Manel Sanromà: «Lo que más me asusta de la IA son los frívolos que dicen que no pasa nada»

‘Padre’ de Tinet, este experto en nuevas tecnologías no esconde su fascinación por la inteligencia artificial, que ve necesario regular

Hablar con Manel Sanromà es hacerlo, inevitablemente, de tecnología, de internet, de esa inteligencia artificial que tan en boga está en estos momentos. Pero es también hacerlo de Tarragona, una ciudad que recientemente le nombró hijo predilecto. Doctor en Astrofísica, profesor de Matemáticas en la URV, fundador en 1995 de Tinet, la primera red ciudadana de internet en España y una de las primeras de Europa... Su currículum es tan extenso como impresionante. Y, con 66 años, se mantiene activo. Tanto, que ha impulsado Civicai, un ente que pide el acceso libre y ético a la inteligencia artificial por el bien común y para huir del control de gobiernos y empresas.

Su trayectoria profesional está estrechamente ligada a las nuevas tecnologías, pero, ¿recuerda cómo era su vida antes de internet?

Sí, claro, mucho, yo ya tengo una edad y gran parte de mi vida transcurrió antes de la aparición de internet. La primera vez que oí hablar de internet fue en Estados Unidos en 1981. Me quedé fascinado al ver que lo que hacía un ordenador se podía ver en red a kilómetros de distancia. Tuve claro que aquello cambiaría el mundo. Y a mí, desde luego, me cambió la vida.

Usted contribuyó a la democratización de internet desde Tarragona con Tinet.

Sí, era 1995, cuando internet era una tecnología aún un poco desconocida para el gran público. Conscientes de su importancia, nos propusimos ponerlo al alcance de toda la ciudadanía. Y se convirtió en la primera red ciudadana en todo el Estado español y una de las tres primeras en Europa.

Todo un hito para un territorio como Tarragona.

Sí, en un momento en que las líneas para conectarse a internet eran realmente caras, Tinet ofrecía una conexión a un precio simbólico, prácticamente gratuito, a todos los ciudadanos. Sí, fue algo muy importante.

Como bien dice, internet cambió el mundo. Tanto, que ya no concebimos ninguna tarea sin esta tecnología. Pero, ¿nos hizo más libres o más esclavos?

Nos ha hecho más humanos. La humanidad no es algo cerrado. Es verdad que en el sentido de la dependencia de la tecnología no somos más libres. Pero nos ha proporcionado herramientas para una mejor educación, cultura, desarrollar la inteligencia natural... En parámetros objetivos, es obvio que vivimos mejor ahora que hace cincuenta años. En términos realistas, podemos decir que la tecnología nos ha hecho más humanos y más libres, pero en determinados momentos puede crear gravísimos problemas. Nos hace más libres si sabemos utilizar la libertad. La tecnología es una de las políticas más nobles porque es democrática. Somos humanos por la tecnología.

En algún momento pensamos que tener acceso a las ideas de todo el mundo nos haría más permeables, más comprensivos, más empáticos, pero ha ocurrido lo contrario: nos retroalimentamos de la gente que piensa como nosotros y nos radicalizamos más.

Sí, tenemos la tecnología de los dioses, pero continuamos siendo tribales, ha aumentado el nacionalismo. Somos globales porque la tecnología nos hace globales, pero somos tribales, con miedo al diferente, a lo nuevo... Nuestro cerebro ha evolucionado poco. Utilizamos las redes sociales y la tecnología para tribalizarnos. Aunque yo soy muy optimista. Internet ha globalizado el mundo y lo ha hecho más pequeño.

Más pequeño y más exigente. Con la tecnología todo cambia constantemente y a una velocidad de vértigo. ¿La sociedad está preparada para ir tan rápido?

Este es un problema muy grave. La aceleración del progreso es tan grande que llega un momento en que los humanos no podemos seguirla. Y eso ya está aquí.

Sí, hablamos de internet y ya estamos en la era de la inteligencia artificial (IA), un enorme salto cualitativo.

La IA no es una evolución, es una revolución. De hecho, es la madre de todas las revoluciones. Yo no pensaba que viviría una cosa así.

¿Ha probado el ChatGPT?

Sí, en las pasadas Navidades. Y me sorprendió su capacidad de crear modelos de lenguaje. Es una nueva máquina capaz de tejer redes neuronales, que se alimenta de todo tipo de información en todos los idiomas. Es algo realmente muy potente. Comencé a pensar qué es lo que hay que hacer ahora con esta revolución.

¿Y qué hay que hacer?

De entrada, informar de lo que es, hablar de ella y reflexionar. Es muy importante que participe cuanta más gente mejor. Si no, tendrá menos de democrática. Si el pueblo no hubiera tomado la Bastilla, la historia habría sido muy distinta. Del mismo modo, si el pueblo no toma protagonismo en esta revolución que es de 360 grados, podría quedar en manos de los gobiernos y las empresas, que tienen sus propias agendas y no defienden los intereses generales.

Estamos, pues, ante un gran avance pero al mismo tiempo ante un arma muy peligrosa.

Sí, estamos ante una nueva edición de la caja de Pandora. Esta viene de cuando Zeus se enfada con Prometeus porque regala el fuego, que era de los dioses, a los hombres. Lo condena de por vida y le castiga a la humanidad. Prometeus ha da casarse con la primera mujer, Pandora. Como regalo de boda le da una caja donde está toda la sabiduría, pero le pide que no la abra porque puede causar el caos. Pandora abre la caja y sale la muerte, las enfermedades... al final solo queda la esperanza, por eso es lo último que se pierde. Y ahora estamos abriendo la caja de Pandora pero en la tecnología.

Y allí dentro, en la inteligencia artificial, hay también mucha sabiduría, ¿no?

Sí, evidentemente. La inteligencia artificial ya salva cantidad de vidas y genera numerosos beneficios económicos y sociales. Solo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de ello.

Y, como la caja de Pandora, ¿al abrirla también podemos desatar el caos?

Sí, la mitad de los expertos vaticinan que se generarán grandes perturbaciones. Y es que esta gran revolución afecta a la verdad. Esta es la primera gran batalla. Se crearán mundos virtuales que serán difíciles de distinguir de los mundos reales.

¿Es esto lo que más le asusta de toda esta revolución?

Lo que me pone más nervioso son los negacionistas, esos frívolos inconscientes que dicen que no pasa nada. Hay que tener mucho cuidado con los mensajes frívolos o no informados.

¿Esto puede poner en peligro la democracia?

De entrada, la inteligencia artificial puede hacer lo mismo que hizo Tejero por la democracia, dar un golpe y matar todos los pequeños golpes que se estaban gestando contra la democracia, de modo que la va a consolidar.

¿Y cómo podemos garantizar que vaya a ser así?

La tecnología puede ser una gran aliada de la democracia, pero también un peligro. Por eso es necesario controlarla, regularla.

¿Y cómo se puede regular? El problema excede las competencias de un país. ¿Qué hacer?

Evidentemente, no es cosa de un país, pero sí puede ser un peligro que lo controle un país, ya sea Estados Unidos o China, que tienen sus propios intereses. Regular la inteligencia artificial requiere como mínimo de una agencia mundial del tipo de la Organización Internacional de la Energía Nuclear, un centro mundial de cooperación que tiene por objeto promover la utilización de las tecnologías nucleares con fines pacíficos y en condiciones de seguridad tecnológica y física. Y esta agencia mundial reguladora de la inteligencia artificial debería tener permiso para acceder a los laboratorios de las empresas tecnológicas, como Google, para controlar que se hace allí.

¿Podemos confiar en que un organismo de estas características velará por el bien de todas las personas de todos los países?

Es que la agencia debe contar con una participación directa de la ciudadanía, con los medios de comunicación y los periodistas a la cabeza.

¿Periodistas?

Sí, su papel debe ser fundamental. Como lo ha sido a lo largo de la historia. Su objetivo es ejercer de control del poder. Gracias a los periodistas hemos sabido que se producen crímenes de guerra y otras cosas. Ellos deben ser la punta de lanza de la sociedad civil, con los ciudadanos también muy implicados.

¿Esta referencia que hace a la agencia nuclear tiene algo de analogía en el sentido de que la inteligencia artificial, como la energía nuclear, puede ser buena o mala en función del uso que se le dé?

Efectivamente. La energía nuclear puede iluminar nuestras casas y calles y lograr grandes avances en el campo de la medicina, por ejemplo, pero también puede destruir el planeta. La gran diferencia es que la energía nuclear no puede decidir cómo crear catástrofes, y la inteligencia artificial, sí.

Eso asusta. ¿Estamos aún a tiempo de impedir que haga una cosa así?

Lo principal es no darle acceso a internet. De hecho, si le preguntas al ChatGPT sobre esto, lo primero que te pide es poder acceder a internet y a las redes sociales. Yo se lo negaría.

Uno de los principales temores viene motivado por los cambios que introducirá en el mercado de trabajo, dejando a muchas personas fuera de juego.

Sí, esto va a ser inevitable. Hay que ver qué hacemos con toda esta gente. Para un gobierno democrático crear bolsas de desempleados sin nada que hacer es una bomba.

¿Y cómo afrontar un problema tan grave?

Habría que apostar por incentivar nuevos trabajos y formar a esa gente. La inteligencia artificial traerá un clarísimo aumento de la productividad que redundará en mayores beneficios para las empresas. Una parte de esos beneficios debe destinarse a esta gente que se ha visto perjudicada. Se la puede subvencionar y que se quede en casa, pero yo prefiero ocuparles en trabajos que hasta ahora no se hacían (cuidar enfermos, ancianos, mejorar jardines...).

¿Se ha imaginado alguna vez la posibilidad de un gran apagón de internet?

Un apagón total sería traumático, sobre todo a nivel social, más problemático y mortal que la Covid. Pero el ser humano sobreviviría, el hombre ha demostrado ser muy resiliente.

Usted es hijo predilecto de Tarragona. ¿Cómo ve la ciudad?

Me siento muy honrado de ser hijo predilecto de Tarragona y le estoy agradecido al alcalde Ricomà. Tarragona es para mí una madre social y cultural y la quiero mucho, pero eso no me impide ver que no es la más bonita, ni la más rica... Hay muchas cosas que no me gustan. La primera es su sociedad, ese quejarse tanto. Pediría a los tarraconenses que dejen la queja, que improvisen y se arriesguen, que dejen de apartar a los jóvenes, que no manden los de siempre.

¿Y qué le pediría al próximo alcalde de la ciudad?

Que sea consciente de que Tarragona tiene problemas. Tiene gente muy válida y necesita salir del marasmo. Da vergüenza ver los mismos problemas de siempre sin resolverse. Crearía una concejalía de temas pendientes para ir resolviéndolos. Hemos tenido los alcaldes que nos merecemos. Son un síntoma. Aquí no sobran los líderes. Pero uno de los mayores activos de la ciudad, la fiesta de Santa Tecla, la ha creado la gente, no el Ayuntamiento. Tarragona tiene que hablar con Reus, que es su socio natural. Y luchar contra el «es que...».

¿Se atreve a pronosticar cómo será el futuro?

Desde luego, no está escrito. Algunos dicen que hay cosas que solo pueden hacer los humanos. Pues yo ya no sé qué decirte...

Una última pregunta: ¿Usted practica la desconexión digital, o sea, hay un momento del día en que diga ‘ahora no hay móviles’?

Solo cuando practico yoga o mindfulness. Aparte de eso, estoy siempre conectado, incluso cuando disfruto de la naturaleza, de los amigos y las personas que quiero o de un una buena comida o un buen libro.