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«Si no llueve en julio sufriremos mucho con los incendios»

La sequía y las olas de calor de mayo y junio han provocado que los fuegos más intensos hayan llegado antes de tiempo. Este año ha habido una media de cuatro incendios forestales al día en Catalunya

| Actualizado a 26 junio 2022 14:00
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Hasta el 22 de julio se han producido en Catalunya un total de 661 incendios forestales. Una media de casi cuatro al día. Ciertamente no es una cifra muy diferente a la del mismo periodo de 2021, pero la particularidad de este año es que han llegado dos olas de calor muy pronto y, junto a la sequía, el resultado ha sido un mes de junio con grandes incendios simultáneos, como los de Artesa de Segre (Noguera), Castellar de la Ribera (Solsonès) y Corbera d’Ebre (Terra Alta). Un aviso para navegantes al comienzo de un verano que necesita más agua que nunca.

«Venimos de un invierno muy seco, estamos expuestos a temperaturas muy altas, la vegetación está estresada por la falta de agua y eso implica que haya más zonas de biomasa, es decir, más combustible para quemar», resume Asier Larrañaga, Sotsinspector del Grup de Recolzament d’Actuacions Forestals (GRAF) dels Bombers de la Generalitat. Explica que esto provoca no solo que haya más riesgo de incendios, sino que también aumenta la posibilidad de que estos sean más grandes, es decir, que crezcan rápido y con una mayor intensidad. Larrañaga sostiene que esto no es habitual en esta época: «Este tipo de comportamiento de los incendios es normal en julio, pero con la condiciones de este verano ha llegado antes».

A los Bombers les preocupa el número de fuegos con esta intensidad desmesurada, y el hecho de que el período de estos episodios se amplíe cada año. «La campaña de incendios ya no es solo en verano, realmente empieza a finales de mayo y dura hasta octubre, se está desestacionalizando», sostiene el subinspector del GRAF.

Con todo, el número y el tipo de fuegos de este verano dependerá de si hay nuevas lluvias. «Ahora llovió un par de días y lo cierto es que han dado una tregua, pero no ha sido suficiente, falta mucha más agua y si tenemos un mes de julio seco, con altas temperaturas y viento, la campaña será muy dura, sufriremos», lamenta Larrañaga.

Además de la sequía y el calor, el bombero comenta que «tenemos un paisaje discontinuo, cada vez con menos zonas agrícolas y terrenos cultivados y eso da continuidad a la vegetación, con más zona boscosa, lo que también ayuda a que los incendios cojan inercia y quemen con mucha más energía».

En la misma línea, el Cap de l’Àrea Regional del Cos d’Agents Rurals a Tarragona, Cándido Rincón, asegura que «nuestra impresión es que todo se ha avanzado, históricamente nos preocupaban los incendios a partir de Sant Joan, pero este 2022 se ha avanzado un mes, cuando mayo nunca ha sido un mes problemático en este sentido». Asimismo, lamenta que «para el mes de julio no se prevén lluvias, algunas tronadas pero sin agua, con lo que el panorama es un poco delicado».

El cuerpo de Agents Rurals se encarga, entre otras funciones, de la prevención de los incendios forestales. Para ello tienen diseñado el Pla Alfa, que según el riesgo de fuego va del nivel 0 –no hay peligro– al nivel 3. Ayer algunas zonas de Catalunya, sobre todo de Ponent, las Terres del Ebre y las comarcas de Girona, estaban en el nivel 1, y el resto al 0. No obstante, Rincón recuerda que el día 18 de junio se activaron los niveles 2 y 3. Cuando llegan al nivel de máxima alerta, los Agents Rurals cierran los accesos a las zonas forestales.

Las causas

En definitiva, el hecho de que los incendios sean cada vez más potentes e intensos tiene, como indican Larrañaga y Rincón, dos respuestas. Por un lado, la sequía continuada y las altas temperaturas, condiciones que se ven potenciadas año tras año con el cambio climático y, por el otro, el aumento de la masa forestal a causa del abandono de muchas tierras de cultivo.

Sobre la primera causa profundiza Òscar Saladié, profesor del Departament de Geografia de la URV, director de la Càtedra Dow/URV de Desenvolupament Sostenible y bombero voluntario. El experto señala que «con el cambio climático, las condiciones propicias para que haya un incendio y este avance más rápido y afecte una mayor superficie están aumentando». Y habla, en este sentido, de fuegos de sexta generación, de los que dice que «son capaces de crear incendios secundarios, pues además de avanzar envían elementos que queman a media y larga distancia, superando espacios que pueden hacer de cortafuegos». Este tipo de fuegos tan intensos, que están incrementando con el cambio climático, provocan también, según Saladié, una especie de retroalimentación. «Son estos propios incendios, con su potencia, los que acaban determinando la dinámica atmosférica del entorno, lo que dificulta mucho la extinción y pone en riesgo a los bomberos». El profesor de la URV también sostiene que las sequías continuadas y durante periodos más largos también provocan que los incendios sean más potentes. Finalmente, pone énfasis en que «que un fuego queme más o menos hectáreas también depende de los usos del suelo, y el hecho de que cada vez haya más superficie agrícola abandonada comporta que los incendios no encuentren espacios donde poder parar como lo son las zonas cultivadas». En este sentido, y reivindicando la importancia de la prevención, Saladié defiende que es primordial «que los agricultores y los ganaderos cobren unos precios justos por los productos que generan, es necesario que la gente que vive de la tierra se pueda ganar la vida y así no se perderán zonas agrícolas que, con todo, hacen una función clave limitando y reduciendo el avance de los incendios forestales. Hay que comprar productos del territorio», concluye Saladié.

Y sobre esto habla también Pere Guinovart, Coordinador Territorial de Unió de Pagesos en el Camp de Tarragona. Lamenta que la situación de la agricultura y la ganadería es «compleja». «Los ganaderos han pasado por una crisis profunda y quedan pocos, y los que quedan envejecen mientras no hay incorporaciones jóvenes», señala Guinovart, que alerta también del abandono de tierras agrícolas cerca de municipios y urbanizaciones que, en caso de incendio, hay que evacuar por el peligro que supone. Pese a denunciar que «han pasado muchos años sin una gestión forestal» y asegurar que «ya es tarde», piensa que «todavía estamos a tiempo de hacer un planteamiento global, con el compromiso de toda la sociedad y las inversiones necesarias por parte de los gobiernos, porque los bomberos no apagarán los incendios ellos solos». Añade, así, que «con partidas presupuestarias importantes y siendo capaces de mantener los bosques equilibrados, ganando terreno para la agricultura, haremos un paso adelante».

De hecho, los cuatro coinciden en la importancia de la prevención, en todas sus vertientes, para reducir la cantidad y la gravedad de los incendios forestales, que siempre ha habido y siempre habrá. La cuestión es que, si no se actúa, cada vez serán más letales.

Catalunya ha vivido un junio con fuegos forestales típicos de julio. Hasta el día 22 hubo 132, y algunos días quemaron alrededor de 30 de forma simultánea.

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