Los ‘boomers’ o ‘jubiletas’

Conxa Manrique es abogada especialista en Derecho Administrativo. Miembro de la Sociedad de Estudios Económicos. Patrona de la Fundació Trencadís Modernismo y Cultura.

Los llaman ‘Baby Boomer’, pero los amigos del barrio los conocen como ‘jubiletas’. Hablamos de una generación de jubilados con tan buena salud y con tanta actividad como los jóvenes, a los que doblan la edad, pero con mayor nivel adquisitivo, con muchas ganas de vivir y con mucho tiempo para ello. Son más de siete millones. Nacieron entre 1957 y 1977 y pertenecen a la generación de la ‘eclosión natal’. Y son noticia porque han llegado o están a punto de llegar a la jubilación. Con ellos se acaba el estereotipo de barón jubilado, apoyado en una valla mirando una obra pública o jugando a la petanca en el parque. Estamos ante un fenómeno social muy interesante, con repercusiones económica importantes.

Es una generación acostumbrada a grandes cambios históricos en su vida. Una generación que nació en una España en blanco y negro y ha pasado a otra en color. Tuvo que adoptar una identidad europea. Empezó a contar en pesetas y después se acostumbró al euro. Es la generación en que se ha incorporado la mujer al mundo laboral. Que ha vivido grandes cambios políticos y se ha tenido que mantener cognitivamente muy activa. Nació analógica y se adaptó a la digitalización. La mayoría empezó a trabajar con una máquina de escribir y ahora manejan perfectamente todas las herramientas de ‘Office’. Si les preguntamos, todo coinciden que la vida de jubilado es estupenda y la principal ventaja es que se gana tiempo, cosa más valiosa que el dinero.

La mayoría de mis amigos jubilados disfrutan de una vida intensa, llena de actividades: idiomas, senderismo, escribir, fotografía, voluntariado, viajar con Inserso, etc.

Hoy las personas llegan a la jubilación con más salud que la generación anterior, que no tuvo o no podía tener los mismos hábitos de cuidado personal, alimentación, de ocio, etc. Hoy, a diferencia de antes, hay que desvincular jubilación de vejez. Pues entre ambas etapas suele haber 15 ó 20 años, tiempo en que la persona puede gozar de buena salud física y cognitiva, que le permite hacer todas esas cosas.

La jubilación supone un esfuerzo de voluntad para no permanecer en casa viendo la televisión. Oportunidad de gestionar el tiempo y obligarse a superar el aislamiento. En definitiva, es una forma de vida, algo diferente a la vivida anteriormente, que a veces genera temor.

Existe la otra cara de la moneda: aquellos que llegan a la jubilación después de sufrir varias crisis económicas. Perder el trabajo a los 45 ó 50 años es una penalidad que tiene consecuencias psicológicas y económicas en la jubilación. A todos nos gustaría jubilarnos laureando nuestro recorrido profesional. Pero hay personas que por circunstancias diversas no han podido culminar su carrera laboral. Durante algún tiempo la cotización del último tramo de la vida laboral determinaba el importe de la pensión. Sin embargo, en los últimos años importantes colectivos de trabajadores han vivido su final laboral en condiciones muy precarias, en desempleo (ERE o ERTE), necesitados de ayuda económica de subsistencia, etc. Ahí están las familias que subsisten gracias a la pensión de padres o abuelos. Estando así las cosas, afrontar la jubilación no es motivo de júbilo.

La jubilación es un cambio de ciclo en la vida de las personas que comporta pasar un duelo por la pérdida del estatus profesional, parte de los ingresos, etc. Requiere una adaptación que no es nada fácil.

La sociedad también tiene que adaptarse, pensando en cómo y dónde van a vivir esas personas jubiladas. El retiro trae nuevas maneras, como las ‘viviendas compartidas’ (coach housing), que nada tienen que ver con formas pasadas. Las cooperativas o centros residenciales permiten elegir dónde y con quién deseas vivir; con libertad; identificándote con el grupo y colaborando en la gestión del centro.

Con frecuencia al jubilado se le condena al aislamiento, apartándolo del sistema porque no es productivo. ¡Al contrario!, cuando las personas se retiran están en su mejor momento y deberíamos hacer como en las culturas orientales, respetar a los mayores y considerarlos sabios, por la experiencia de haber vivido.

Las empresas también tienen que colaborar y cuidar de sus trabajadores próximos a la jubilación, ofreciéndoles programas de acompañamiento para la desvinculación profesional durante los últimos años de la etapa productiva y facilitar ese tránsito. Y mediante jubilaciones parciales.

Existe un sector notable de jubilados que, desde el punto de vista económico, son una potencia, una tentación para las marcas y el negocio, ya que suelen tener buenas pensiones y un patrimonio consolidado. Generalmente han tenido unas carreras laborales largas, mejor pagadas que las de sus predecesores y seguramente mejor que las de sus hijos.

Los primeros ‘Boomers’, nacidos en 1957, acaban de cumplir 65 años y están deseosos de recibir sus pensiones y disfrutarlas. Todos nos preguntamos si el sistema podrá soportarlo. Los datos indican que la Seguridad Social seguirá pagando pensiones pues es un pilar del Estado Social. La situación que ahora genera un déficit, lo cubre anualmente el Estado mediante transferencias; mañana puede convertirse en una insuficiencia financiera grave. No parece que la solución sea liberar las bases de cotización, pues ello también comportaría liberar el importe de la pensión máxima. Es peor el remedio que la enfermedad.

Se percibe que la apuesta del gobierno es alargar la vida laboral, en el periodo obligatorio, y mediante incentivos, después. De esta manera se matan dos pájaros de un tiro: el periodo postjubilación es más corto (aunque la esperanza de vida sea más larga) y el periodo cotizado se alarga.

Para el año 2023 está prevista la subida de todas las pensiones según el IPC. La canción suena bien, pero el Gobierno no explica las notas de la música: la inflación y no deflactar la tarifa del IRPF provocan que un ligero aumento de la pensión pueda llevar a una escala superior del IRPF, siendo realmente el Estado quien finalmente recaude lo abonado por el aumento del IPC. Las perjudicadas serán, otra vez, las clases medias. Pues el sistema tributario rebaja la escala del IRPF para los contribuyentes con rentas más bajas (clases desfavorecidas).

La palabra jubilación proviene del latín ‘iubilare’, que significa gritar de alegría. Pues enhorabuena y alegría a mis amigos jubilados.

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