Costa

Debate territorial

El Baix Penedès quiere dejar de ser tierra de nadie

Es una de las comarcas que más crecen en población, pero se siente olvidada y alerta de un colapso en los servicios públicos

El Baix Penedès es frontera con la provincia de Barcelona

El Baix Penedès es frontera con la provincia de Barcelona




JMB

José Manuel Baselga

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Encajonada entre las áreas urbanas de Tarragona y Barcelona, el Baix Penedès reclama un reconocimiento territorial que no llega —en el contexto del Penedès histórico, que incluye también a las comarcas del Alt Penedès, Garraf y Anoia— y una gobernanza propia que le rescate de vivir a expensas de las decisiones de dos grandes áreas urbanas que le ignoran, aunque los técnicos lo consideren parte de la segunda corona metropolitana de Barcelona, con problemas y condiciones similares. Las necesarias inversiones y servicios no llegan. El Baix Penedès es apenas un pasillo entres las habitaciones nobles de Catalunya.

No es solo cuestión de sentimiento o emociones. Es la comarca catalana cuya población más ha crecido en los últimos años. Según las previsiones del Institut d’Estadística de Catalunya, seguirá creciendo en la próxima década, pero no se han dimensionado los servicios ni los equipamientos para atender a las necesidades añadidas de una población creciente. Los servicios sanitarios, educativos, de movilidad, de seguridad y asistenciales ya son insuficientes en la actualidad y autoridades y expertos temen un colapso que ya se percibe. Quizá es el momento de reactivar la vegueria del Penedès y su Plan Territorial, aprobados hace años, pero que no se ha desarrollado.

El Plan Territorial que se diseñó para el ordenamiento interno de la vegueria duerme el sueño de los justos en un cajón. Ayuntamientos, entidades y vecinos reclaman un reconocimiento territorial que permita estructurar el territorio para cubrir sus crecientes necesidades. «Si no nos gobernamos nosotros lo harán Barcelona y Tarragona», dice un actor político del territorio.

Las provincias se establecieron en 1833 por decreto, sin aprobación parlamentaria. El criterio para dibujar su perímetro fue más o menos geográfico. En el caso del Baix Penedès, el río Foix marcó la frontera entre Barcelona y Tarragona sin considerar otras circunstancias. No se permitió escoger a los municipios limítrofes. Ya entonces Cunit pidió adscribirse al Garraf, a Barcelona.

El alcalde de Cunit, Jaume Casañas, repite que la fuerza en el territorio debe lograrse desde la Vegueria del Penedès. Considera que el área entre Calafell y Sitges debería tener un relación bilateral con el Àrea Metropolitana de Barcelona, desde donde se toman decisiones que afectan al Penedès sin otorgarle voz.

El Baix Penedès tiene un gran vínculo con Barcelona. Son miles los vecinos que a diario deben desplazarse allí por motivos laborales o de estudios. Porque son miles los que por voluntad propia decidieron instalarse en el la comarca en busca de calidad de vida, o que llegaron expulsados de la ciudad por el precio de la vivienda.

Muchas segundas residencias de la comarca ya se han convertido en primera vivienda, mientras suben los precios inmobiliarios y es casi imposible encontrar alquiler para todo el año por la rentabilidad que aporta el de temporada y las mejores garantías que ofrece al propietario.

El Baix Penedès tiene una circunstancia añadida de la que alertan las administraciones locales. Buena parte de los recién llegados tienen necesidades sociales especiales, en una comarca que, pese a una leve mejoría, sigue liderando los índices de desempleo en Catalunya. El sector terciario es un motor económico cada vez con menos fuerza y la comarca carece de un desarrollo industrial alternativo, como alertan los empresarios. La Generalitat ha prometido abordar el problema, pero no llegan empresas que permitan al Baix Penedès reducir su dependencia del monocultivo del sector servicios, muy sensible a la inestabilidad.

Parte de la población que llega tiene necesidad de servicios sociales que la comarca ya es incapaz de cubrir. En no pocos casos se trata de personas de edad avanzada, circunstancia que reclama refozar equipamientos sanitarios y de atención personal. En este sentido, algunos se plantean que, en vista de que Barcelona se desahoga en el Baix Penedès, parte de los beneficios de su tasa turística recaigan en los territorios que permiten ese esponjamiento.

Esa sensación de olvido desde Barcelona y Tarragona se traduce en desapego. Para seducir al ciudadano del Baix Penedès y demostrar que la comarca es territorio tarraconense la Diputació de Tarragona ha abierto una sede en El Vendrell.

El Baix Penedès padece además un escaso sentimiento de pertenencia. La administración local no ha sabido «vender» una identidad del territorio. El presidente del Institut d’Estudis Penedesencs, Ramon Arnabat, destaca que la conciencia de identidad no está en el ADN. «No nacemos con ella. Se forma con la vida cotidiana» y sugiere que una gobernanza propia, como la vegueria, implicaría a los residentes de la comarca.

Ser territorio de frontera ha condicionado durante décadas al Baix Penedès. Pese a que durante años la Generalitat y el gobierno español insisten en que es un nudo de comunicaciones de interés estratégico, apenas se ha apostado por llevar allí industria, dinamización y dimensionar los servicios a las necesidades de la zona.

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