«No contemplamos que tenga que venir energía de fuera»

Entrevista. La consellera de Acció Climàtica, Teresa Jordà, admite el exceso de burocracia en las renovables, critica a la clase política por «una década perdida» pero cree que Catalunya está a tiempo de cumplir los objetivos

¿Hay demasiada burocracia en la tramitación de renovables?

Tenemos que flexibilizarla. No podemos pedir a la ciudadanía según qué cosas más de tres veces. Hemos flexibilizado los trámites para acceder a proyectos de renovables de menos de 5 MW. Somos capaces de que la autorización tenga luz verde en cuatro meses. Eso tenemos que hacerlo con todo. Si no, iremos muy lentos y complicaremos el camino para lograr los objetivos de la transición.

¿Ha bajado la oposición de los territorios a proyectos?

Cuando aterricé el territorio estaba incendiado porque había una burbuja especulativa, muchos proyectos, a veces triplicados o cuatriplicados, superpuestos. Modificamos el decreto ley para que eso no se produjera. Hemos pinchado la burbuja. Ahora estamos haciendo una buena planificación, que tampoco encontramos al llegar. Facilitamos el autoconsumo, las comunidades energéticas y los proyectos más reducidos a la espera de una planificación para esos grandes proyectos que son los que generan una mayor oposición.

Estamos en un 15% de producción de renovables. ¿Es factible llegar al 50% en 2030?

Es la idea. Pensamos que sí seremos capaces, sabemos cómo hacer el camino. Podemos generar un 1 GW por año y eso nos acerca casi a 2030 a cumplir esos objetivos y para 2050 también.

Ha hablado de una década perdida. ¿De quién es la culpa?

Hay muchas responsabilidades y compartidas. La administración no se lo creyó. Tampoco había esta situación. No es solo tener energía limpia por emergencia climática. Ahora hay dos factores más: la seguridad de suministro y los precios. Soy crítica con los gobiernos. El problema de la clase política es mirar a corto plazo, a las elecciones. Ojalá hubiésemos empezado la transición hace diez años. No teníamos ni modelo definido. Catalunya es un país industrial y turístico, no es Aragón ni tenemos comarcas que sean Los Monegros.

¿Los parques de hasta 5 MW dan para una transición rápida?

No tenemos suficiente con ellos, ni con el autoconsumo, ni con las comunidades energéticas, ni con placas en todos los tejados del país, que también. Si hiciésemos todo eso, sería un tanto por ciento muy considerable. Pero como somos un país muy industrializado y turístico y queremos seguir siendo competitivos, necesitaremos parques más grandes y eso sí que hay que planificarlo bien.

Ese límite de 5 MW deja fuera un tanto por ciento de la cartera que sería tramitable.

Hemos agilizado los proyectos más pequeños, preferenciales para nosotros, los que hacen que la ciudadanía los sienta suyos, pero eso no quiere decir que el resto de proyectos no se estén tramitando, pero los procesos son diferentes y más complicados.

¿El sur de Catalunya ha cumplido con las renovables?

Absolutamente. Muchos han cumplido y otros no. No se trata de señalar, pero por descontado que el sur ha hecho los deberes. A otros, aunque quieran, les costará más, por cuestión de espacio, orografía... Pero no puede haber una cuestión subjetiva de que el territorio no lo quiere. Todos tenemos que contribuir. No hay que verlo como un deber sino como una oportunidad. Falta pedagogía.

Hay inquietud en la química, de no llegar a tiempo, con la Vall de l’Hidrogen incluida.

El Govern está al 100% con la Vall de l’Hidrogen. La cadena de transformación que se necesita es mucho más larga y menos eficiente que el uso directo de la electricidad renovable. Solo será posible si lo hacemos todo en un mismo espacio. Tenemos todos los actores, la URV, también, para hacerlo posible, con un clúster que dé salida a esa economía de escala. Requiere de muchas renovables y de ahí viene un poco la inquietud: hacerlo rápido y todo a la vez. Pero lo haremos.

Parte del sector asume que hay energía que vendrá de fuera.

Nosotros la queremos producir aquí. Cuando nos viene de fuera lo hace con líneas de muy alta tensión y no es lo que queremos. Hemos hecho alegaciones para evitarlas. No es el modelo.

¿En qué punto se encuentran las de la MAT Valmuel-Begues, desde Aragón a Catalunya?

La pelota la tiene el Ministerio. Presentamos las alegaciones con varios criterios, desde tres direcciones generales: energía, agenda rural y políticas ambientales.

¿Qué pasará si se desestiman?

Son alegaciones extremadamente justificadas, no será fácil desestimarlas. Confiamos en que pase por negociaciones. Son por temas de impacto ambiental y diversidad, de ocupación de territorio en espacios de interés agronómico.

¿Volverá a la carga la Generalitat si no prosperan y el proyecto sale adelante?

Sí, porque no es nuestro modelo. Todo lo que podamos hacer nosotros lo haremos, que es todo. No se contempla que venga energía de fuera. Para eso hay que hacer los deberes y muchas cosas bien. Y si tiene que venir algo de fuera, pondremos nosotros las condiciones: de qué forma, desde dónde.

El debate de la nuclear se ha reabierto en algunos países.

En el Parlament está cerrado. Hacemos números teniendo en cuenta que en los distintos periodos cerrarán las tres nucleares, por más que alguien diga que pueda ser considerada una energía verde.

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