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Rafael Amargo: ‘Bailo desde que estaba en el vientre de mi madre’

El bailaor presenta hoy, en el Camp de Mart, su último espectáculo con la Joven Compañía Nacional de flamenco

| Actualizado a 01 julio 2022 07:00
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El bailaor Rafael Amargo (Granada, 1975) regresa al Camp de Mart después de su última actuación en 2009. Lo hace con el nuevo espectáculo junto a la Joven Compañía Nacional de flamenco (22.00 horas).

¿Es cierta la leyenda que cuenta que a usted le bautizó Pedro Almodóvar?

Más bien me rebautizó. Ten en cuenta que yo me llamo Jesús García y ese nombre para un artista no casa mucho. Pedro me vio bailar un día en el Café Chinitas de Madrid, uno de los tablaos flamencos más importantes del país, y me dijo, tras la actuación, que debía buscarme un nombre artístico. Le comenté que, de pequeño, me llamaban Amargo, pero que no me gustaba mucho. Me respondió que era el nombre perfecto. Ese día, Pedro iba acompañado de Uma Thurman y Tarantino.

A usted le han pasado cosas curiosas. Se le considera el hijo sentimental de Chavela Vargas y el bailarín de Lola Flores.

Es un honor. Creo que soy una persona muy natural, con buena energía, admiro a mucha a gente, pero no me considero mitómano. Así que he dejado fluir y he podido conocer a artistas increíbles. Con Lola empecé a bailar con solo 15 años, imagínate.

Pero, ¿cuándo empezó a bailar?

Yo bailo desde que estaba en el vientre de mi madre. Piensa que nací a los siete meses de embarazo porque no podía estar quieto ahí dentro. Necesitaba salir para moverme (sonríe).

Da la impresión de que hablo con un torbellino artístico. Amargo es, en esencia, un bailaor de flamenco, aunque la inquietud también le ha llevado a la danza contemporánea.

No me gusta mucho la palabra fusión, porque lleva a la confusión. Me considero un artista de flamenco, tampoco soy tan moderno, pero con la capacidad para formarme en otros ámbitos como la danza contemporánea, me fui a Nueva York y a París para estudiar y empaparme de ella. No se me caen los anillos.

El nuevo espectáculo que trae a Tarragona, con la Joven Compañía Nacional de flamenco, ¿es una manera de reivindicares y liberarse de las acusaciones relacionadas con la droga que ha recibido en los últimos tiempos?

El ejercicio de subirme a un escenario con gente sin prejuicios, gente transparente, alejada de los grises, es algo que me reconforta mucho. Sí, también puede que me libere, porque al final muestro todo lo que sé hacer al público acompañado de unas niñas que, dentro de muy poco, van a convertirse en artistas, porque llevan el arte dentro.

¿En España existe la presunción de inocencia?

Por mi experiencia personal creo que no. Te señalan y te acusan antes de que un juez decida. Se pasa mal, no te lo negaré, pero tengo la conciencia tranquila. Poco a poco me doy cuenta de que, aquellos que fueron contra mí de una forma grosera, sin ni siquiera llamarme presunto, reculan.

Por cierto, su espectáculo cuenta con colaboraciones de lujo que también van a actuar en el Camp de Mart.

Vienen conmigo Elena Miajailova (violín), Diego Carrasco el Rey del Compás, Curro (Navajita Plateá) Maloko y Ane Carrasco. La verdad es que no me puedo quejar de este elenco de talentos. Es un privilegio para mí.

Ya ha llovido desde que pisó por última vez el Camp de Mart.

Lo recuerdo con mucho cariño, por Tarragona me han tratado de maravilla siempre que he venido. Aquella vez presentamos La difícil sencillez, de García Lorca. También había estado en la ciudad poco antes para ver en directo a Manolo García, pero como público.

Usted nació en Granada, una ciudad que muy relacionada con el arte. ¿Qué tiene de especial que salen de ahí tantas figuras?

En Granada existe la leyenda del Duende, de García Lorca. Creo que el duende que tenemos allí provoca que salgan tantos artistas de calidad relacionados con todas las facetas del arte.

Oiga, ¿y es cierto que Gadafi le pagó 100.000 euros por verle bailar en una fiesta privada?

Creo que me pagó algo más, sino recuerdo mal. Al final es un poco como Fidel Castro, aunque no comparto las mismas ideas que ellos, si te contratan, te vienen a buscar al aeropuerto y te dan todas las facilidades para hacer tu trabajo, yo no puedo hablar mal de ellos. A nivel personal siempre fui muy bien acogido.

Con el paso de los años, ¿el público le sigue tratando bien o la gente se cansa de ver siempre las mismas caras?

Sinceramente, me siento un afortunado en este sentido. Nunca he sentido el abandono del público, todo lo contrario, lo he notado cerca, pendiente de mi trabajo y eso es algo que los artistas valoramos mucho. Trabajamos y mostramos nuestros espectáculos para hacer feliz a la gente.

Y usted, ¿ha cambiado mucho?

Soy una persona muy sencilla, siempre lo he sido, por eso se me han acercado artistas de tanto nivel durante todos estos años de carrera. Nunca he dado la espalda a nadie y, sobre todo, conservo la ilusión.

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