Sociedad
Solo el 36% de las empresas de Tarragona cumple con la contratación de personas con discapacidad
La jornada ‘Impulsem la reinserció social i laboral’, organizada por el Diari con el patrocinio de Fundació ‘La Caixa’, muestra como la inserción laboral de los colectivos más vulnerables sigue siendo una carrera de obstáculos
Marc Griso (Diari de Tarragona), José Carlos Eiriz (Fundalis), Nicolàs Barnés (Mas d’Enric), Miriam Berengué (Eurofirms), Amando Alarcón (URV), Enric Cardús (Pere Mata) y Ainhoa Setién (Incorpora-Fundació ‘la Caixa’).
Lo resumía bien esta mañana Amando Alarcón, profesor de Sociología y miembro del Grup de Recerca i Anàlisi Social i Organitzatiu de la URV: «Sois un pequeño barco remando a contracorriente». Se lo decía a los protagonistas de la jornada Impulsem la reinserció social i laboral, organizada por el Diari con el patrocinio de la Fundació “la Caixa”.
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Y lo cierto es que, escuchando las experiencias de cada uno de los cuatro ponentes, no quedaba duda de la extrema dificultad que supone encontrar oportunidades de empleo para aquellos candidatos que, en un proceso de selección, parecen invisibles, como quienes han estado en prisión, personas con discapacidad o con enfermedad mental severa…
Pero no se trata de resignarse. La introducción de la jornada, celebrada esta mañana en la sala Victoria Climent del Diari de Tarragona y conducida por el periodista Marc Griso, estuvo a cargo de Ainhoa Setién, coordinadora del proyecto Incorpora de la Fundació “la Caixa” en Tarragona. El programa, que trabaja con 13 entidades en la demarcación, atendió el año pasado a 2.819 personas, entre quienes se cuentan mujeres víctimas de violencia de género, personas con discapacidad, migrantes, jóvenes y parados de larga duración, entre otros.
La experiencia de la prisión
Nicolàs Barnés, director del centro penitenciario de Mas d’Enric, reconocía representar a una institución incómoda porque «la existencia de una prisión es la prueba de que nuestra sociedad falla en muchos aspectos».
La jornada tuvo lugar el la sala Victoria Climent del Diari.
En la prisión, señaló, hay actualmente 889 personas internas y la previsión es que la población penitenciaria siga aumentando, igual que en el conjunto de Catalunya.
Barnés (doctor en Psicología) reivindicó que «la política penitenciaria es una política de seguridad pública, pero ha de ser una política social». Para el director, el objetivo final debe ser construir un entorno que ofrezca no solo segundas oportunidades, sino «terceras y las que hagan falta».
Admitía Barnés que en una prisión confluyen personas con perfiles muy diversos y que el reto es tratar de hacer tratamientos lo más personalizados posible para prepararles para lo que encontrarán a su salida. Una de las claves, explicaba, es la educación, por lo que la prisión cuenta con una escuela con docentes del Departament d’Educació.
A modo de ejemplo de la capacidad de trabajo que tienen las personas que se encuentran en prisión y de la necesidad de romper estigmas, recordaba una experiencia en el Centre Penitenciari de Joves de la Roca del Vallès. Allí, una empresa ofreció a los directivos de la prisión hacer un curso de fleca a un grupo de internos. Los resultados, asegura, fueron muy buenos y con estas personas «no hubo ningún problema, solo necesitaban una oportunidad».
El trabajo como terapia
Desde la perspectiva de la salud mental, Enric Cardús, gerente de la Fundació Pere Mata, desmontaba el prejuicio de que el trastorno mental severo es incompatible con el empleo. Al contrario, defendió el trabajo como un elemento terapéutico vital. «Vincularse a un proyecto laboral es una herramienta fundamental para estructurarse», aseguró, añadiendo que el empleo mejora la sintomatología ansiosa y depresiva.
Cardús destacó cómo la inserción laboral cambia la autopercepción de los afectados: «No son personas enfermas, son personas que tienen una enfermedad. Cambiamos el sujeto». Sin embargo, lamentó la lentitud administrativa y la carga que soportan las familias, advirtiendo que gestionar estas situaciones es «inasumible» sin el apoyo adecuado. El 85% de las personas que atiende su proyecto de inserción laboral no han trabajado nunca o solo han tenido algún trabajo temporal.
Cuando la discapacidad toca a la puerta
José Carlos Eiriz, director de Fundalis, llamó también a cambiar de paradigma cuando se habla de discapacidad y a pensar que no es algo que afecte a «ellos», ya que «una enfermedad mental, un accidente, un ictus…» pueden convertirnos en una persona con discapacidad en cualquier momento.
Eiriz fue contundente al exigir un cambio de paradigma que se aleje del asistencialismo. «La inclusión social y laboral no es solo un deseo, es un derecho. Es nuestro derecho», sentenciaba.
Eiriz criticó los modelos de apoyo rígidos de la administración —de «lunes a viernes de nueve a dos»— y abogó por itinerarios personalizados donde la persona sea la protagonista de su destino.
Recordó que contar con un trabajo no solo implica tener una nómina, sino también disponer de un espacio de relaciones, de aprendizaje y de identidad.
Con las leyes no basta
En el ámbito corporativo, Míriam Berengué, responsable de la Fundació Eurofirms Tarragona/Lleida, puso cifras a la realidad de la inserción. Aunque la ley exige una cuota del 2% de contratación de personas con discapacidad en empresas de más de 50 trabajadores, la realidad es que en la provincia de Tarragona «solo hay un 36% de empresas privadas que cumplen», y apenas un 12% tienen planes de diversidad reales. En el caso de la mayoría de las administraciones públicas, que también están obligadas, no hay suficiente información sobre si cumplen o no.
«Las leyes son estupendas, pero las leyes se han de aterrizar», afirmaba Berengué, instando a las compañías a trabajar la cultura corporativa y los sesgos inconscientes.
Explicó, con ejemplos prácticos, cómo a priori empresas donde los trabajadores con capacidades diferentes no tendrían cabida pueden acabar ofreciendo oportunidades. Recordó el caso, por ejemplo, de un joven universitario de Tarragona con Asperger (un trastorno del espectro autista) que, con la intermediación y el apoyo de la fundación, ha acabado trabajando en una empresa química.
Lamentablemente, señaló, la inserción —esa especie de magia que se obra cuando hacen match las capacidades de alguien y las necesidades del empleador— sigue dependiendo sustancialmente de la sensibilidad de las personas de las empresas que intervienen en el proceso.
Visto lo visto, el resumen de Alarcón era acertado: la inserción de quienes tienen menos oportunidades es un barco a contracorriente, pero depende de la sociedad entera que no naufrague.