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«El Wind Cambrils no merecía este final tras 38 años. Nos sacan con una multa y presiones»

La emblemática escuela de vela desaparecerá en unos días. Jorge Arizmendi descarta la vía judicial después de una larga batalla con el Ayuntamiento y el cambio de criterio de Costas. Fue excluido de la licitación y aspiraba a una concesión que no ha prosperado

| Actualizado a 06 julio 2022 07:00
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«Aquí hay mucha vocación, trabajo y esfuerzo, y también lágrimas». Jorge Arizmendi se emociona mientras habla junto al Wind. No puede evitarlo. La emblemática escuela de vela que montó hace 38 años en la playa de l’Esquirol de Cambrils desaparecerá en unos días. El y su hijo mayor, Adrián, que estaba ahora al frente del negocio, han empezado ya a recoger todos los bártulos y a desmontar los módulos instalados sobre la arena. Después de meses de alegaciones y recursos con su abogado, reuniones y negociaciones e incluso una campaña en la plataforma virtual change.org que acumulaba ya más de 1.700 firmas, una sanción de 3.000 euros por parte del Ayuntamiento por seguir a pie de playa fuera del plazo estipulado y el apercibimiento de multas mayores les ha hecho desistir. Definitivamente lo dejan.

Jorge ha batallado hasta el último instante para mantener la instalación y convertirla en una base náutica fija, durante todo el año, de rango superior a la licitación de temporada que sacó a concurso el Ayuntamiento.

«Presenté a la Generalitat hace unos años un proyecto de concesión. Está registrado, debía salir igualmente a concurso y había buena predisposición tanto por parte de ellos como de los diferentes equipos de gobierno del Ayuntamiento de Cambrils, que tenían conocimiento de ello. De hecho ahora mismo ha salido uno similar en Blanes», explica Jorge. «Mi sorpresa fue cuando hace un año el Ayuntamiento sacó a licitación su proyecto en dos lotes, el del chiringuito y el de la base náutica. Yo me olvidé del chiringuito (Jorge llevaba varios años gestionando el suyo, anexo a la escuela de vela, pero las cifras astronómicas que pedían por el nuevo le obligaron a renunciar a presentarse -ahora está separado y situado unos metros más allá, junto a la Torre de l’Esquirol, con un nuevo adjudicatario). Y en cuanto al punto náutico decidí reformular mi proyecto y transformar el módulo que yo dedicaba al chiringuito en una caseta para la recepción, zonas de sombra y vending, manteniendo el resto. Era mi última carta, pero me he encontrado con que el Servei del Litoral se ha alineado con la licitación del Ayuntamiento», añade.

Fue excluido de la licitación y aspiraba a una concesión que Costas ha frenado

A pesar de mantener esa esperanza Jorge había concurrido igualmente a la licitación municipal, y ahí surgieron nuevos problemas que le persiguen aún a día de hoy. «Hice mi puja, alta (21.000 euros), porque era mi trabajo de muchos años y tenía mis clientes y contratos, las instalaciones pagadas.. todo eso era una garantía para mí. Mi oferta salió ganadora, pero en el Ayuntamiento la consideraron temeraria. Me pidieron un informe y lo presentamos con ese mismo argumentario; pero nos lo tumbaron porque entonces nos dijeron que lo que querían era un plan económico que no nos habían pedido. Por eso y por el pago de unas basuras que nos dijeron que teníamos pendiente del año pasado (700 euros). Las pagamos, pero después nos dijeron que teníamos que estar al día antes de presentarnos a la licitación».

Se inició entonces una lucha de recursos y contrarecursos, todos desestimados. Ya solo le quedaba la vía del contencioso administrativo en el juzgado, que Jorge ha descartado esta misma semana después de la posición de Costas. Su puesto naútico tendrá ahora un nuevo adjudicatario.

«No merecíamos este final después de 38 años al frente del Wind. Nos sacan con una multa, amenazas de nuevas sanciones y presiones», explica Jorge, que pone fin a un proyecto que inició en 1984, con la propia Torre de l’Esquirol como base de su escuela náutica cuando toda esa zona estaba sin urbanizar aún. «La alquilamos, y nosotros vivíamos en el interior. La actividad la ofrecíamos fuera, con unas casetas que monté de madera y hojas de palmera. Teníamos unos 2.000 metros de parcela con algunos barquitos, tablas y zodiacs. Me molesta que parimos este negocio como privados y ahora se lo apropian».

El Wind ha sido su vida y a su alrededor se había formado una gran familia con clientes sobre todo locales, pero también de Lleida, aragoneses y navarros con segunda residencia, que también deberán buscar un nuevo punto donde dejar sus embarcaciones.

«Nos sabe mal pero la normativa nos obligaba a licitar»

Desde el Ayuntamiento de Cambrils admiten que es una lástima que un negocio con tanta tradición como el Wind tenga que desaparecer, pero al mismo tiempo reconocen que la normativa obligaba a licitar y las condiciones estaban fijadas de antemano. «Los servicios jurídicos dejaron claro que tocaba licitar por el nuevo plan de usos y a partir de ahí la norma es muy clara. No licitamos por gusto», explica el concejal de Serveis, Josep Maria Vallès.

Añade que lo «lógico es que hubieran seguido ellos, pero también es cierto que durante el último año el Wind ha vivido de ilusión, porque la autorización de esa base era para el verano y no para todo el año como pretendían».

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