Fútbol
Jaume Jardí saca el ventolín y le da el triunfo al Nàstic de Tarragona frente al Ibiza (1-0)
El reusense da el triunfo al Nàstic ante el Ibiza, pone fin a una racha de cuatro derrotas consecutivas y permite a los grana volver a respirar. Rebollo y el palo evitaron la tragedia final

Jardí celebra el gol conseguido frente al Ibiza.
El Nàstic de Tarragona puso fin a una mala racha de cuatro derrotas consecutivas gracias a un solitario gol de Jaume Jardí en la primera mitad. Dani Rebollo y el larguero hicieron el resto. El Nàstic tiene pulso, pero sigue bajo vigilancia.
Cuatro derrotas eran demasiadas incluso para un Cristóbal Parralo que terminó variando sus planes y cambiando parte del guion. Tocó el once en forma y en rostros. Insertó a Aitor Gelardo de inicio para reforzar la medular e hizo debutar a Hugo Pérez en el centro de la defensa. Sobre el papel, todo apuntaba a que el Nàstic de Tarragona iba a comparecer con un 4-3-3 de salida y no con el habitual 4-4-2. La otra gran novedad fue la posición de Jaume Jardí, que regresaba a la banda derecha. No era un asunto baladí, puesto que el reusense había perdido impacto y fuelle en un costado izquierdo en el que su nivel de determinación se había ido evaporando.
Un buen inicio grana
Bastaron diez minutos de partido para comprobar que el Nàstic quería demostrar desde el primer momento que tenía ganas de ganarse el perdón de su gente. No apretaba el reloj, apretaba el recuerdo. La intensidad estaba presente ante un Ibiza que entendió pronto que tocaba resistir la tromba inicial. No eran demasiadas las llegadas, pero el peso del partido era claramente grana. El Nou Estadi, con mucha menos asistencia de la habitual, observaba con recelo, consciente de que esta temporada ni siquiera cuando se merece la felicidad se acaba obteniendo.
La primera ocasión tarraconense tardó en llegar. Fue en una acción a balón parado en la que Marc Montalvo colgó un centro con rosca y mucho veneno. Ramón Juan estuvo hábil para despejar casi sobre el suelo y, en el rechace, reinó Álex Jiménez. El murciano conquistó un mar de piernas para armar el disparo, pero su chut se marchó por encima del larguero.
Jardí persigue la suerte
Decía Óscar Sanz que al Nàstic siempre le salía cruz cuando tiraba la moneda porque la inercia era mala. No le faltaba razón al capitán, pero en el fútbol, como en la vida, solo le sonríe la suerte a quien la persigue y la pelea. Jaume Jardí entiende el juego de ese modo y, en una presión con más fe que realidad, desató la locura.
Corría el minuto 35 cuando el portero rival, Ramón Juan, llegó justo al despeje y el cuero repelió en el cuerpo del reusense, dibujando una trayectoria tan extraña como optimista. La pelota, sin demasiada incertidumbre, acabó entrando en la portería y el ‘10’ se señaló el escudo, dejando claro que se puede dudar de muchas cosas, pero jamás de su fútbol.
El descanso llegó con el Nàstic sonriendo tras muchas semanas de lágrimas. Aire en medio del infierno. Ni tan mal. Eso sí, todavía quedaba mucho por delante y el Ibiza iba a presentar dificultades en la segunda mitad con casi total seguridad.
Rebollo sostiene y el palo salva
Así fue en un inicio del segundo acto en el que los celestes pusieron a prueba hasta en dos ocasiones a Dani Rebollo. En la primera fue Bebé y en la segunda Sergio Díez, obligando a intervenir a un meta onubense firme, especialmente en el primer palo, para repeler ambos disparos.
Aquellas dos acciones fueron el síntoma inicial de que al Nàstic le iba a costar mucho más tras el descanso. El Ibiza pasó a controlar más el cuero porque con balón estaba más fino y sin él presionaba mejor a un conjunto grana incapaz de mascar las jugadas. Los minutos avanzaban y la sensación de sufrimiento iba creciendo de manera inevitable.
El Nàstic necesitaba energía y Parralo se la dio desde el banquillo. Ya había entrado Juanda por Jardí cuando el técnico cordobés apostó por un triple cambio: Agus, Enric Pujol y Pau Martínez entraron por Hugo Pérez, Aitor Gelardo y Álex Jiménez. Hombre por hombre para mantener el dibujo, pero con la intención de subir el ritmo de piernas.
Agonia finales
El susto llegó casi de inmediato. Max Svensson, otro de los futbolistas que había ingresado desde el banquillo por parte del Ibiza, controló una bola suelta dentro del área y su disparo pasó cerca del palo largo de Rebollo. El Nàstic seguía sin encontrar poso, sin balón y con cada vez más señales de alarma.
Los minutos finales fueron de puro nervio, de esos en los que el miedo a no ganar se instala en cada acción. El Ibiza se lanzó con todo ante un Nàstic que solo pudo resistir. La confianza no daba para más. Fueron segundos finales en los que no pasaba nada… hasta que casi pasa todo. Castillo aprovechó un pase filtrado y un resbalón de Alba para plantarse solo ante Rebollo, que firmó una parada de mucho mérito. El susto no había terminado porque Bebé se sacó uno de sus habituales misiles que se estrelló contra el larguero.
La suerte, por una vez, fue grana. Llegó esa victoria tan necesaria para rebajar tensiones. Tras cuatro derrotas consecutivas, el triunfo supo a aire puro. Jardí sacó el ventolín. El Nàstic respira.