El Espai Llotja de Reus acoge una cata de avellanas

La actividad sirvió para poner en valor este fruto seco vinculado al Camp de Tarragona

| Actualizado a 02 diciembre 2021 10:39
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Parecía que las catas eran prácticamente exclusivas de los vinos. Si más no, son las que se han popularizado más. Pero al final, catar es probar, examinar un producto, y este producto puede ser la avellana. Algo tan propio del Camp de Tarragona, y más concretamente de Reus y el Baix Camp, y a la vez, tan desconocido. ¿A qué huele una avellana? ¿Con qué atributos tenemos que fijarnos? ¿Qué diferencia, por ejemplo, una avellana Negreta de una Tonda? Preguntas a las que ayer se dieron respuesta en la segunda edición del Tast d’Avellanes de la DOP Reus, que se hizo en el Espai Llotja, en el marco de los actos conmemorativos del 135 aniversario de la Cambra de Comerç de Reus.

El director de la Oficina Tècnica de l’Avellana, Jaume Salvat, y la presidenta de la DOP Avellana de Reus, Ester Gomis, condujeron la cata, dando indicaciones de cómo captar todos los atributos de una avellana. Para todo ello era imprescindible usar los cinco sentidos, empezando por la vista, lo que daba información sobre su forma, si era cruda o tostada, su tamaño, si estaban peladas o no...

El siguiente paso era usar el oído, partiendo una avellana con los premolares para saber cómo era de crujiente. «Que cruja es una buena condición y dependerá del grado de tostado, de la variedad y otros factores», comentaba Jaume Salvat. No obstante, aclaraba que no por más tostada tiene que crujir más. Y es que una avellana cruda, en general, es en realidad más crujiente «porque cuando se tuestan, se rompen las fibras».

En este punto de la cata, todavía no se podía comer el producto. Faltaba aún determinar su olor, y para ello, se tenía que poner la avellana partida en una mano y mantenerla cerrada durante unos segundos. El motivo: «La avellana es un 63% de aceite, por lo que si la calentamos un poco con las manos, se potenciarán sus olores», explicó Ester Gomis. Transcurrido el tiempo, se abría la mano y se liberaban aromas.

Si era una avellana tostada, con toques de humo, caramelo, incluso de mantequilla; si era cruda, olores más suaves y cercanos a los vegetales. A través del olfato también se detectan las avellanas rancias, lo que podría indicar que no son de la temporada. Finalmente, se podía comer la avellana en cuestión, notando todos sus sabores. Algunas ganaban en intensidad, otras, que habían generado expectativas, se quedaban a medio camino. «A diferencia del vino o el aceite, las avellanas son poco homogéneas, por lo que es muy interesante hacer catas colectivas», comentaba el director de la Oficina Tècnica de l’Avellana.

En esta ocasión se optó por catar cinco tipo de avellanas: una Tonda (variedad italiana); una de Turquía; y tres de Negretes (la variedad más típica de la zona de Reus) pero con diferencias. Una de ellas era cruda, y las otras dos, tostadas. Catar estas cinco avellanas sirvió para buscar diferencias, cómo cambian los atributos en función de, por ejemplo, cómo han sido tostadas. La Tonda, por ejemplo, estaba bastante tostada, para Ester Gomis, incluso un poco demasiado, con lo que no se perciben tanto los atributos propios «porque quedan escondidos debajo del tostado, lo que puede enmascarar pequeños defectos», explicó Salvat.

También se pudo diferenciar cómo era una Negreta cruda de una de tostada. Esta variedad es más alargada que la Tonda, con una piel muy fina y, al ser cruda, cruje bastante. También es distinta a la hora de masticar. «Mientras que una avellana tostada va haciéndose pasta, una de cruda se va haciendo a trocitos», comentaban. También se incluyeron avellanas turcas, que estaban algo rancias. «Hay de muy buenas, pero con los envasados y el transporte, se pierde calidad», apuntaban.

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