Las llamadas por violencia machista baten récord en TGN
La atención telefónica registró la mayor cifra desde 2011. Dos de cada diez denuncias las hacen familiares. La Covid agrava la situación
Representación contra la violencia machista en Tortosa.
El teléfono para denunciar violencia machista alcanzó en Tarragona una actividad de récord en 2021, según el balance del Institut Català de les Dones y según la Delegación del Gobierno contra la violencia de género. Ambos balances muestran las cifras más elevadas desde que hay registros. Entre el Camp de Tarragona (976) y las Terres de l’Ebre (117) se alcanzaron las 1.083 atenciones. Es un 16% más en relación a 2020 y el dato más abultado al menos desde 2017.
La estadística estatal es similar, aunque permite hacer una comparativa más larga en el tiempo. Las 1.224 llamadas realizadas (más de tres diarias) durante el año pasado son el número más alto de la última década al menos desde 2011. Es un 17% más en relación a 2020, año del confinamiento domiciliario por la Covid. En ese año ya se registró un incremento del 17%. La concienciación y la difusión de la disponibilidad de estas líneas de teléfono han sido claves. En 2012, hace diez años, hubo solo 670 llamadas, la mitad que en la actualidad. Aproximadamente el 20% de las denuncias las hacen familiares o allegados.
«Las cifras de atención de la línea 900 nos continúan confirmando la necesidad de implementar políticas públicas efectivas para la prevención, detección y atención a las violencias machistas», reconoce Laia Rosich Solé, directora general per a l’Erradicació de les Violències Masclistes. En Tarragona, el 89% de las atenciones recibidas han sido en el ámbito de la pareja, aunque también se han producido en el entorno familiar (un 7%), en el sociocomunitario (casi un 3%) y en menor medida en el contexto laboral y digital. Este enlace telefónico no es solo un espacio directo de denuncia por parte de la víctima, sino que también ejerce de guía. «La línea también está en disposición de cualquier persona que tenga conocimiento de situaciones de violencia machista y quiera informarse sobre qué puede hacer», cuenta Laia Rosich.
Entre los 31 y los 40 años
¿Cuál es el perfil de la víctima de este tipo de situaciones? El 36,2% de estas atenciones en el Camp y el Ebre son a mujeres de entre 31 y 40 años, frente a un 28,8% de los casos que pertenecen a la franja de 41 a 50. Son las cohortes con una mayor visibilización en el registro, si bien también hay denuncias en mayores de 60 años (un 6,5%) y en menores de edad, aunque es una minoría que no llega al 1%.
El 45,5% de las mujeres que padecen esta violencia son independientes económicamente, frente a un 27,8% que sí dependen y 26,5% en el que no consta esa situación. El estudio también refleja que el 42,7% de denuncias se dan en familias con hijos menores en el núcleo. En el 94% de los casos se reveló violencia psicológica y en un 36% fue física. En el 4,6% también tuvo lugar agresión sexual y una de cada diez mujeres delató violencia de tipo económico.
Toda esta casuística envuelve este incremento de la actividad que tiene un trasfondo positivo. «Para nosotros no es un dato necesariamente negativo –incide Laia Rosich–, porque refleja una mayor sensibilización y demanda de ayuda». Como en buena parte del fenómeno de la violencia machista, que haya constancia de más casos no significa que se produzcan más sino que salen a la luz en una proporción más elevada. «En el contexto de la pandemia se ha llevado a cabo una importante campaña de difusión de los recursos para la atención. Ahora vemos que el teléfono 900 aparece de manera habitual en los medios o es visible en establecimientos públicos», explica la responsable de la erradicación, que añade: «Desearíamos que el recurso fuera innecesario, pero desafortunadamente sabemos que las violencias machistas forman parte de la cotidianidad de muchas mujeres en Catalunya».
«Mirar al espacio privado»
No se pueden entender estos datos sin la presencia de la emergencia sanitaria en la ecuación. «La pandemia nos ha obligado a mirar más que nunca hacia el espacio privado que, como bien sabemos las feministas, a menudo oculta graves situaciones de violencia. En los primeros meses, en el momento de confinamiento más duro, las atenciones telefónicas aumentaron, pero también porque había una situación de gran falta de información, por ejemplo en situaciones de custodia y visitas de las criaturas», añade Rosich.
Por la Covid aumentaron las posibilidades de control de las mujeres por parte de sus agresores. «Se recortó de manera severa el contacto de las mujeres con sus redes de apoyo. Además, las consecuencias sociales y económicas se han traducido de manera generalizada en una mayor dificultad para acceder a aspectos básicos para la autonomía de las mujeres, como el trabajo remunerado o el acceso a la vivienda», cuenta Rosich.
Tampoco se puede comprender la evolución de estas llamadas sin lo que fue un punto de inflexión durante 2021. El testimonio de maltrato del popular personaje de Rocío Carrasco en un documental que emitió Telecinco durante varios meses disparó un 80% las denuncias. «Poco después de que se estrenara el documental nos llamó una mujer que había reconocido en el testimonio de Rocío Carrasco a algo que le había pasado a una prima. Ha habido un aumento de las llamadas de personas que se han dado cuenta de la situación que viven. Esa mujer nos dijo que su familiar había pasado por lo mismo y que ella lo había visto», explicaba Ekaterina Kàtcheff, por entonces coordinadora territorial en Tarragona del Institut Català de les Dones.
En marzo, el número 016 recibió 77 llamadas de la provincia de Tarragona. Fue un 13% más en relación con el mismo mes del año anterior (68). El Institut Català de les Dones cifró en un 61% el aumento de las llamadas al 900 900 120 en Catalunya durante la última semana de marzo, entre el 22 y el 28.
«La prevención es clave»
Visibilización y sensibilización son claves. «Tenemos que entender que colectivamente la prevención es clave», destaca Rosich, que defiende poder actuar antes: «Cuando ya se ha producido una agresión, ya llegamos tarde, ya hemos fallado. Adolescentes y jóvenes son una franja especialmente relevante, pero necesitamos que el conjunto de la sociedad se comprometa con la tolerancia cero ante todo aquello que sostiene y hace posibles las violencias machistas».
Rosich apunta algunos retos, como «actualizar y reformular los protocolos de abordaje, adaptarnos a la realidad de cada mujer, teniendo en cuenta que las necesidades son diferentes y mejorar los procesos de reparación, que son claves para la superación». Recalca que eso pasa por «reconocer el sufrimiento vivido y por articular medidas que garanticen la no repetición de estas situaciones».