La impunidad del sistema bancario

El proceso inflacionario, estimulado por los efectos del conflicto bélico en Ucrania, está resultando muy favorable a la banca, porque en su intento de frenar la escalada de los precios, provocó el alza de los tipos de interés en Europa.

La subida del euribor, que es el indicador más utilizado, hizo que las hipotecas variables tuvieran un fuerte incremento. Ha sido el más importante en 23 años. Esto repercute en más de 5 millones de familias que tienen un préstamo pendiente de pago, lo que implica una deuda total con la banca por 420.000 millones de euros. Los analistas estiman que muchas familias tendrán dificultades para asumir ese aumento.

Con intención de aliviar el impacto de las hipotecas, el gobierno hizo gestiones ante los bancos a fines del año pasado, que culminaron con un Acuerdo de Buenas Prácticas. Ofrecía alternativas para los hipotecados con rentas inferiores a los 29.400 euros. Pero al parecer no tuvo los efectos esperados. Y los paliativos directos que en el futuro pueda ofrecer el gobierno a las más vulnerables, afectarían el presupuesto, lo que implica que ese dinero – que es aporte de todos los españoles– también iría a parar a la banca. Y esto ocurre cuando todavía las arcas públicas no han recuperado 52.000 millones inyectados a los bancos cuando la crisis del 2012, con el gobierno de Mariano Rajoy. Su ministro De Guindos afirmaba entonces que «no tendría costes para los contibuyentes españoles».

Todo apunta a que ese dinero nunca volverá. Me permito recordar una viñeta de El Roto, donde aparecían varios jugadores en torno a una ruleta y el texto decía... «en aquel casino las pérdidas de los jugadores las asumía el Estado y las apuestas eran cada vez más altas».

El sistema bancario español, aumenta sus beneficios con medidas que claramente perjudican a sus clientes. En concreto, entre 2016 y 2021 los bancos cerraron un tercio de sus oficinas, una de cada tres. El mediterráneo y las provincias al noroeste de la península han sido las zonas geográficas más afectadas. En ese sentido, Catalunya ha resultado una de las más castigadas ya que el cierre de oficinas ha estado por encima del 40%.

Esas medidas le han permitido a la banca española convertirse en una de las más eficientes según datos de la Autoridad Bancaria Europea. Claro que en este caso, eficiencia implica el aumento de beneficios a pesar de reducir los costes. Lo que no se apunta es que esa «eficiencia» deriva en claros perjuicios para los usuarios: para ellos más costes, menos rentabilidad de sus ahorros, y hasta dificultades para operar con su banco por el cierre de sucursales y cajeros. Resultado: durante los tres primeros trimestres del año pasado, la banca ganó 14.686 millones, un 29% más que en los mismos meses de 2021.

Los efectos de los cierres de oficinas, más la presión para que se utilicen medios digitales, ha provocado un impacto en las generaciones de mayores, que dieron lugar a recordados episodios como el de hace un año protagonizó el valenciano Carlos San Juan, cuando dejó aquella frase de ‘soy viejo pero no idiota’, reclamando que se mantuviera la atención presencial.

Lo cierto es que no solo a los mayores se les presentan dificultades para algo tan simple como retirar dinero en efectivo o efectuar una consulta personal en su banco. Y no solamente en lo que llaman la España vaciada. En la práctica, en muchos casos tampoco se ha cumplido el compromiso de que ‘se garantizará la adaptabilidad, accesibilidad y sencillez de los canales’ con referencia a la via digital.

Otro aspecto a resaltar del funcionamiento de la banca y los perjuicios para los clientes afecta fundamentalmente a los jubilados. Es el de los depósitos que suelen tener en los bancos donde cobran su pensión. En su mayoría están sin retribución, y por lo tanto pierden valor adquisitivo por la inflación. Se estima que la media de esos depósitos oscila entre 50 y 150.000 mil euros.

Durante el año pasado, la inflación fue del 5,7%. Por lo tanto, un depósito de cien mil euros ha perdido 5.700 de capacidad adquisitiva. En España hay más de nueve millones de jubilados que reciben su pensión y guardan sus ahorros en entidades bancarias. Eso implica un dineral que pierden los pensionistas, pero que pueden disponer los bancos para sus operaciones.

La impunidad de los bancos para estos progresivos pasos que claramente perjudican y repercuten en los clientes llevó al gobierno a tomar una medida económica: aplicar una tasa del 4,8% sobre el conjunto de los ingresos de la actividad bancaria en España. Es decir, grava los intereses y las comisiones que ingresan en los bancos.

También afecta a las grandes empresas energéticas, que han tenido unas ganancias extraordinarias. En el parlamento, se aprobó con el voto en contra de los partidos de derecha, PP y VOX. Impuestos similares ya se decidieron y se aplican en el Reino Unido, Grecia, e Italia. Incluso en Hungría, con un gobierno ultraconservador. En España, el tema se discute con las entidades desde julio del año pasado, pero todavía no se hizo efectivo.

Mientras tanto, a este panorama, se suman otros datos digamos ‘provocativos’ para las mayorías sociales: La gran banca española –Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja– obtuvo un beneficio conjunto récord de 20.850 millones en 2022, lo que supone un 28% más que el resultado de 2021. Por su parte, la Autoridad Bancaria Europea informó que 221 banqueros de entidades españolas ganaron en ese mismo ejercicio más de un millón de euros, con una media de 2,16 millones. Y un directivo del Banco Santander sería el que ha cobrado más en Europa durante el mismo periodo. Su retribución alcanzó los 14,6 millones de euros.

Es difícil sintetizar este aluvión de datos, cifras e intenciones. Pero se puede resumir en que tanto el sistema bancario y las empresas energéticas (de las que ya comentaremos en otra columna) están teniendo unas ganancias extraordinarias, mientras la mayoría de los ciudadanos afrontan un coste de vida disparado en todos los rubros. Esta desigualdad galopante sigue castigando a las mayorías sociales. Y los gravámenes aprobados en el Congreso para estas ganancias todavía no se han aplicado.

Finalmente, me pregunto, y quizás también muchos de ustedes: ¿quién regula o controla el funcionamiento de las entidades bancarias? Fundamentalmente, el Banco de España, que es la entidad supervisora e incluso tiene recursos sancionadores. Las conclusiones corresponden a cada lector de esta columna, que cierro con una frase del empresario norteamericano Henry Ford: «Es bueno que la gente no conozca el sistema bancario y monetario, si no, habría una revolución mañana por la mañana».

«El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza».

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