Encuentros

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Cómo es eso de perderse a uno mismo

La autora habla sobre la violencia invisible que puede surgir en una relación tóxica

Lucía Solla Sobral

Lucía Solla SobralCedida

Ana Punset
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Marina hace poco que ha perdido a su padre cuando conoce a Jaime, un compositor de atmósferas o decorador divorciado, que la lleva más de veinte años y con una hija de su edad. El estado anímico de Marina en ese momento es delicado y, quizá por eso, se lanza de cabeza en una relación que, aunque se pinta de un color, es de otro bien distinto. Y cada vez que Jaime grita, o se pasa días sin hablarle, o le hace comer carne, cuando es vegana, ella logra vomitar lo malo y quedarse con lo bueno: el desayuno del día siguiente, el cuidado o cualquier otro gesto que logra, aparentemente, superarlo. Pero no se puede vomitar todo lo malo y seguir como si nada, porque expulsar todo lo que pesa adentro es realmente agotador…

Lucía Solla Sobral se estrena con una obra sensible, colmada de matices, que logra atrapar al lector con su narración frenética. Irradia emoción a raudales hasta la última página, mezclando partes poéticas y sutiles con otras mucho más brutales. Mediante una prosa ágilmente elaborada a partir de perspicaces, sorprendentes y expresivas imágenes, llena de texturas todo lo que le sucede a la protagonista. En el momento en el que el lector entra en ese huracán en el que Marina también entra, dejándose a sí misma atrás con cada día que pasa (abandona el piso que comparte con su amiga, abandona salir con sus amigos, abandona el veganismo), perdiendo su identidad hasta aceptar vomitar cada día para cumplir con las exigencias de Jaime, ya ninguno logra salir de él. El recuento que va haciendo cada cierto tiempo sobre lo que tiene o no tiene, las preguntas que se hace sobre quién es ella sin lo perdido, pone énfasis en ese sacrificio que a veces es voluntario a veces no. Marina busca la estabilidad del pasado vivido junto a su padre en el presente, junto a ese hombre que dice cuidarla y amarla, en la casa más bonita del mundo. Hasta que el lector y ella comprenden al mismo tiempo que “Sabía que había hombres que gritaban, que controlaban, que humillaban, pero no sabía que era posible enamorarse de ellos”.

La autora gallega habla del duelo, de una violencia invisible que no es física, pero igualmente destructora, habla de sueños, de lo que se espera de la vida y lo que cuesta encontrarlo, ya no digo alcanzarlo. También habla de la familia, de la amistad y de esa red de apoyo tan importante con tal de encontrarse a uno mismo después de perderse. Pero, sobre todo, habla de cómo puede llegar a doler el amor mal entendido.

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