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Tragedia en las vías

Pesadillas, miedo y ansiedad: las secuelas invisibles de un accidente como el de Córdoba

Los psicólogos advierten que la recuperación emocional tras la tragedia de Adamuz puede durar hasta un año

El tren Alvia accidentado en AdamuzRenfe

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Bàrbara BatallaEFE

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La tragedia ferroviaria ocurrida este domingo en Adamuz (Córdoba), en la que al menos 39 personas han perdido la vida, no termina en el lugar del siniestro. Para los supervivientes y familiares de las víctimas, el impacto emocional puede prolongarse durante al menos un año, un periodo marcado por picos de angustia, miedo, insomnio y pesadillas que reviven lo ocurrido.

Así lo explica Mónica Pereira, psicóloga de Emergencias del Colegio de Psicólogos de Madrid, quien advierte de que este tipo de reacciones forman parte del proceso normal del cerebro para intentar asimilar una experiencia extrema. “Los síntomas son más intensos durante el primer mes, cuando aparecen problemas de sueño, hipersomnia, temblores o un profundo malestar emocional”, señala en declaraciones a EFE.

Según la especialista, 8 de cada 10 personas que viven una tragedia de este tipo logran superarla por sí solas. Sin embargo, un 10 % necesita ayuda profesional, mientras que otro 10 % desarrolla lo que se conoce como resiliencia, una capacidad de crecimiento personal tras el trauma. “Si alguien se queda estancado en el proceso, es fundamental pedir ayuda. En el 99 % de los casos, se sale adelante”, subraya.

Las pesadillas intensas, en las que se revive el accidente, suelen ser uno de los síntomas más alarmantes. “Asustan mucho, pero es importante explicar que entran dentro del proceso normal de recuperación”, afirma Pereira. Tras un suceso así, añade, la forma de ver el mundo cambia: “Vivimos pensando que somos infalibles y un accidente nos da un golpe de realidad. De repente, la vida se percibe como peligrosa”. 

En ese contexto, la intervención psicológica resulta clave. “Damos herramientas para que el paciente relativice lo ocurrido y deje de sentir que está constantemente en peligro”, explica la psicóloga. Tras una tragedia, el proceso emocional “se desconfigura” y comienza un camino para recomponerlo poco a poco.

Es habitual que los supervivientes marquen el accidente como un antes y un después en sus vidas. Durante el primer año, muchas personas reviven lo sucedido una y otra vez, lo que puede intensificar los síntomas. El impacto, no obstante, varía según las consecuencias físicas sufridas, ya que no es lo mismo salir ileso que arrastrar una lesión permanente.

Las primeras horas tras el accidente suelen estar dominadas por el shock, la confusión y la incredulidad. “Nadie se sube a un tren pensando que algo así le va a ocurrir”, recuerda Pereira. Crisis de ansiedad, llanto, estupor o deambulación sin rumbo son reacciones frecuentes en esos momentos iniciales.

Ante estas situaciones, los psicólogos de emergencias comienzan con un proceso de escucha activa para valorar el estado del afectado y ofrecer las primeras pautas que ayuden a gestionar los picos emocionales. “La mente entra en modo defensa y se queda en shock para amortiguar el dolor”, explica.

El objetivo final, concluye la especialista, es ayudar a la persona a construir un relato real de lo vivido, entenderlo y situarse no en el trauma, sino en la supervivencia. Un proceso largo, invisible, pero decisivo para poder seguir adelante tras una tragedia que deja una huella profunda más allá de las vías del tren.