Crónica Imprescindible
Sílvia Taulés habla del escándalo de Júlio Iglesias: Sí, señores y truhanes, la vida sigue igual
Las acusaciones contra el cantante Julio Iglesias dejan algunas declaraciones memorables como la de Ramón Arcusa, Dúo Dinámico, justificando los abusos
Julio Iglesias.
Hoy domingo le doy la razón a Julio Iglesias en una cosa: la vida sigue igual. Lo sé, es un recurso fácil, pero no puedo evitarlo.
Dejemos de lado su música y hablemos de su persona. De la presunción de inocencia, que se ha convertido estos días en una palabra comodín. Se saca del bolsillo, se coloca sobre la mesa y con ella se pretende cerrar cualquier conversación incómoda. Sirve para todo. Para defender al amigo, para blindar al mito, para no escuchar demasiado. Y, por supuesto, para justificar por qué hay que salir en tromba a proteger al cantante, no vaya a ser que alguien confunda escuchar con condenar.
Ana Obregón
No hay nada que reprochar a quien defiende a un amigo; lo raro sería lo contrario. Tampoc corresponde a nadie juzgar lo que debe juzgar la justicia, si es que finalmente decide hacerlo. Hasta aquí, todo correcto.
El problema empieza cuando la defensa se transforma en discurso y pedagogía peligrosa. Una cosa es decir no ha pasado y otra muy distinta es decir si ha pasado, tampoco es para tanto. Y ahí es donde algunos han decidido instalarse con una tranquilidad francamente perturbadora.
El Dúo Dinámico.
Escuchar a Ramón Arcusa (el alto del Dúo Dinámico) afirmar que si en una relación hay una violación, la víctima no dice nada y el acto se repite, entonces ya no es una violación sino una relación, no es un lapsus ni una torpeza verbal. Es una tesis muy grave.
Lo inquietante no es solo que alguien lo diga en voz alta, lo que no me puedo creer es que haya quien piensa así.
Defender a Julio Iglesias negando los hechos entra dentro de lo previsible. Defenderlo aceptando implícitamente que esos hechos pudieron ocurrir y justificarlos como parte de una dinámica de pareja es otra cosa muy distinta. Ahí ya no se está protegiendo a un amigo. Se usa la ligereza como argumento y se afirma que el consentimiento no existe, como la repetición convirtiera la violencia en rutina.
Después tenemos ya el espectáculo, como el que ha ofrecido Ana Obregón -y mira que la defiendo ante todos por sufrir lo que ha sufrido-, quien ha cuestionado en pleno prime time si una felación prolongada provoca ampolla. Estamos en 2026 y seguimos discutiendo como si el foco no en el abuso de poder.
No es el papel del periodista juzgar, sí lo es señalar. Y lo que muchos estamos señalando estos días no tiene que ver solo con Julio Iglesias. Tiene que ver con el desolador paisaje que aparece alrededor. Creíamos que el camino estaba avanzado. Que ciertas discusiones ya estaban superadas. Que algunas frases no volverían a pronunciarse sin rubor. Y, sin embargo, la sensación es otra. No es que no hayamos llegado a la meta. Es que todavía hay quien discute si la carrera merece la pena. Porque sí, la vida sigue igual. Y quizá ese sea, precisamente, elproblema. «Al final las obras quedan las gentes se van, otros que vienen las continuarán, la vida sigue igual»… Sí señores, era inevitable.