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Balance del año

Así ha sido el 2025 del Nàstic de Tarragona

El conjunto grana se levantó con coraje y valentía de la final pérdida ante el Málaga y logró llegar a otra, pero volvió a caer esta vez ante el Sanse. Un 2025 con tres entrenadores y con la despedida de varios jugadores emblemáticos

Óscar Sanz marcó el primer gol oficial del equipo esta temporada, en el debut liguero ante el Algeciras (2-1).

Óscar Sanz marcó el primer gol oficial del equipo esta temporada, en el debut liguero ante el Algeciras (2-1).Xavi Salvadó/Nàstic

Juanfran Moreno

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Adiós a 2025. Adiós a ese año que pudo recordarse con la gloria en la memoria, pero que con el paso del tiempo seguirá observándose con recelo y tristeza. Fue un año en el que un club tarraconense se levantó tras haberse quedado a segundos del ascenso a Segunda División. Lo hizo a lo grande, colándose de nuevo en la final del play-off de ascenso y demostrando una personalidad y un amor por el escudo intachables por parte de unos jugadores que se identificaban con la afición como pocos.

Sin embargo, el fútbol volvió a ser cruel. El Nàstic perdió otra final de ascenso a Segunda División solo un año después de aquel fatídico 22 de junio de 2024 en el Nou Estadi ante el Málaga. El 22 de junio de 2025 cambiaron el escenario y el rival —Zubieta y el Sanse—, pero el dolor fue el mismo. El fútbol se ensañó con un Nàstic que volvió a dejarlo todo sobre el verde, pero sin premio.

Un año de momentos duros

Pese a que en lo deportivo fue un año notable, en el que solo faltó el ascenso para alcanzar el excelente, no se puede decir que 2025 fuese un camino de rosas para la entidad. El Nàstic volvió a ganar mucho, pero también a sufrir mucho. Fue un curso en el que el Nou Estadi se convirtió en un fortín, aunque la poca competitividad lejos de casa provocó un terremoto a falta de dos jornadas para el final del campeonato liguero. Con el play-off en el bolsillo, un empate ante el Lugo en el feudo grana supuso el fin de la era Dani Vidal. El técnico tarraconense se marchó con el cariño de una afición y un vestuario que le mostraron su respaldo de manera unánime, en una de las despedidas más emotivas que se recuerdan.

En su lugar, el Nàstic se arropó en uno de sus héroes del pasado. Fue a buscar a Luis César, el técnico que ascendió a los granas a Primera División hace dos décadas, y que llegó con la ilusión de firmar otro ascenso desde el banquillo. Desde el inicio, su aterrizaje fue forzoso para una afición que no terminó de comprar sus ideas. Pese a ello, el vestuario siguió convenciendo a la hinchada y el premio estuvo cerca. El Nàstic se metió quinto en el play-off y firmó la heroica al eliminar al Murcia en el Enrique Roca, en una vuelta de semifinales para la historia.

Otro final cruel para la historia

En la final ante el Sanse parecía imposible volver a vivir otra pesadilla, pero el destino volvió a ser cruel. La derrota en el Nou Estadi (1-3) en la ida fue un martirio que dejó la eliminatoria en terreno casi milagroso. El Nàstic no se rindió y en Zubieta logró un 0-2 que llevó el partido a una prórroga de infarto. Allí, el conjunto grana, víctima de un polémico penalti, volvió a caer de pie. Un gol lo mandó a la lona y puso fin a un proyecto que ya jamás sería igual.

El golpe fue duro y provocó numerosos movimientos en el mercado de verano más activo que se recuerda en años. Javi Sanz abandonó la dirección deportiva y en su lugar llegó Noé Calleja, procedente del Getafe. En el banquillo continuó Luis César, pese a las dudas sobre su continuidad. El gran cambio llegó en un vestuario en el que solo siete futbolistas siguieron y del que se marcharon —unos por voluntad propia y otros por decisión del club— jugadores capitales como Joan Oriol, Pol Domingo, Alberto Varo, Pablo Fernández, Víctor Narro, Antoñín Cortés o Ander Gorostidi, entre otros.

El nuevo Nàstic arrancó la temporada 2025-2026 renovado, con ganas de seguir dando guerra y de añadir un capítulo más a su historia de resiliencia. Sin embargo, desde el inicio faltó la comunión entre equipo y grada que se había construido en los dos años anteriores. El Nàstic no terminaba de identificar a los suyos y la clasificación era más amable que lo que reflejaba un juego que no convencía a nadie.

Finalmente, cuando los resultados dejaron de acompañar, se tomó la decisión de cesar a Luis César. Fue tras el 0-3 ante el Atlético Madrileño del pasado 2 de noviembre, en un Nou Estadi que dictó sentencia. Un infierno que se saldó con el adiós del técnico gallego y la llegada de Cristóbal Parralo al banquillo grana.

Parralo, la nueva ilusión

El conjunto tarraconense se arropó en un entrenador con experiencia en la categoría, con un ascenso bajo el brazo con el Ferrol y con un pasado como futbolista de élite tras haber vestido camisetas como las del Barça o PSG. Con él se ha recuperado el rumbo, la identidad y la competitividad. Hay faena por delante, pero la situación es muy diferente a meses atrás.

El 2026 ya está aquí y el Nàstic siente que el fútbol no solo le debe una, le debe dos. Por eso no se rendirá. Y porque detrás tiene a 8.000 fieles que tampoco están dispuestos a permitirlo.

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