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De ruta por Tarragona: más allá del monasterio

Esta semana la ruta propone un paseo amable donde la naturaleza y el patrimonio de la provincia comparten protagonismo, ofreciendo una experiencia que se mide más en sensaciones que en cifras

La muralla del monasterio de Santa María de Poblet.

La muralla del monasterio de Santa María de Poblet.Santi García

Santi García

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No todas las rutas necesitan competir entre sí en términos de longitud y desnivel positivo; algunas, como la presente, proponen un paseo amable donde naturaleza y patrimonio de la provincia comparten protagonismo, ofreciendo una experiencia que se mide más en sensaciones que en cifras. Esta semana nos desplazamos hasta el entorno del Monasterio de Santa María de Poblet para recorrer antiguos caminos vinculados a la vida monástica, hoy convertidos en un itinerario accesible que, a los más curiosos, permite descubrir la huella de figuras como Eduard Toda, Albert Einstein o, incluso, Jaume I el Conquistador. Dos de ellos, de hecho, encontraron el descanso eterno en el monasterio.

Panel de señalización del itinerario.

Panel de señalización del itinerario.Santi García

Instrucciones de la ruta

Estacionamos en el aparcamiento del monasterio de Santa María de Poblet y caminamos en paralelo a la T-700 en dirección a l’Espluga de Francolí, como si quisiéramos deshacer nuestros pasos. Dejamos atrás el àrea de picnic de la Font dels Sant Màrtirs y, allí donde la calzada gira a la izquierda, surge un sendero que cruza el barranc de la Pena y rodea el templo. El itinerario conduce a Les Masies, un núcleo turístico y de segunda residencia, y avanza en paralelo a la TV-7007 hasta el punto de información de la Font de la Magnèsia. A continuación, abandonamos el asfalto para seguir por una pista forestal y tomamos el primer cruce a la izquierda, en dirección al Mirador del Tossal de la Creu. Tras disfrutar de las vistas, el camino desciende hasta conectar con el Itinerari de Benestar i Silenci, que podemos seguir para pasar por la Font de l’Abat Siscar de regreso al monasterio.

Mural pintado en el edificio de Les Masies.

Mural pintado en el edificio de Les Masies.Santi Garcia

Dificultad de la ruta

Lo que a unos resulta fácil a otros parece difícil: he aquí el galimatías del senderismo. Por suerte, existen escalas de graduación que establecen la dureza de un recorrido a partir de factores observables. El Método SENDIF, creado por la Taula de Camins de l’Alt Pirineu i Aran, sostiene que la dificultad de un itinerario de senderismo depende, por una parte, del esfuerzo físico que este supone y, por otra parte, de los obstáculos que presenta el camino. Desde el punto de vista de la dificultad física, se trata de una ruta de dureza fácil, a juzgar por sus 5,98 kilómetros de distancia y 174 metros de desnivel positivo. El segmento más demandante es el que una la Font de la Magnèsia y el Mirador del Tossal de la Creu, pues es donde se salva la totalidad del desnivel positivo. En cualquier caso, que gran parte del ascenso se desarrolle en la pista forestal del barranc de La Pena, por la que pueden circular los vehículos, facilita progresar con comodidad por un itinerario que, además, carece de dificultad física u obstáculos reseñables.

Completar este itinerario de ida y vuelta requiere 1 hora y 51 minutos en movimiento, que se convierten en 2 hora y 19 minutos si añadimos margen relativo a las paradas. El cálculo se ha hecho con un ritmo aproximado de 4 km/h en llano, 300 m/h de ascenso y 400 m/h de descenso, un paso asequible para la mayoría de los senderistas. Podemos ampliar el recorrido si, antes de cruzar el barranc de La Pena, visitamos la Font de Sant Bernat.

El Tossal de la Creu y los viñedos.

El Tossal de la Creu y los viñedos.Santi García

‘Ora et labora’

En esta ruta, en lugar de internarnos en el Bosc de Poblet —esa masa forestal con historia cuyo aspecto actual se debe en buena medida a la repoblación del siglo XX—, caminamos por tierras que en su día formaron parte de las granjas pobletanas. Ramon Berenguer IV donó al monasterio de Fontfroide y a su abad el lugar conocido como Huerto de Poblet con el objetivo de fundar un cenobio dedicado al servicio de Dios. A partir de esta donación, una primera comunidad de doce monjes cistercienses cruzó el Pirineo rumbo al hortus populeti, siguiendo la Regla de San Benito, que propugnaba la autosuficiencia de la vida monástica mediante el trabajo y la producción de todo lo necesario para su sustento. A fin de garantizar su sustento y facilitar la repoblación del territorio, el conde les concedió —como recoge Agustí Altisent en Història de Poblet— «tanta terra de conreu com sigui necessària per al treball i per a les necessitats dels germans que allí serviran a Déu». Según explica Manel Martíenz i Garcia en El Bosc de Poblet al llarg del temps, estas tierras se organizaron en granjas como Milmanda, Mitjana, Riudabella, la Pena, Castellfollit o el Titllar: unidades territoriales separadas del monasterio cuyo centro de actividad era la casa o el mas. El caso más llamativo es el de Riudabella, que se alza en el horizonte como una fortaleza amurallada.

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