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Tarragona: así se vive una crisis humanitaria desde dentro

La URV Solidària organiza un taller de respuesta a emergencias humanitarias que acaba con el despliegue, en tiempo récord, de un campo de recepción de desplazados en medio de la plaza del Campus Catalunya

Una carpa se instaló, en tiempo récord, en la plaza del Campus Catalunya.Norián Muñoz

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A simple vista parece solo un palo de escoba pero es, en realidad, un método tan rudimentario como imprescindible para tratar de determinar si un niño pequeño tiene menos de cinco años. El palo tiene una marca a 1 metro 10 centímetros (tamaño medio de los niños de esa edad) y la razón es simple: en una emergencia con personas desplazadas, los menores de cinco años son los que corren mayor riesgo de morir.

Este era apenas uno de los aspectos que descubrían ayer la quincena de personas que participaban en el taller de respuesta a emergencias humanitarias que organizaba la URV Solidària y que estaba a cargo de Cooperativa Humanitària, entidad cuyos miembros tienen una larga experiencia en emergencias.

Después de pasar la mañana abordando aspectos teóricos, a mediodía llegaba el momento de montar un campo de recepción de personas desplazadas para atender el primer momento de una crisis humanitaria. El campo se materializa ante nuestros ojos en menos de una hora, en medio de la Plaça de la Concòrdia del Campus Catalunya.

En la fila de entrada al campo, Xavier Bartolí, miembro de la cooperativa, pone a los participantes en la situación de decidir quiénes serán los primeros en entrar. El consenso dice que, además de niños menores de cinco años, los más vulnerables son las personas mayores, las embarazadas y los heridos.

El siguiente punto del circuito es la identificación: los métodos varían según la emergencia y la entidad que intervenga, y van desde métodos más actuales, como medidas biométricas, hasta otros más rudimentarios, como una marca con violeta de genciana en la piel. Hay que recordar que en situaciones así es probable que las personas no cuenten con documentación.

A partir de allí se llega a la carpa principal, la de primeros auxilios. Aquí se hace un test rápido de malaria o se inoculan vacunas como la del sarampión, enfermedad que puede cobrarse muchas vidas en una situación de este tipo.

Todo el material es resistente e intuitivo. Conmueve la especie de pulsera que se utiliza para tener una primera impresión del grado de desnutrición de un niño.

Hay, además, una potabilizadora de agua y una zona delimitada de defecación mientras se construyen las letrinas.

Nos enseñan un kit NFI (Non Food Items) como el que se entregaría a una familia de cinco miembros junto a una tienda de campaña: un cubo, una olla, una manta, una mosquitera...

El recorrido dura apenas unos 15 minutos, pero llueve y hace frío. Mientras se escuchan las explicaciones es fácil notar una especie de escalofrío al imaginarse en la situación.

Imagen de kit de emergencia que se entrega a las familias con productos que no son de alimentación.Norián Muñoz

Joan Fuster, responsable de la URV Solidària, explica que, justamente, uno de los objetivos del taller era ponerse en el lugar de las personas desplazadas, en un mundo donde hay 100 millones, según los cálculos de Acnur.

Entre los asistentes había profesores, estudiantes y personas a título particular. Paula y Lucía, dos alumnas de Treball Social, se reconocían sorprendidas por una parte de la realidad «que no se ve en las noticias».