Tragedia en las vías
Accidente ferroviario de Adamuz: lo que apuntan las primeras investigaciones sobre las causas
Existe consenso preliminar en que el origen probable del siniestro es un problema en la vía, aunque no se descarta del todo algún fallo del tren. Excluyen el sabotaje y el fallo humano
El tren Iryo accidentado en Adamuz
Las investigaciones sobre el accidente ferroviario de Adamuz aún no han alcanzado conclusiones definitivas y se desarrollan en dos vías paralelas: una judicial y otra técnica, liderada por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). Existe consenso preliminar en que el origen más probable del siniestro se sitúa en un problema en la infraestructura, aunque no se descarta por completo la interacción entre la vía y el material rodante (máquina y vagones).
Los primeros indicios apuntan a una rotura o deterioro del carril en la zona del cambio de agujas de Adamuz. Se ha identificado un corte limpio y varias fracturas a lo largo de 200–300 metros de vía, pero aún no está claro si estas fueron la causa o consecuencia del descarrilamiento . Expertos consultados consideran plausible que una junta de raíl desgastada o una pieza defectuosa del cambio de agujas desestabilizara los vagones traseros del tren de Iryo, que fueron los que descarrilaron.
El descarrilamiento de los tres últimos coches del tren Frecciarossa de Iryo, que circulaba a unos 205 km/h dentro de los límites permitidos, hizo que uno de ellos invadiera la vía contraria y colisionara 20 segundos después con un Alvia de Renfe que circulaba a unos 210 km/h. Ese intervalo fue demasiado corto para que el sistema de seguridad LZB pudiera detener el segundo tren, lo que hizo inevitable el choque.
Se descarta de forma casi unánime el fallo humano y el sabotaje. Ambos trenes operaban a velocidades reglamentarias y los sistemas de control no permiten errores operativos relevantes. Tampoco hay indicios claros de fallo del material rodante: el tren de Iryo era de 2022 y había pasado revisión pocos días antes, aunque la CIAF inspeccionará su rodadura en taller.
El tramo afectado forma parte del corredor Madrid-Sevilla, recientemente modernizado con una inversión de 700 millones de euros y con cambios de vía renovados en 2023. Aun así, se habían registrado varias incidencias previas en sectores cercanos de la línea, lo que refuerza la hipótesis de un problema infraestructural, sin que por ahora pueda atribuirse a un defecto de obra nueva.
La CIAF analizará en laboratorio los carriles en el punto inicial del descarrilamiento, las cajas negras de los trenes y toda la información de Adif, Renfe e Iryo. El informe técnico definitivo podría tardar meses, previsiblemente hasta un año.