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    Los centros regionales de Reus buscan relevo generacional «para no desaparecer»

    Algunas agrupaciones culturales perdieron socios por la Covid y, aunque hay ejemplos de éxito, «cuesta remontar»

    12 febrero 2023 21:11 | Actualizado a 13 febrero 2023 07:00
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    Hay centros regionales en la ciudad que buscan relevo generacional «para no desaparecer» y la pandemia ha mermado su volumen de socios. El estado de ánimo es de «preocupación». Según el directorio de la web municipal de entidades, hay cinco centros regionales y, de hecho, el asociacionismo en la ciudad siempre ha sido un activo importante, aunque la situación actual de precariedad «ha traído incertidumbre para muchas entidades con trayectoria».

    La presidenta del Centro Cultural de Andalucía de Reus, Maribel López, se muestra positiva con la situación en la entidad, que tiene «un total de 90 familias asociadas». «Estamos al pie del cañón desde 1989 y llevo al frente de la presidencia, quizá, desde antes de 2011, son muchos años implicados en difundir la cultura de Andalucía», resume López.

    Una de las metas que están consiguiendo llevar a buen puerto es la de «atraer a gente joven al centro cultural», algo que está costando a numerosas entidades de la misma naturaleza afincadas en la capital del Baix Camp, con lo que este es un ejemplo de éxito. «La pandemia ha hecho estragos con todos los centros regionales, nosotros estamos remontando como podemos, aunque cuesta», reconoce la presidenta.

    En la actualidad, mantienen grupos de baile, actividades como las clases de guitarra y le dan mucha importancia al canto, «con nuestro coro rociero», tercia López. Tienen trato, además, con las casas regionales. Lo más importante «es llamar la atención de la gente joven y colocarla en la junta directiva, para preservar el futuro de la agrupación».

    La presidenta subraya, por otro lado, que es importante mantenerse activo y hacer que todo el mundo se implique. «Nosotros estamos presentes en las redes sociales, creemos que hay que enseñar todo lo que hacemos», remarca. Ahora están preparando el Carnaval, el centro saldrá en carroza a la calle e «intentamos que socios y no socios participen».

    Por otro lado, desde el Centro Cultural Castellano Manchego, su presidente, Jesús Roldán, declara que los orígenes de la entidad se remontan al 1981 y asegura que «seguimos en marcha y luchando», pero la verdad es que «la juventud no se anima a coger el relevo». La entidad busca gente que pueda estar al frente el día de mañana y es algo «que no está asegurado, porque además la situación económica no acompaña, con las ayudas de la administración local o la Diputación no nos llega».

    La entidad no tiene local propio, «únicamente un espacio compartido en el Centre Cívic Ponent, para hacer reuniones de la junta y para guardar documentos, eso limita un poco si quieres hacer alguna actividad de forma autónoma». Su actividad ahora, asegura, «es la de contable».

    Cuando ‘todo’ cambió

    Hay actividades que, a día de hoy, sí que mantienen: aquellas organizadas en días señalados, como en Carnaval y Reyes y la lectura que hacen del Quijote. Ahora, comenta Roldán, están «enfrascados en la preparación del Carnaval, que es lo que llama más la atención de los jóvenes».

    La falta de relevo generacional, a ojos del presidente del Centro Cultural Castellano Manchego, empezó a hacerse evidente unos ocho años atrás: «Cuando los hijos de las familias asociadas se fueron haciendo mayores y fueron tomando rumbos distintos, yendo a su aire, algo completamente normal, pero que cuesta cambiar».

    Los orígenes de la agrupación manchega son fruto de «la llegada de personas que vinimos de Castilla y la Macha para trabajar en las petroquímicas, buscábamos un punto de reunión y de encuentro y acabamos creando el centro cultural, donde te reunías con gente en tu misma situación y trababas una amistad».

    Las crisis anteriores a la actual y la llegada de la Covid-19, «solo ha hecho que sumar más presión a las agrupaciones culturales, si antaño ya hubo situaciones que nos afectaron, ahora hay que sumarle la recepción de menos subvenciones en general». Los gastos de los locales «también se convirtieron en algo inasumible».

    En la actualidad, el Centro Cultural Castellano Manchego tiene hasta «200 personas como socias, pero a la hora de arrimar el hombro, es complicado contar con gente, porque hay un porcentaje alto de gente mayor ya».

    El presidente del Centro Cultural Extremeño, Francisco García, también se muestra «preocupado», hace saber que llevan en activo 35 años y «activos dos años antes hasta que no tuvimos sede fija». En su caso, el virus de la Covid-19 propició la pérdida de una gran masa de socios. «Perdimos 60, hubo bajas, claro, y ahora quedamos alrededor de 80 socios», dice el representante.

    La situación ahora mismo «es mala, el Ayuntamiento ayuda, pero el problema es que las personas han ido envejeciendo, y en cuatro años, la pandemia nos ha pasado factura, necesitamos relevo para no desaparecer y preservar nuestra historia». Apoyarse entre entidades es algo «indispensable», con lo que son miembros de la Federación de Asociaciones Extremeñas de Catalunya y de otras entidades. Saben, por otro lado, que «hay problemas en todos sitios, pero creemos que podrían apoyarnos más desde la Junta de Extremadura». Sobre las actividades semanales que organizan, García hace saber que éstas se van turnando: «Muchas veces falta gente para organizar, pero hacemos baile, gimnasia y country, también apoyamos a un grupo de música que va cantando por residencias».

    En otra tipología de entidades culturales, está el Centro Latinoaméricano, que también pasa por una época compleja. El presidente del Centro Latinoamericano, el periodista Carlos Iaquinandi, cuenta que la entidad a la que representa –que cumplió 35 años en 2022–, sortea las complicaciones del contexto socioeconómico actual. «Nosotros seguimos vivos, pero sin reemplazo. No hay jóvenes que quieran seguir lo que nosotros empezamos», reconoce. Antes, «hacíamos por difundir la cultura de Latinoamérica, organizábamos actividades y veo que la forma de relacionarse que conocí al llegar aquí, en el 1979, se ha acabado». Iaquinandi pone de relieve que «un buen relevo generacional debería tener una buena transición entre quien entra y quien sale».

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