Tarragona en guerra: 1813, ¿un sacrificio inútil? (y II)

Si quieren saber más sobre el tema y disfrutar con la lectura sobre uno de los episodios más azarosos de nuestra historia reciente, no duden en leer esta magnífica obra de Adam Gerard Quigley, un autor muy «british» enraizado en Tarragona 

| Actualizado a 08 abril 2022 05:25
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El libro sobre la Guerra de Independencia en Tarragona: Tarragona 1813. El arduo camino hacia la liberación de Adam Gerard Quigley presentado ayer es una aportación valiosa sobre un aspecto muy poco conocido: la participación de la escuadra británica en los intentos (fracasados) de liberar Tarragona en 1813. Sigamos con algunos de los hechos más destacados señalados en el libro.

En cuanto a la tropa, estaba formada por miles de hombres, al mando de unos oficiales que no dudaban en aplicar férreos castigos para mantener la disciplina. Sus códigos de conducta se expresan claramente en la documentación analizada (partes, cartas, cuadernos de bitácora, etc.), cuyos principios eran el honor, el heroísmo, el valor y el sufrimiento. En general, los diversos ejércitos y sus unidades estaban aceptablemente coordinados, y sus oficiales colaboraban en el cumplimiento de las órdenes recibidas. Los pocos ratos de tranquilidad que tenían se dedican al descanso y la bebida, poco recomendable cuando el enemigo acechaba.

Hablemos del espionaje. Los desertores están mal considerados, pero en este tema tienen un papel destacado. Tras la captura de éstos, se les interroga insistentemente para obtener toda la información posible sobre el número de soldados, armas, ubicación, etc. de su antiguo ejército. Estas informaciones son evaluadas con cierta prevención, por si hubiera algún engaño planificado de antemano. En este sentido, se contrastaban los datos con los de otros informantes. También son buenos informantes los campesinos que van de un lado para otro, y que cuentan lo que han visto y, sobre todo, dónde lo han visto: interesa en especial los movimientos de tropas y su armamento. Son informaciones bastante más fiables que la que proporcionan los desertores, aunque a veces pueden inducir a errores: los cálculos son aproximados, y no es lo mismo hablar de mil que de tres mil soldados… A veces se exageran involuntariamente, y las decisiones que se adoptan acaban siendo un grave error.

Tarragona fue una pieza sacrificada en la estrategia global de la guerra contra Francia. La captura y liberación de la ciudad por las tropas británicas en la Guerra de Independencia estuvo al alcance de la mano

¿Cuál fue el resultado final de la batalla? Tarragona fue una pieza sacrificada en la estrategia global de la guerra contra Francia. La captura y liberación de la ciudad por las tropas británicas estuvo al alcance de la mano: la flota formada por 180 naves concentrada frente a la costa, las tropas desembarcadas junto con la artillería y los animales, las baterías colocadas en su sitio empezando a disparar desde la desembocadura del río Francolí, justo en el mismo lugar por donde Suchet inició la ofensiva de conquista en junio de 1811… todo estaba a punto frente a un enemigo francés sitiado y falto de recursos y fuerzas. Pero en el momento decisivo, el general al mando Sir John Murray dudó y vaciló: las últimas comunicaciones recibidas de desertores y campesinos señalaban que el mariscal Suchet, al frente de un gran ejército, se dirigía rápidamente desde Tortosa para socorrer a la guarnición francesa de Tarragona, donde se encontraría con otro ejército francés que estaba saliendo de Barcelona para unirse a la campaña. Murray pensó que no podría resistir el embate, y antes que sufrir una derrota (que Wellington no le habría perdonado), prefirió dar contraórdenes para embarcar toda la tropa (17.000 soldados), y caballos, mulas, municiones, pólvora, pertrechos, agua, comida y toda la artillería que fuera posible. Lamentablemente, las informaciones de Murray eran erróneas: después se supo que los franceses podrían haber resistido un asedio como máximo de tres días antes de rendirse…

El caos generado por las prisas de la nueva orden de retirada fue total, y le costó un consejo de guerra a Murray. Muchos oficiales no entendieron los motivos, y la tropa agachó la cabeza en el embarque con deshonor: el sargento Landsheit, de los Húsares Extranjeros, escribió que «Nos fuimos de allí como un perro que acaba de perder una pelea… nuestros compañeros nos recibieron en Alicante con burlas y escarnio bien merecido». Pero para Tarragona el precio a pagar fue muy alto: Los mandos británicos sabían por sus informantes desde el 23 de julio de 1813 que Tarragona iba a ser volada por los aires (blow up), pero nadie lo impidió: la suerte estaba echada. Las tropas francesas de Suchet no se detuvieron en Tarragona, pues efectivamente ya se había decidido su destrucción y abandono por las voladuras realizadas la noche del 18 de agosto de 1813. Siguieron hasta Vilafranca del Penedès y el Ordal, donde derrotaron a las tropas hispano-británicas. Fue la última victoria de Suchet en esta guerra. El sacrificio de Tarragona, a la vista de los documentos consultados por Quigley, seguramente fue inútil pues el ataque británico de junio de 1813 estaba bien planificado y se estaba ejecutando sin demasiados obstáculos, y de haber continuado podía haber conseguido la victoria y salvar la ciudad. Pero la indecisión del general Murray provocada por falta de información contrastada dejó a Tarragona y sus pocos habitantes a merced de la barbarie. Triste destino el de Tarragona.

En resumen, si quieren saber más sobre el tema y disfrutar con la lectura sobre uno de los episodios más azarosos de nuestra historia reciente, no duden en leer esta magnífica obra de Adam Gerard Quigley, un autor muy «british» enraizado en Tarragona que nos descubre, una vez más, páginas de heroísmo mezcladas con sufrimiento: es la condición humana, como diría Hannah Arendt.

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