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    Los consumidores se aferran a la imaginación para intentar gastar menos

    La escalada de precios ha provocado cambios en los hábitos de consumo, como el uso del coche compartido o el auge de las tiendas de ropa de segunda mano y de las marcas blancas

    09 marzo 2023 12:04 | Actualizado a 10 marzo 2023 18:00
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    La escalada constante de la inflación, derivada de la guerra de Ucrania, ha disparado los precios en los últimos meses. El encarecimiento de algunos productos -especialmente alimentos y combustibles- ha logrado registros record y ha obligado a muchos consumidores a buscar nuevas fórmulas para intentar reducir gastos, con la imaginación por bandera.

    La guerra de Ucrania estalló hace un año en un contexto en el que los precios ya habían subido a consecuencia de la recuperación económica después de la pandemia. «Es como si una lesión te coge desentrenado, te coge mal y hace que te recuperes peor», compara el profesor de la escuela de negocios EAE Business School, Àlex Alegret. A pesar de que el Gobierno español aprobó en marzo del año pasado un primer paquete de medidas para revertir el aumento generalizado de los costess, los precios siguieron al alza y tocaron techo en verano. «Al final solo tienes un bolsillo. Entra un dinero y con él tienes que organizar tu vida. Y todo empieza por dormir, comer, beber e ir vestido. Si lo vas subiendo todo de precio, obviamente lo pagarás, pero cada vez tendrás menos», resume Alegret, quien recuerda que los salarios no han subido de la misma manera que lo han hecho los precios. Esto explicaría que muchos consumidores se hayan visto obligados a buscar alternativas para gastar menos y hayan cambiado los hábitos de compra.

    Auge de las tiendas de ropa de segunda mano

    Un sector que ha notado un aumento de las ventas es el de las tiendas de segunda mano. Muchos consumidores no tienen ningún reparo en acercarse a una de ellas para comprarse ropa por menos dinero. Francesc Garriga, propietario del negocio Flamingos de Reus reconoce que «en los últimos meses hemos notado la presencia de nuevos clientes que buscan chollos. Nuestro éxito es una mezcla de varias cosas: la moda vintage que está de vuelta, la sostenibilidad, pero también el precio. Y esto último se está notando bastante en los últimos meses. Por ejemplo, con gente que viene buscando camisas de marca».

    Flamingos no compra ropa de segunda mano a particulares. Lo hace a almacenes vintage de Estados Unidos y, últimamente, a grandes almacenes europeos. Los clientes de Flamingos pueden encontrarse un jersey de la marca Lacoste -que en una tienda de primera mano costaría entre 120 y 140 euros- por 30 euros, como máximo.

    ¿Ahorro? ¿Sostenibilidad? ¿Moda?. Jordi Quintero es uno de estos jóvenes que en los últimos tiempos ha optado por comprarse la ropa en tiendas de segunda mano. Aunque admite que se ahorra un dinero, también comenta que hay otros motivos que le llevan a esta práctica. «El principal motivo para ir a comprar ropa en tiendas de segunda mano es por la voluntad de dar una segunda vida a prendas que otra persona no ha querido seguir teniendo. También sabiendo información de las prácticas de explotación laboral e infantil con grandes multinacionales, las tiendas de segunda mano ofrecen una alternativa cómoda», asegura este joven.

    La Fundación Humana ha constatado que el consumo de ropa usada en Barcelona ha crecido un 25% en el último año y en 2022 superó por primera vez el milión de clientes. «Se trata de piezas de calidad a precios asequibles, y en este contexto de inflación los precios son un gran factor de atracción de clientes», explica el portavoz de Humana, Joan Carles Montes.

    Uso del coche compartido

    Los carburantes, junto a los alimentos, son de los productos que más han visto disparados sus precios durante el último año (en verano llegaron a superar los dos euros el litro). Mientras que para reducir gastos algunos usuarios han optado por utilizar el transporte público, teniendo en cuenta que las tarifas están congeladas y que los billetes de Renfe están bonificados, otros han buscado otras alternativas como compartir coche con el uso de aplicaciones como Blablacar.

    Anna González, una joven que reside en Cambrils, es uno de estos usuarios. Su relación con Blablacar empezó hace años. «La primera vez que lo utilicé fue para ir a Valencia, cuando el precio de los trenes era más caro porque no había tanta oferta como ahora. También lo he utilizado porque a donde iba no llegaba el transporte público o era muy malo», explica esta joven, quien añade que «también lo he usado a veces para ir a Reus por motivos de trabajo o estudios. Por ejemplo, de Cambrils a Barcelona el tren te cuesta 10 euros, mientras que compartiendo coche puede salirte por 5 o 6 euros».

    Anna sigue utilizando hoy en día este medio de transporte. «Quizás tiene más sentido hacerlo que nunca. Es más económico compatir el coche que llenar el depósito».

    Las cifras de Blablacar constatan que en 2022 su uso en Catalunya aumentó un 80% en comparación con el año anterior y un 35% respecto del 2019, antes de la pandemia. En relación con los usuarios, crecieron un 39% interanual, hasta más de 800.000. Eso significa que casi uno de cada diez catalanes utilizó esta aplicación en 2022.

    Más marcas blancas y un consumidor más infiel

    La cesta de la compra es una de las cosas que más se ha disparado de precio durante el último año. Según un análisis de la asociación de consumidores Facua, uno de cada cuatro alimentos ha subido más de un 30% en los últimos doce meses. En la misma línea, un estudio de la asociación de fabricantes y distribuidores Aecoc indica que el 70% de los consumidores se fija más en los preciosy un 90% admite haber cambiado sus marcas habituales por otras más baratas. Un efecto claro de este es el aumento de las marcas blancas.

    «Lo que hace el consumidor es controlar mucho más sus gastos para que su presupuesto se estire más. Todos planificamos más nuestras compras», explica la gerente de estrategia y márketing de Aecoc, Rosario Pedrosa, quien añade que los compradores son «más infieles», tanto con sus marcas más habituales como en los establecimientos que frecuenta, con el objetivo de encontrar mejores precios. «El consumidor, ahora, es un cazador de oportunidades», subralla y agrega que «el precio se vuelve una variable importante».

    Menos cantidad de producto cobrando el mismo precio

    El encarecimiento de los alimentos ha provocado que algunos fabricantes hagan prácticas «desleales» y «opacas» para evitar subir el precio de los productos. Esto es lo que ha denunciado la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

    En concreto, la asociación de consumidores presentó en junio una denuncia contra seis empresas de productos envasados que ofrecían menos cantidad cobrando el mismo precio, un fenómeno que se conce como reduflación. «El ejemplo típico es el de la bolsa de patatas, que antes estaba llena y ahora la mitad es aire», ejemplifica la portavoz de la OCU en Catalunya, Esther Lorente.

    Cambios que han llegado para quedarse

    Una de las dudas es saber si estos cambios que han llegado de la mano de la inflación han venido para quedarse. Tanto la OCU como Aecoc coinciden en que estos nuevos hábitos de consumo se mantendrán, como mínimo, durante el primer semestre de 2023, ya que todavía hay productos disparados de precio. Por su parte, el profesor de la escuela de negocios EAE Business School vaticina que cuando pase la inflación habrá una «correción» de los hábitos de consumo, pero cree que algunas tendencias se mantendrán.

    OCU y Aecoc preven que estos hábitos de compra se mantendrán, como mínimo, este trimestre
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