejos para saber si una noticia vale la pena»; o «Descubre por qué lees tantas noticias tontas en tu móvil».

Cuando los diarios serios, como este que leen -enhorabuena- empezaron a perder su condición de únicos intermediarios entre el lector y la realidad, me propuse hacer una lista de las más inolvidables precisamente por merecer el olvido inmediato, pero pronto me di cuenta de que era inútil, porque todas eran así.

Nos queda el consuelo de los de siempre: los lectores que no temen hacer un esfuerzo más allá de la gratificación dopamínica del instante para leernos con tiempo, calma, ganas y capacidad de comprender e incluso superar lo que se les escribe. Gracias, amigos.